26 de agosto.
Paco Vargas
Poeta, escritor y periodista
Aticoizquierdaflamenco.blogspot.com
Para bien o para mal, la obra de un cantaor es la referencia histórica más fiable y la documentación más fidedigna a la hora de analizar la auténtica valía de un artista, pues en ella podemos comprobar todo lo concerniente a sus conocimientos, su evolución, las influencias de sus maestros, sus influencias en otros artistas, su capacidad técnica...Aunque no siempre sea así, pues de todos es conocido que algunos cantaores nunca dieron -porque no quisieron o no pudieron- su verdadera talla en el estudio. Hecho aceptado por todos -como tantas cosas en el flamenco-, pero que a mí me provoca cada día más dudas razonables sobre la auténtica valía del artista en cuestión: algunos ejemplos nos podrían servir para ilustrar la hipótesis, pero no es ése el tema que nos ocupa y dejaremos la cuestión para otra ocasión.
No es el caso de
Enrique Morente, que dispone de una amplia discografía en calidad y en cantidad, además de variada, pues no existe en la actualidad ningún artista de su generación con una herencia tan rica en matices flamencos que nos dejen ver con claridad su evolución positiva hacia un concepto del cante singular y único hasta la fecha.
Nadie más consecuentemente contradictorio, porque sus aparentes saltos en el vacío han devenido, casi siempre, en explosiones de júbilo creador de una nueva estética flamenca y hasta de una renovada ética jonda, que reclamaba, y reclama, por pura necesidad vital, una libertad artística tan precisa, y preciosa, para él como ahuyentadora y amenazante para casi todos los demás.
Su capacidad de sorpresa, los giros que imprime a su obra y su vitalidad creadora lo definen como artista único, que entiende que el arte inmóvil no es arte sino plagio. Digámoslo de una vez: En el arte -flamenco o no-, quien no se la juega no conoce, ni conocerá jamás, el placer del fracaso ni la efímera gloria. Y Morente, en ésta como en aquél, siempre despreció el plagio.
Basta con escuchar la obra de Morente para comprobar lo que afirmamos más arriba: tras la grabación de sus dos primeras obras
"Cante Flamenco" y
"Cantes Antiguos del Flamenco", de corte clásico, junto a los guitarristas
Félix de Utrera y Niño Ricardo, emprende un camino claramente renovador que da sus primeros pasos en "Homenaje Flamenco a
Miguel Hernández", donde, por ejemplo, en el romance y en las nanas deje entrever su disconformidad con la corriente de la época, y que continúa cuatro años después con "Se hace camino al andar" claramente rupturista con el neoclasicismo imperante, el mismo que todavía no le ha perdonado su irreverencia y su proverbial rebeldía. Ni falta que le hace, que todo hay que decirlo.
Es en esta obra donde Morente reivindica su papel de artista, entendiendo como tal la capacidad de sorpresa, los giros que imprime a su obra y la vitalidad creadora, que son algunos de los aspectos que definen el arte vivo: el arte inmóvil no es arte, es plagio; porque en el arte -flamenco o no- quien no se la juega no conoce ni conocerá jamás el placer del fracaso ni la efímera gloria y en ésta como en aquél, Enrique Morente jamás plagió.
Después de este disco, que supuso un verdadero acto de liberación, vendría una de las mejores obras discográficas del último tercio del siglo XX:
"Homenaje a D. Antonio Chacón" es una obra maestra que en su tiempo fue un alarde de valentía y justicia histórica -la flamencología oficial de la época ignoraba por completo al maestro jerezano-, puesto que se estaba reclamando la presencia, la memoria histórica, el cante como música, del gran maestro del cante flamenco del pasado siglo, porque de él viene la técnica cantaora que se ejercita todavía y la estructuración casi definitiva de gran parte de los estilos que conocemos en la actualidad. Yo creo que es con esta obra con la que más identificado se sentía Morente, porque en ella se da todo: la voz, la técnica, la tradición, la creación, la expresión, el perfecto diálogo con la sensibilidad tocaora de Pepe Habichuela...
Luego llegaría
"Despegando", cuyo título lo dice todo. Y tras él muchas y buenas obras, todas a caballo entre el más delicado respeto a la tradición y la provocación artística, pero todas con la creación siempre como norte. Ahí están, con la frescura a flor de piel,
"Sacromonte", "Morente-Sabicas", "Misa Flamenca", "Negra si tú supieras", "Allegro Soleá y Fantasía de Cante Jondo", "Omega", "Morente-Lorca", o “El pequeño reloj” por citar sólo algunas de las más significativas.
A través de estos y de otros documentos sonoros podemos conocer la obra dejada por Morente, y su influencia en otros artistas, el genio reconocido en todo el mundo, que supo llevar al eco de su voz ronca a gentes tan dispares como
Lagartija Nick, Pat Metheny, Los Planetas, Amaral, Leonard Cohen o Sonic Youth.
Paco Vargas
Poeta, escritor y periodista
Aticoizquierdaflamenco.blogspot.com