Reseña de “A Contracorriente. Poesía vivida”
26/09/2025.
Escrito por
Juan Pinilla
El frondoso talento de Paco Vargas ha creado una nueva obra poética que es resumen, que es antología de todo lo anterior. Y de las anteriores, al menos desde que leemos, hemos sido entusiastas consumiéndolas. Paco Vargas se recrea en su estilo maduro para brindarnos, como el salmón que trepa río arriba, este “A contracorriente”. Un libro que puede ser una declaración de intenciones, a tenor del título, pero que se resume en un acto de fe por y para la poesía, en un acto de libertad a los sentimientos, en un acto de lealtad a sí mismo. Con un afinadísimo oído (quizá empapado de esa otra pasión que llena su vida: el flamenco), el autor ofrece una propuesta estilística y un aplomo en los versos que merece la pena destacar.
Ha gozado Paco Vargas la rara fortuna de encontrar lectores indiscutibles de su obra. Gracias a las redes sociales podemos otear las impresiones, las reflexiones y la admiración, con las que todo autor sueña cuando ofrece al público sus obras, y que en el caso de Vargas no se han mantenido en el secreto de la mente de sus lectores, sino que han trascendido bajo la forma de comentarios públicos muy comprometidos con la verdad que brota de su obra. Este nuevo libro de poemas camina hasta esos lectores con frescura renovada y esa frescura está presente incluso en los versos que datan de los 70.
Escribió Auden que del poema le interesaban dos cosas: su arquitectura y la moral que te inclina como lector a preguntarte: ¿Qué persona habita ese poema? Son las dos condiciones de la materia literaria, la formal y la moral, y resulta obvio preguntarnos por él, por la persona que hay detrás de cada poema, por Paco Vargas, no tanto como portador de la magia de su obra cuanto como portador de una actitud moral ante su escritura, máxime, cuando esta escritura es “A contracorriente”.
La interesante actitud poética de esta antología solo puede lograrse si brota desde la profunda afinidad entre las tensiones de un alma libre y la raíz expresiva propia de la forma literaria cultivada. No estamos ante un autor que encaje en las formas poéticas actuales, tan auto-contemplativas, ni ante uno de esos pesados especialistas del refinamiento lingüístico o ante uno de esos “estetas del frío” de los que habló Max Weber con desprecio. No estamos, no, ante un autor con gusto por imitar el modelo productivo de la industria. Paco Vargas sabe bien de nuestra tradición literaria como para ceder a este gesto y por eso se mueve “a contracorriente”, y por eso escribe “a contracorriente” y por eso se expresa “a contracorriente”. No diseña obras basadas en la impostura.
Este libro-antología no sugiere un regreso a experiencias humanas cercanas, comunes, aunque también. Esta selección de poemas trata de reconocer algo más profundo e innegable, no solo lo que somos, sino aquello de donde partimos.
Padre,
de aquella tierra que asistió a mi parto
y me ofreció la libertad de sus campos
nacieron mi sangre y mis miedos. (…)
De este compendio de poemas finamente seleccionados, podemos extraer que el universo espiritual de la obra de Paco Vargas bien podría definirse como una constante resistencia moral. El autor ha querido dar a su obra entera el título de “A contracorriente”, y quizá esa opción, como venimos insistiendo, se debe a que más bien el conocimiento, y no la acción, domina la poesía.
Partiendo de ese conocimiento, Paco Vargas deja que resuenen estos sentimientos que desde que existen seres humanos acompañan la mirada hacia el enigma absoluto, dejando constancia en los capítulos “Retratos” y “Palabras que cantan” de su amplio conocimiento de las métricas populares, de la musicalidad, de las formas del cante que impregnan su privilegiado oído de aficionado selecto, de gran conocedor de ese flamenco que inspiró a Lorca, a Falla, a Machado o a Miguel Hernández. Y junto a la flamencura, otros capítulos comparten los grandes temas que asolan al ser humano: el temor, el miedo, la agonía, la desazón, la inquietud, la duda…
(…) ¿Dónde estás?
¿Cómo te va entre los muertos?
¿Cómo ves a los vivos de este infierno?(…)
Con este rotundo poema comienza el libro, en conexión con su raíz, con la tierra “que asistió mi parto”. El poeta conecta con la muerte de un ser querido para plantearnos las dudas existenciales que emanan del miedo. En cierto modo, esta inquietud suprema es también parte del esquema gnóstico. La muerte es la única noticia de la trascendencia. Encerrados en este mundo, en sus cavernas, los seres humanos solo aprecian los reflejos, adecuados a la triste realidad que les concierne. “¿Por qué nos abandona el alma?” se preguntará más adelante, en otros versos. Sangre, miedos, fuerza, templanza, vida, besos, aliento, son las palabras en las que echa raíz aquello que el hombre ha elevado frente a la muerte. Un poema lleno de contención y emoción, solo ajustada para expresar el estupor que nos produce el recuerdo del padre que se fue.
Le cantó esta copla a Dios,
pero no le respondió.
Miró al cielo y no era:
Si es verdad que existe Dios,
que venga Dios y los vea
negrear como negrean
bajo la luna en patera
muertos de hambre y de frío.
Al resplandor de este otro poema cargado de indignación, leemos que la verdad, o las verdades, nunca son dictadas por el cielo, y que deben los poetas seguir arañando lo real, y contarlo al mundo, y ayudar a la profunda reflexión sobre las injusticias.
Te hablo a ti,
Dios de la Tierra ensangrentada,
hambrienta, triste por la pena,
ensimismada y tonta
(Porque solo los tontos la gobiernan)
Si es verdad que existe Dios,
que venga Dios y la vea.
En el mismo tono, y dirigidos a ese Dios que no responde, se expresa este poema.
Ahora, solo quedan los recuerdos solos,
la retorcida nostalgia de lo que fuiste.
Y de lo que amaste.
Adviértase no solo la rotundidad de esta estrofa (algo que tiene que ver con la alternancia fonética de las eses), sino sobre todo, lo que implica el sentencioso remate: “Y de lo que amaste”. Es una constante en la obra de Vargas. Rotundidad, sentencias, musicalidad.
Y de igual forma, navegando por el libro, nos encontramos ese amor que contagia, que comunica una indagación personal del sentido y del valor de la vida. La realidad se nos descubre oscura y rota, y aunque duela, y aunque el amor traiga espinas, el amor es el elemento esencial al que el ser poético puede aferrarse para sobrevivir a la realidad:
Si el amor me llamara, iré en su busca.
Y amaré en la sutil madrugada de su espalda,
aunque me hiera.
El amor en una mujer-idea y una mujer sobre la que proyectar ese amor cargado de idealismo e ilusión, de misticismo, de fusión trascendental. La palabra poética da forma y vida a la angustia metafísica del hombre, que sobrevive a esa dualidad, a esa duplicidad del amor:
Comparte el hombre dos corazones.
Dos manos, dos besos.
Dos miradas enamoradas.
Dos deseos inconfesables.
Dos amores sumados.
Dos cuerpos amados.
Dos mujeres.
Y sigue vivo.
Paco Vargas, una palabra desnuda fundiéndose en los gritos que emanan desde sus versos sin filtros. Este es un libro de poemas valioso que intenta iluminar la realidad con la certidumbre de su experiencia como propósito al que sucumbe su escritura. En el recto convencimiento con que los versos van enarbolando sus sentencias, en la infatigable reflexión que edifican los poemas, el poeta va despertando en los lectores un necesario vivir alerta, para estar atentos junto a ese discurso que cualquiera debe mantener ante las mentiras que una sociedad como la nuestra impone a sus ciudadanos, si no quiere ser utilizado o engullido por el poder. Esta es esa cosa alta de la resistencia, de la “contracorriente” que, como concepto moral inquebrantable, sirve al lector para entender no solo este hermoso poemario, sino todo lo que ha escrito Paco Vargas con anterioridad. ¿Quién es el poeta que habita este libro? Es Paco Vargas. Un poeta. Un flamenco. Y en la poesía y en el flamenco, solo hay verdad.
Se acabó la juerga,
que se calle el cante.
Quiero, esta noche,
oír el silencio.
Escrito por
Juan Pinilla