04/07/2024.
Francisco Hidalgo Gómez
Investigador y crítico flamenco
La fiesta, o jornada gastronómica, del Salmorejo es probablemente, junto con la de las migas y la navideña de los pestiños y los villancicos, la actividad más antigua de la peña, y es que si bien el flamenco es la base principal de las actividades de la entidad, a sus gentes les ha encantado desde siempre comer bien y han disfrutado con los platos de la cocina popular y tradicional que, al fin y a la postre, tantos los platos, las comidas, como las gentes son parte del pueblo. Comer es una radiografía de cómo somos y de lo que nos da forma. Por eso es tan propio y privado, porque nos identifica.
La idea es crear un diálogo entre dos importantes bases culturales, la música y la gastronomía, para que el aficionado, o el comensal, que tanto da, pueda vivir una experiencia distinta. La Fiesta del Salmorejo es día de reencuentros, una jornada de convivencia, socialización y disfrute. En definitiva, un encuentro cultural que une música y gastronomía popular, andaluza y mediterránea. A bien seguro, sabores que suenan y sonidos que saben.
La fiesta del Salmorejo fue impulsada, especialmente, por los hermanos
Torres,
Joaquín y
Antonio, su familia y amigos, muchos, como ellos, cordobeses, En los principios de la peña, y aún años después, formaban grupo principal, y muy compacto, de la masa social. El primero de ellos incluso fue presidente de la Entidad. También lo fue, años después, su propio sobrino.
Un reconocimiento
Quiero singularizar en una persona, hoy
Carmen Verdugo, y reconocer en ella la impagable entrega, la labor y dedicación de toda una generación que ha sido esencial, fundamental para las peñas flamencas, las entidades culturales y recreativas en general. Si esa generación, o más bien esas porque son más de una, integrada fundamentalmente por las personas que hubieron de emigrar buscando una mejor y desahogada forma de vida, muy probablemente las peñas no hubieran existido, entiéndaseme que hablo de las catalanas y de las de otras zonas a las que también llegó inmigración en cantidad significativa en el pasado siglo.
Cuando los integrantes de esa generación se retiren totalmente o, lo que fatalmente aún será peor, desaparezcan ya nada será igual en el mundo asociativo flamenco, andaluz en general, muchas de esas costumbres y tradiciones desaparecerán al no haberse producido el necesario y preciso, vital, relevo generacional que, por otra parte, no se ha producido prácticamente en ninguno de sus ámbitos, áreas de acción ni facetas expresivas, las propias peñas estarán, me temo, llegando a su fin. Las peñas, clara y sencillamente, desaparecerán y lo flamenco saldrá gravemente perjudicado.
Carmen, "la reina madre", como a mí me gusta llamarla por reconocer su incansable dedicación, entrega, y trabajo además de su gusto por dirigir, controlar y mandar, que también lo posee, es la figura emblemática de las distintas jornadas gastronómicas de la peña. Ella, ayudada por los distintos miembros de su equipo de colaboradores, que varían y cambian, ella, es la que compra lo necesario y preciso, coordina las distintas labores y decide el puesto y función de cada uno. Con ella hay que acordar la fecha de celebración, horarios y cualquier cosa que sea necesaria y precisa para el éxito de la jornada. En fin, lo dicho, figura imprescindible, emblemática, siempre presente y entregada.
Remate
Quisiera tener de lomo
la barriga prevenía
y de longaniza el colmo
diciendo con alegría
¡Venga vino, que majogo!’
(También es tenido por Fandango de
Cayetano Muriel, que fue copla favorita del egabrense y lo solía cantar con cierta frecuencia con aire de Lucena).
Texto:
Francisco Hidalgo Gómez
Investigador y crítico flamenco
Fotografías:
Benito Díaz Gómez