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Antonio Mairena: apuntes y reflexiones acerca de su vida y su obra (4)

Su obra discográfica

25/12/2023.

Escrito por Paco Vargas
https://aticoizquierdaflamenco.blogspot.com/




La discografía de Antonio Mairena tiene dos épocas bien diferenciadas: la que tiene fecha anterior a 1962 y la que produjo tras ganar la III Llave de Oro del Cante. En total grabó treinta y nueve discos, entre los años 1941 y 1983, en distinto formato: 78, 45 y 33 r.p.m. (cinco de ellos en discos de amianto). Y tras su muerte han aparecido –hasta ahora- otras ocho grabaciones de actuaciones en directo o recopilatorios de discos ya grabados considerados como incunables. Además de la selección antológica editada en 1993.

Los guitarristas que aparecen en sus discos antes o después de su muerte fueron: Esteban Sanlúcar, Habichuela de Tánger, Paco Aguilera, Manuel Morao, Niño Ricardo, Melchor de Marchena, Paco de Lucía, José Cala “El Poeta”, Juan Habichuela, Ricardo Miño, Juan Antonio Muñoz Pacheco, Enrique de Melchor y Pedro Peña.

Si bien es cierto que siempre se preocupó por dejar plasmado en disco su concepto del cante, la verdad es que por unas razones o por otras su obra discográfica es verdaderamente controlada por él cuando es un artista plenamente reconocido y valorado como tal. Es decir, a partir de su triunfo en Córdoba en 1962. Aunque antes encontremos excepciones como el disco grabado en Londres o la primera antología que graba en la casa Columbia.

Su discografía es una obra muy pensada y perfectamente diseñada para conseguir su principal objetivo: que sirviera de testamento y de guía para generaciones venideras. O lo que es lo mismo, para perpetuar una escuela, el mairenismo, que quizá él intuía muy debilitado una vez que despareciera su presencia física y por lo tanto la autoridad ética y estética que representaba y a la que casi todos rendían pleitesía.

Para demostrar lo dicho basta con analizar su obra discográfica. Y podremos comprobar la gran diferencia que existe entre el número de cantes grabados de los que él denominaba “básicos” (42 tonás, 109 por seguiriyas, 142 cantes por soleá y 94 tangos) y el resto de cantes de los llamados por él “flamencos” (malagueñas, granaínas y cantes mineros) de los que registra no más de siete cantes. No ocurre igual con las bulerías, de las que llegó a grabar 37, o los tientos, que los graba en 7 ocasiones; sin embargo, apenas encontramos interpretaciones del polo o la caña, que los grabó en 5 ocasiones.

Los romances y corridos los grabó en 7 ocasiones y la giliana en 2, mientras que cantes como el garrotín o la farruca no fueron de su preferencia pues sólo los registró en disco una sola vez. El villancico –por bulerías- o la saeta –de la que era un consumado intérprete- los dejó impresos en distintos discos media docena de veces. Los cantes de Cádiz, sin embargo, se encuentran en más de una ocasión (15) a lo largo de toda su obra.

Fandangos artísticos, tan de moda en 1941, año de su primera grabación, de los que era un declarado enemigo, llegó a registrar 10 temas siempre por imposición de la casa discográfica, según confesó en más de una ocasión. Excepto en sus primeras grabaciones, que sepamos, nunca más volvió a cantar fandangos al menos públicamente. Tal era su aversión a los denominados fandanguillos y a los fandanguilleros que habían dominado el cante flamenco durante más de treinta años. Los llamados “cantes de ida y vuelta” (guajira, vidalita, milonga, colombiana y rumba) así como los erróneamente denominados “aflamencados” (bambera o petenera) no aparecen en su repertorio.

La razón principal de esa tendencia artística es la ya expuesta, pero no podemos olvidar otra de parecida importancia: las condiciones de voz de Antonio Mairena, que evidentemente no eran las más apropiadas para la interpretación de aquellos estilos que requerían –y requieren- una voz modulada, musical y dulce; características que su voz nunca tuvo. Amén de su desconocimiento de los estilos genéricamente adscritos a Levante, más que nada por falta de interés, como evidencia a lo largo de su obra, con la excepción tal vez de la denominada por él como “malagueña de Manuel Torre” a la que dio empaque flamenco arrimando el ascua a la sardina de El Mellizo y despojándola de sus características de granaína, cante con el que está claramente emparentada.

Otra de las características de su obra discográfica es que recoge aquellos descubrimientos de estilos de cante que estaban ocultos u olvidados: así ocurre con los romances, que los graba en su disco “Cantes de Antonio Mairena”. La toná-liviana la aprende de Juan Talega y la graba en sus "Cien años de cante gitano". La giliana –una modalidad de romance- la rescata y la deja impresa en su obra "La fragua de los Mairena".

Lo mismo hace con las seguiriyas de Frijones, que aparece en "Antonio Mairena y el cante de Jerez". También ocurre en su último disco “El calor de mis recuerdos”, en el que incluye la “toná de los pajaritos”, que es pura recreación.

En cuanto a los polémicos “cantes de Charamusco”, sin ánimo de seguir echando leña al fuego, he de decir que no son sino soleares apolás de corte trianero, grabadas -algunos de sus estilos- veinte años atrás por Pepe Marchena en su antología de la casa Belter, que los había aprendido de Tío Parrilla de Jerez, amigo personal y patriarca flamenco de Jerez durante muchos años. Marchena iba de tanto en tanto a visitarlo y a escuchar cante.

Era generoso y los artistas jerezanos le cantaban al gachó sin esconderle nada, porque sabían que no les iba a robar el secreto, toda vez que después los hacía a su forma, aunque sin perder el hilo original pues no debemos de olvidar que Marchena era un excelente catador del buen cante y sabía reconocer las formas clásicas tanto como adaptarlas a su particular concepto de las mismas.

Manuel Soto “Sordera de Jerez” me confesó que el tal Charamusco (Nombre artístico de José Loreto Romero. Jerez de la Frontera, 1.903-1.970, cuya trayectoria artística se limita a las reuniones familiares en su ciudad) era un aficionado sin nombre ni huella en Jerez que no cantó así en su vida y que se trataba de una recreación de Antonio Mairena.

Lo que escuchara Mairena en Jerez empieza a recrearlo en la casa de Juan Antonio Muñoz Pacheco, guitarrista aficionado y amigo personal, a donde iba cada vez que subía a Madrid por motivos médicos. Y allí lo escucha Enrique Morente, que lo graba en 1973, aunque ciertamente con un aire distinto a como definitivamente lo deja Mairena en su último disco grabado en 1983.

Y así creemos que ocurrió con la mayoría de los cantes a los que puso nombre y apellidos definitivamente, debido a su gran sentido musical que él resumía así: "Esto es un hilito que cogí yo escuchando a fulano, y a partir de él descubrí el ovillo".

Su desmedida afición y su rigurosa metodología le hacía pasar gran parte de su tiempo estudiando, analizando y ordenando cantes y estilos que había escuchado de los demás. No podemos olvidar, además, que vivió los mejores años del flamenco del siglo XX, verdadero Siglo de Oro del Arte Flamenco.

Todo esto estaba motivado por el respeto tan profundo que tenía del flamenco. El cante tenía para él un carácter ritual, era algo que se apoderaba de él y lo transformaba, como un legado del que sólo eran depositarios muy pocos, y de ahí su concepción metafísica del cante. Antonio vivía del cante y para el cante. Su profundo convencimiento de la trascendencia del arte flamenco, algo que muy pocos han comprendido, le obligó a dejar una obra incomparable y única, en la que el cante flamenco se eleva hasta un plano más profundo y más rico, que entonces como ahora está al alcance de muy pocos.

Estas razones, y otras que pudiéramos argüir, constituyen los mejores argumentos para defender que la obra de Mairena se instituye como un prisma multicolor de posibilidades flamencas. Gracias a él las puertas están abiertas para todo el que quiera entrar en la gran casa del cante flamenco para aprender y evolucionar; sin él, ese enorme patrimonio quizá hoy estaría muy devaluado cuando no prácticamente desparecido.

Es la herencia más valiosa que nos ha legado a todos, que bien administrada por los profesionales, aficionados, investigadores, estudiosos y flamencólogos en general ayudará a la perpetuación no sólo de la figura y la obra de Antonio Mairena, sino de las formas clásicas de la música flamenca –o de parte de ellas- de las que necesariamente hay que aprender si queremos que el flamenco, arte nacido de nuestra cultura y ya universal, siga siendo un arte vivo.



"GENTE SIN ESCRÚPULOS". NOVELA
"A CONTRACORRIENTE. POESÍA VIVIDA"

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Fuente: Revista Flamenca Fuente Vieja
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