Utrera brilla en Morón: el Gazpacho Andaluz 2025 rinde homenaje al Potaje Gitano
El pasado sábado 5 de julio, el alma del flamenco volvió a encenderse en Morón de la Frontera con la celebración del LVIII Festival Flamenco Gazpacho Andaluz, una cita de historia, compás y memoria
12/07/2025.
Miguel Terrino Vargas Revista Flamenca Fuente Vieja
Esta edición, marcada por una emocionante conexión entre pueblos hermanos, rindió homenaje al Potaje Gitano de Utrera, el festival flamenco más antiguo del mundo, y convirtió a Utrera en la gran protagonista de la noche.
Un tributo con raíces compartidas El patio del Colegio Salesiano de Morón, escenario habitual del Gazpacho, pareció rendirle tributo también al Potaje, pues las similitudes no fueron pocas: la disposición de las mesas para el público, el ambiente familiar y festivo, la generosidad del arte, y sobre todo, la presencia de artistas y personalidades utreranas que tiñeron la noche de jondura.
El acto fue presentado con maestría y duende por el crítico flamenco utrerano Kiko Valle, quien no solo condujo la velada con elegancia y conocimiento, sino que aportó profundidad y contexto histórico a cada intervención, hilvanando con precisión los vínculos flamencos entre Morón y Utrera. Su intervención fue clave para que el público entendiera el sentido del homenaje y el peso simbólico de cada artista sobre el escenario. Kiko
Valle demostró una vez más por qué es una de las voces más autorizadas del periodismo flamenco actual.
Abrió la velada la cantera local: los alumnos y alumnas de la Escuela Municipal de Música y Danza ofrecieron una actuación llena de ilusión y respeto por la tradición.
Un diálogo flamenco entre Morón y Utrera La gala arrancó por todo lo alto con Rafael de Utrera, que ofreció un recital lleno de verdad, sentimiento y poderío. Acompañado por Pepe Fernández a la guitarra, y las palmas de Dani Bonilla, Abel Harana y Juan Carlos Usero, el cantaor se entregó con generosidad antes de partir rápidamente a Coria del Río, donde tenía otro compromiso artístico esa misma noche.
Fue breve, pero profundo. A continuación, la cantaora Mari Peña, heredera directa de la gloriosa estirpe utrerana —con nombres como Perrate, Fernanda, Bernarda, Gaspar o Bambino flotando en el aire—, trajo la pureza de los cantes de su madre, Frasquita la de la Buena. Con Antonio Moya al toque, hizo un viaje por soleares, cantiñas y bulerías que estremeció al respetable.
Representando
a Morón, el joven guitarrista Gastor de Paco rindió un emotivo homenaje a su abuelo Paco del Gastor con una rondeña. La estampa fue pura historia: un nieto evocando el eco de un maestro que tocó para los grandes de Utrera. Luego, Gastor de Paco acompañó al cantaor Dani de Utrera, reforzando así el hermoso cruce artístico entre ambas localidades.
Palabra institucional y abrazo flamenco El momento central de la noche llegó con el acto de homenaje al Potaje Gitano. Sobre el escenario, autoridades de Morón y Utrera sellaron con palabras y abrazos una alianza cultural que trasciende lo institucional. El alcalde de Morón, Juan Manuel Rodríguez, junto al delegado de Cultura, Alfonso Luna, recibieron a los concejales utreranos Antonio Plata y María José García, así como a miembros de la Hermandad de los Gitanos de Utrera. Un gesto simbólico que reconoció la trayectoria del festival decano del flamenco, nacido en 1957, y su impacto en toda Andalucía.
Mientras tanto, en los intermedios, el público pudo disfrutar de más de 150 litros de gazpacho fresco, elaborado con tomates de Los Palacios.
Porque en Morón, como en Utrera, el flamenco se sirve con cuchara, compás y cariño.
Segunda parte: mujeres con alma y poderío La segunda mitad del Gazpacho trajo a la escena a dos mujeres de bandera: Aurora Vargas y Juana Amaya. Aurora, con su cante desbordado de garra, temple y arte racial, volvió a demostrar por qué es una figura imprescindible del flamenco actual. Y Juana, que baila como si la tierra le hablara, ofreció un espectáculo desgarrador, con David El Galli, Iván Carpio y Manuel Tañé al cante, Rubén Romero a la guitarra y Lolo a la percusión.
Fin de fiesta por bulerías Como no podía ser de otra manera, la noche concluyó por bulerías: Dani de Utrera, Encarna La Negra, Luis Peña y Carmen Amaya se sumaron a un fin de fiesta en el que se mezclaron generaciones, estilos y emociones. Las guitarras de Antonio Moya y Alejandro Fernández pusieron la música, pero el duende ya estaba allí, flotando sobre el patio del colegio, entre los aplausos, los olés y las miradas cómplices.
A modo de cierre El Festival Flamenco Gazpacho Andaluz 2025
fue un canto de amor al Potaje Gitano de Utrera, pero también a la unión, al respeto y a la hermandad entre pueblos flamencos. Morón y Utrera, Utrera y Morón, dos nombres con compás propio que saben que el arte no tiene fronteras. Solo tiene raíces. Y cuando esas raíces son jondas y compartidas, el flamenco florece.
Gracias al Gazpacho por abrir sus brazos a Utrera. Y gracias al Potaje por enseñarnos, desde hace casi 70 años, que el flamenco no solo se canta. También se vive. También se honra.
Miguel Terrino Vargas Revista Flamenca Fuente Vieja
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