Revista de Cultura Popular, Andaluza y Flamenca
Hoy es Domingo, 12 de Abril de 2026
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No te vayas nunca, Inés

Un adiós grande a una mujer buena, una artista verdadera y un gran corazón, hoy Utrera tiembla un poco por dentro

10/12/2025.


Miguel Terrino VARGAS
Revista Flamencas Fuente Vieja



El aire parece más frío, y en las casas flamencas se nota ese silencio que solo aparece cuando se va alguien que era parte del paisaje emocional de todos.

Ha fallecido Inés Suárez Jiménez, Inés de Utrera, artista discreta y luminosa, mujer noble, y guardiana silenciosa de una de las sagas más poderosas del flamenco andaluz: la de Fernanda y Bernarda de Utrera.

Desde tu Revista, “sabemos que te encantaba” queremos rendirle un homenaje a la altura de su vida, de su legado y, sobre todo, de su bondad. Porque Inés fue de esas personas que, sin buscar protagonismo, lo llenaban todo.

La niña de la casa del duende
Inés nació en una Utrera que todavía olía a alféizares mojados y a voces antiguas. En su casa, el cante no era un adorno: era un idioma familiar. Con sus tías Fernanda y Bernarda, las dos hermanas que pusieron a Utrera en el mapa mundial del arte jondo, Inés creció entre:

• quejíos que parecían rezos,
• compases que se heredaban por sangre,
• conversaciones donde el flamenco era una forma de entender la vida.


Allí aprendió todo. Y lo aprendió bien, no hizo ruido, no pidió sitio, pero su manera de cantar tenía ese brillo íntimo de quien conoce la tradición desde dentro, desde la cuna, desde el corazón.

Su voz siempre fue reconocible: dulce y limpia, pero con esa hondura que solo tienen quienes han llorado y reído al compás del arte gitano.

Junto a Luis: un camino de escenarios y verdades
La vida artística de Inés sería inseparable de su hermano Luis Suárez.
Ambos formaron un dúo entrañable y respetado, especialmente en los años 70 y 80, donde recorrieron escenarios de todo el país dejando siempre una estela de autenticidad.

Grabaron discos, participaron en festivales y demostraron que la familia Suárez no era un simple apellido dentro del flamenco: era una garantía de verdad.


El ejemplo que no se ve desde el patio de butacas
Pero hoy, desde Fuente Vieja, queremos subrayar algo más grande que todo eso:
Inés y Luis fueron un ejemplo de amor, de entrega y de cuidado.

Durante años, (prácticamente todo sus vidas), ambos se volcaron con sus tías Fernanda y Bernarda. No por obligación, sino por raíz, por corazón, por lealtad familiar. Las cuidaron como se cuida a una joya antigua: con mimo, con respeto, con devoción, ese gesto, que muy pocos conocen, es quizá el más grande de su carrera. Y desde esta revista lo decimos con el alma en la mano:
“Inés no solo cantaba bien: vivía bien. Quería bien. Hacía bien. Eso la convierte en una persona grande.”


Testimonios de quienes la quisieron
En estos días de tristeza, han empezado a aflorar recuerdos, vivencias y palabras que solo dejan ver lo que ya sabíamos: Inés era especial. A continuación, Fuente Vieja recoge algunos testimonios de personas que compartieron vida, calle o compás con ella.

1. Testimonio de la familia Vargas: la tienda de la calle Escoba
Hay historias que no salen en los periódicos, pero que dicen más que cualquier titular.
Este es uno de esos recuerdos que pertenecen al alma simple de los pueblos:
“Inés, Fernanda y Bernarda venían casi cada día a la pequeña tienda que tenía mi madre, Carmen Vargas Gálvez, en la calle Escoba. Entraban por la trastienda con la misma naturalidad con la que se entra en la casa de alguien muy querido.
Siempre terminaban cantándole algo a mi madre… una letrita corta, una melodía improvisada, una alegría que llenaba la tienda y le cambiaba el día.
Mi madre decía que eran artistas incluso al comprar pan. Que tenían esa luz que no se aprende, que se nace con ella.”


Ese pequeño rincón de la calle Escoba fue durante años un refugio de humanidad, de cante cotidiano, de arte sin escenario. Allí, entre bolsas de mandados y saludos de vecinas, Inés mostraba lo que era:
una mujer buena, humilde, cercana, que regalaba alegría sin pedir nada a cambio.

2. Un vecino del barrio del Panadero
“Inés salía siempre con una sonrisa pequeña, de esas que no gritan pero que abrigan. Era una mujer de paz, de serenidad. Cuando la veías pasar, sentías que todo estaba en orden.”

3. Una cantaora joven
“Ella nunca presumió de su apellido, pero todas sabíamos quién era. Representaba la elegancia antigua, la que ya casi no existe. Su manera de hablarte, de escucharte, te hacía sentir importante.”

adiós Inés desde aquí te lloramos, “Hoy llora Utrera, hoy llora el flamenco, hoy lloramos quienes amamos el arte bueno y los buenos sentimientos. Se nos va una mujer callada, una memoria viva de una familia irrepetible.”

“No se va del todo quien deja luz. Y la de Inés, esa luz buena, seguirá brillando donde haya un compás, un recuerdo o una emoción sincera.”



No te vayas nunca, Inés,
quédate un rato en mi aliento.
Que en la tienda de Carmen
tu risa sigue en el viento.

Que aún me suenan tus tías
cuando te nombro por dentro.
Y aunque hoy duele despedirte,
no te vas… sigues viviendo.





Miguel Terrino VARGAS
Revista Flamencas Fuente Vieja
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