Revista de Cultura Popular, Andaluza y Flamenca
Hoy es Domingo, 12 de Abril de 2026
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La situación socio-económica de Málaga en el siglo XIX

Es evidente que el flamenco no es algo aislado, sino que forma parte de un contexto social, económico y cultural. No debemos, por tanto, estudiarlo al margen de la historia que lo envuelve en las distintas etapas de su nacimiento y evolución, pues sin entrar en un estudio sistemático de cada período histórico, por no ser ésta la razón de la obra, si debemos entroncarlo en la sociedad que lo acoge en cada momento

06/06/2025.


Paco Vargas
Poeta, escritor y periodista
+info: https://aticoizquierdaflamenco.blogspot.com/




La situación socio-económica de Málaga a lo largo del siglo XIX[1] tiene diferentes etapas marcadas por períodos de depresión económica, de años de prosperidad y sobre todo por una sociedad cambiante que lógicamente afecta a todo lo que conforma la estructura social, económica y cultural de la capital y la provincia. Y el flamenco, que no nace por generación espontánea, también se ve influido por tales circunstancias.

Los últimos años del siglo dieciocho y hasta el primer tercio del XIX, Málaga vivió un panorama adverso: grave crisis demográfica, propiciada por las enfermedades, crisis económica, paro, calamidades y hambre fueron las consecuencias más palpables.

En lo político, fue este un tiempo de mudanzas y cambios radicales: liberales y absolutistas se alternaban en el poder, generalmente mediante asonadas militares y movimientos revolucionarios más o menos organizados. Era una sociedad convulsa de la que saldrían nuevas formas de entender un mundo nuevo –ya iniciado con la Ilustración- auspiciada por la ciencia, un nuevo pensamiento y corrientes culturales que habrían de cambiar la sociedad para encarar el nuevo siglo.

Si nos atenemos al período de tiempo que va entre los años 1840 y 1900 –el que coincide con el nacimiento del flamenco como hecho artístico, sin que las fechas citadas hayan de ser rigurosamente exactas-, comprobaremos como la transformación socio-económica de Málaga tiene su parangón en la transmutación de la música folclórica en cante flamenco, hecho arte por los artistas en los escenarios de las cafés cantantes.

Años antes -1831-, José María de Torrijos y Uriarte fracasó en su intentona de derrocar a Fernando VII que tras la Guerra de la Independencia volvió a instaurar la monarquía absolutista después de recuperarla con la ayuda de militares liberales como el nombrado en las coplas flamencas como “Torrijos er valiente”.

El despegue industrial de Málaga se inicia en torno a los años treinta con la explotación de las minas de hierro próximas a Marbella, que trajo consigo el montaje de fundiciones destinadas a proporcionar material a la industria tonelera, de mucha importancia cuando entonces. Restos de aquellas industrias quedan aún en Marbella y su comarca.

Esta situación fue en aumento hasta conseguir que Málaga tuviera la hegemonía en la producción de hierro durante más de veinte años, lo cual trajo consigo la transformación no sólo de la capital sino de la provincia mediante un trasvase poblacional del campo a la ciudad que tendría consecuencias artísticas referidas al flamenco.

Pero esta “revolución industrial” que estaba transformando Málaga no se ceñía exclusivamente a la siderurgia, sino que abarcaba la industria textil, el gas, la litografía, la maderera, la alimenticia (azucarera, pasas, vinos y licores, harinas, aceite), etc. El comercio florece y el puerto de Málaga se convierte en el más importante de Andalucía. Así mismo, tras más de seis años de trabajos, se inaugura la línea de ferrocarril entre Málaga y Córdoba (1865) facilitando, así, las comunicaciones entre ambas provincias y un intercambio cultural más fluido que habría de aportar influencias mutuas. Estamos hablando de unos años fundamentales en la creación del flamenco como arte.

Cuatro años más tarde, en 1869, se construye el puente sobre el río Guadalhorce en la vega de Málaga. Este hecho, que pudiera parecer de menor importancia, supuso que a partir de entonces la capital quedaba comunicada todo el año con la parte occidental de la provincia, algo imposible hasta entonces cada vez que el río no se podía vadear. Estas circunstancias, que eran causantes de que ciudades y pueblos fueran verdaderos compartimentos estancos sin apenas relación con otros centros de población cercanos, tuvieron que ser determinantes a la hora de la conservación y propagación de determinados cantos y cantes.

Sin olvidar que barrios emblemáticos de la capital, cual es el caso del Perchel, sufrieron cambios importantes en su población debido a la presencia de los centros fabriles: a su población tradicional, compuesta por marineros, pescadores y trabajadores del muelle, se le añadió la formada por los nuevos obreros de las fábricas llegados de las zonas rurales. En él, además, abundaban los artesanos toneleros mientras que en la Trinidad, otro barrio emblemático de Málaga, los artesanos zapateros y carpinteros copaban el sector.

Con lo expuesto intentamos reflejar un cambio socio-económico que habría de influir en la lenta transformación del folclore musical en cante flamenco, pues parece lógico pensar que aquellas formas musicales primitivas, lejos de cualquier connotación espectacular, encuentran en la ciudad otras formas de expresión que necesitan ser expuestas en los locales de ocio, ya fueran de una categoría u otra: (…) “Las clases populares también disponían de espacios propios de sociabilidad: espacios abiertos, no restrictivos como los creados por la burguesía (…) La taberna, en fin, espacio para la bebida, el juego y el ocio, ejercía un fuerte atractivo sobre el obrero fatigado tras una larga jornada de trabajo o agobiado por las estrecheces de la vida familiar” (…)

Pese a los intentos de industrialización, Málaga seguía siendo esencialmente agrícola. Un hecho importante lo confirma: la aparición de la filoxera (enfermedad que afecta a la vid) en 1878 supone un cambio radical en la economía malagueña, pues la plaga afecta a la casi totalidad de la provincia con especial incidencia en la Axarquía y la vega del Guadalhorce, lo cual supuso la ruina del sector más próspero de la agricultura malagueña. Si a esta catástrofe añadimos el fracaso de la mentada “revolución industrial”, los últimos veinte años del siglo XIX y los primeros años del XX fueron para Málaga los de una depresión económica tan importante que transformaría las estructuras socio-económicas. En 1900, la provincia contaba con más de quinientos mil habitantes, de los cuales casi ciento cuarenta mil pertenecían a la capital.

Así las cosas, el turismo aparece por primera vez como alternativa a la secular economía agrícola y a la fracasada e incipiente economía industrial. Pero entonces, como ahora, esta fuente de ingresos estuvo enfocada a atraer a los visitantes por las bondades del clima y no por otros atractivos. Así lo manifestaron personajes como Luís de León, Pedro Marcolains o Narciso Díaz Escovar, defensores de la iniciativa a través de diferentes manifiestos y de iniciativas como la creación de la “Sociedad Propagandística del Clima” que pretendía promover mejores en la población y sus alrededores para embellecerla “procurando atraer forasteros y extranjeros que disfruten de este clima benigno”, aunque sin dejar de lado el ocio y la cultura, como bien demuestra el que la cita sociedad participara activamente en la organización de los festejos de agosto de 1899 y en la creación de una biblioteca pública.

Entre tanto, las clases populares vivían una situación ciertamente pésima caracterizada por el paro, las enfermedades y la miseria, que empujaron a muchos -más de 70.000, según el investigador Elías de Mateo- a pensar en América como el lugar donde encontrarían lo que su tierra les negaba: trabajo, un salario digno y unas mejores condiciones de vida.

A grandes rasgos, esa era la situación de Málaga cuando comienzan a aparecer y adquieren su máximo esplendor los cafés cantantes como lugares de ocio donde el flamenco encontró un espacio idóneo para su puesta en escena. También es el tiempo del nacimiento de las figuras más señeras del flamenco malagueño: Juan Breva, El Canario, La Trini, Paca Aguilera, El Pena y El Cojo de Málaga son los grandes nombres de esta época que dura más de setenta años y en la que comienza a fijarse la gran mayoría de los estilos flamencos cual es el caso del cante por malagueñas, al que contribuyeron, además de los citados, otros muchos artistas de menos nombre, pero de gran importancia en la construcción definitiva de los cantes de Málaga, como veremos en capítulos posteriores.




Paco Vargas
Poeta, escritor y periodista
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