18/11/2025.
Paco Vargas
Poeta, escritor y periodista
+info:
https://aticoizquierdaflamenco.blogspot.com/
La Peña Juan Breva, pionera de una nueva época, fue fundada un dos de octubre de 1958, por un grupo de aficionados a cuya cabeza se puso Francisco Bejarano Robles[1], archivero municipal de Málaga y cronista certero de una parte de la historia de su ciudad, bajo el lema: “Seguir aprendiendo, velar por la pureza y propagar enseñando”. Tras no mucho tiempo en una primera sede –o lugar de reunión de los fundadores-, se instala en el Callejón del Picador n° 2, que desemboca en calle Beatas formando parte de la antigua judería.
Era entonces presidente Antonio Chaneta Pérez. Casi cincuenta años después, un convenio con el Ayuntamiento de Málaga ha posibilitado una nueva sede –muy cerca de la antigua-, que aloja las dependencias de la institución y el Museo del Flamenco, "un importante elemento diferenciador y atractivo de Málaga desde el punto de visto cultural y turístico", según se recoge en el protocolo de cesión del nuevo edifico, en la calle Ramón Franquelo.
Si algo hay, fuera parte su antigüedad, que distinga a la Peña Juan Breva –lo de “flamenca” despareció por innecesario, pues como el valor al soldado se le supone- del resto es que, desde su fundación, buscó atesorar un legado que sirviera a generaciones venideras.
Por eso, una de sus prioridades fue la creación del Museo Flamenco de la Peña Juan Breva, que empezó a fraguarse y a ser disfrutado en su antigua sede, y que es la base del actual Museo del Flamenco. El acontecimiento de su inauguración –era y es el único de su especialidad- tuvo lugar en 1974.
En él podemos encontrar objetos cargados de simbolismo, que pertenecieron a figuras como Enriqueta Reyes “La Repompa de Málaga”, Antonio Ruiz Soler “Antonio El Bailarín” o Antonio Chacón; documentos sonoros en formatos antiguos -cilindros de cera y discos de pizarra- y de más reciente creación – discos de vinilo, cinta magnetofónica o CD-; documentos fotográficos y bibliográficos[2]; o una buena colección de guitarras, cuya antigüedad data desde finales del siglo XVIII[3].
También hay que destacar una colección de carteles de gran interés artístico, realizados por al pintor y socio fundador Eugenio Chicano –autor de la mayor parte- y Enrique Brickmam, Gabriel Alberca, Paco Hernández o José Moreno Villa, que ilustró el programa de la I Semana de Estudios Flamencos.
Así mismo, es destacable la colección dedicada al mundo de los verdiales, en la que se muestran sombreros, violines, platillos y panderos. En este sentido hay que aclarar que la Peña Juan Breva, desde sus inicios ha hecho una meritoria labor de conservación y difusión, fomentando el mantenimiento, el conocimiento y el estudio del más antiguo folclore musical malagueño[4].
La Peña Juan Breva fue pionera en la organización de encuentros para el estudio y análisis del arte flamenco, adelantándose a lo que después serían los Congresos de Arte Flamenco -cuya denominación no ha sido siempre la misma a lo largo de su historia- que aún se siguen celebrando[5].
Así, desde octubre de 1.963 hasta septiembre de 1972, con irregular periodicidad anual, tuvieron lugar las Semanas de Estudios Flamencos, por las que pasaron figuras del flamenco como Ricardo Molina, Antonio Mairena, José Caballero Bonald, Edgar Neville, Luís Rosales, Ricardo Molina, Antonio Mairena, José Menese, Arcadio Larrea, Melchor de Marchena, Pastora Imperio, Beni de Cádiz, Fernando Quiñones, Amós Rodríguez Rey, Manuel Cano, Domingo Manfredi Cano, Enrique Morente, José María Pemán, Tía Juana la del Pipa, Juan Talega, Félix Grande, Pepe el Culata, El Conde de Colombí, Paco de Lucía, Manuel Cano, Juan Varea, Rafael Romero, Sabicas, Eduardo Molina Fajardo, Francisco Bejarano, Pilar López, Camarón de la Isla, Diego del Gastor, Gonzalo Rojo, Matilde Coral, Farruco, etc. Y en las que se dieron becas de investigación a Fernando Quiñones, Ricardo Molina, Arcadio Larrea y José Blas Vega.
En 1997, se retomó esta importante actividad bajo el nombre de “Jornadas de Estudios Flamencos”, que continúan su andadura hasta hoy aunque con menos eco que las primigenias.
En ese loable afán de enseñar a quien no sabe, la Peña Juan Breva, tiene establecidas unas clases o sesiones de estudio, que se celebran los martes, en las que uno de los consiliarios imparte una clase sobre algún tema concreto, ilustrada con cante y toque ya sea en directo o bien mediante audición de discos, tras la cual se formulan preguntas al ponente y se crea el debate pertinente y esclarecedor.
Su afán pedagógico, sin embargo, traspasa el ámbito estrictamente flamenco y llega a la Universidad, para poner al alcance de estudiantes y profesores el arte flamenco, mediante el Aula de Flamencología –hoy en otras manos- que creó con la colaboración con la Universidad de Málaga en 1978. Este empeño didáctico tiene su continuación en la edición de “Bandolá”, una revista que hasta su desaparición sirvió de tribuna para el estudio del flamenco, así como exposición de la poesía y el arte de su tiempo. También, la Peña Juan Breva siempre ha cuidado el campo de la docencia práctica, que ha estado presente en las clases de guitarra y de baile, permitiendo crear una cantera de artistas muchos de los cuales se ganan hoy la vida en el mundo del flamenco.
Desde la Peña Juan Breva siempre se ha tratado enfáticamente y con preocupación el tema de la pureza (“velar por la pureza”, dice uno de sus principios flamencos). Pero, el concepto que se tiene de pureza es sinónimo al de antiguo. De tal modo, que en lo antiguo está la esencia de lo puro. Partiendo de la base de que nada es puro “per se”, el planteamiento es tan respetable como discutible.
Pero sea como fuere, es una filosofía inamovible que distingue a esta noble institución desde su fundación. Y en todo aquello que organizan rezuma esa manera de concebir el arte flamenco.
Para lograr la imposible pureza –bajo mi punto de vista, un concepto reaccionario y castrador-, la Peña Juan Breva se ha valido siempre de los recursos que le ofrecían las muchas actividades que organiza, entre ellas los concursos. De ellos, siempre encaminados a fomentar el estudio y la difusión de los cantes malagueños, el primero que organiza tiene lugar en Vélez Málaga en 1959, en homenaje a Juan Breva. Pero no será hasta 1962 cuando tiene lugar el Concurso de Cantes de Málaga, al que acudieron cantaores de toda España, que tuvo vigencia hasta 1988.
Como actividades meramente lúdico-artísticas, desde hace más de cuarenta años, todos los días ocho del mes de junio, coincidiendo con el aniversario de la muerte de Juan Breva, se celebra un festival que es una “Moraga Flamenca”, por el que han pasado grandes figuras del flamenco en cada época.
Y para cerrar la temporada flamenca, durante la Feria de Málaga, monta una caseta en la plaza de la Constitución en la que a lo largo del día pasan por su escenario los artistas locales que son contratados para amenizar las calurosas tardes de agosto. En fin, cada primer sábado de mes se celebra la conocida “Berza Flamenca”, que nos es sino una copiosa y agradable comida que se remata con un recital flamenco, ya cuando la digestión deja paso a la pasión.
”[1] Sobre la figura y obra de Francisco Bejarano Robles “Paco Percheles” hemos tratado en distintos apartados del libro.
[2] Conserva una primera edición del "Romancero Gitano" de Federico García Lorca.
[3] La Peña Juan Breva fue depositaria de una guitarra que había sido propiedad de García Lorca, hoy en poder de la familia, que formó parte de la citada colección.
[4] Desde 1968 hasta hoy se celebra la Semana de los Verdiales en la que las conferencias se alternan con las intervenciones de diferentes pandas de la provincia que atienden a los tres estilos: Montes, Comares y Almogía.
[5] El primero de estos congresos tuvo lugar en Benalmádena, en 1972, bajo la organización conjunta de la Peña Juan Breva y Radio Juventud.
Paco Vargas
Poeta, escritor y periodista
+info:
https://aticoizquierdaflamenco.blogspot.com/