23/04/2025.
Paco Vargas
Poeta, escritor y periodista
+info:
https://aticoizquierdaflamenco.blogspot.com/
También, la saeta vieja de Cabra. Pero, todas ellas son producto de la tradición conservada durante años por los artistas que las fueron interpretando a lo largo de su historia. En la actualidad, su área de influencia se limita al territorio donde nacieron y crecieron.
Del romance o pregón de la
Semana Santa de Doña Mencía —origen probable de la antigua saeta cordobesa— que, con entonación rítmica y quejumbrosa dicen los
"rezaores" alternándose cada dos versos, mientras las trompetas van señalando el final de cada estrofa, entresacamos una de sus partes que dice así:
Cuando al Calvario llegaron
con el Jesús Nazareno
al punto lo desnudaron,
la Cruz en tierra pusieron,
pies y manos le amarraron.
También los poetas, ya sean conocidos o anónimos, han encontrado en la saeta una fuente de inspiración:
Las cuentas de tu rosario
van rezando Avemarías
en las varas de tu palio
y cantan la letanía
diez mil luces, con sus rayos.
Esta saeta, que escribió el anónimo poeta, llevado por su corazón, limpio de artificios técnicos, es distinta a esta otra, escrita por los hermanos
Serafín y Joaquín Álvarez Quintero para reivindicar la muerte de Jesucristo como una poderosa razón que une a los hombres:
Con los hilos de la sangre
que manaba de su frente,
se hicieron los eslabones
de la cadena más fuerte
que puede unir a los hombres.
Permitid ahora que sea yo el que rinda homenaje al
Cristo de los Gitanos granadino —
"Er Manué", como le llaman familiarmente los gitanos del Sacromonte— con esta saeta que ya es cantada la noche del Miércoles Santo cuando entra en el Camino del Monte para mirar a la Alhambra ensimismada y luminosa:
Al Cristo de los Gitanos
le canto desde la Alambra
y mi voz, cruzando el Darro,
es como un puente de plata
al barrio sacromontano.
En los años diez del siglo XX se prodigó la costumbre de que algunos círculos de recreo y en algunas casas aristocráticas contrataban a un cantaor flamenco de voz potente para que cantara saetas, desde sus balcones, al paso de las procesiones; y es lo probable que estos profesionales reformaran la saeta popular y la sustituyeran por otra de nueva creación: la que hoy llamamos saeta por siguiriyas, o por martinetes, o por carceleras, etc. Es decir, que en los primeros años del siglo XX nacieron los saeteros profesionales. O lo que es lo mismo, la saeta deja de ser oración cantada para convertirse en espectáculo, cuyos protagonistas son mujeres y hombres avezados en el cante que, con sus apropiadas voces, emocionan y sensibilizan los sentimientos más profundos del pueblo llano que los escucha, ése que antes cantaba y que ahora es mero espectador.
Esta saeta (1), dicen que cantó - sin que sepamos de quién es la letra- la Niña de la Alfalfa cuando en 1932 prohibieron las procesiones, pero la Virgen de la Estrella salió:
“Han dicho en el banco azul,
que España ya no es cristiana;
aunque sea republicana,
aquí quien manda eres tú,
Estrella de la mañana”
Lo dicho, sin embargo, no viene a aclararnos cómo nace la saeta flamenca, sino a confirmamos una forma de consolidación de dicha saeta. Pero nada más.
En 1.919 -dice la tradición oral- se cantó en Sevilla por primera vez en público la saeta por siguiriyas, y quien la cantó fue
Manuel Centeno. Esta afirmación es rebatida, sin embargo, por
Álvarez Caballero que sostiene lo siguiente, también transmitido por la tradición oral:
"Se equivocan quienes creen que la saeta flamenca surge en la segunda década del siglo XX, por creación personal de Manuel Centeno. Es evidente que se cantó en el siglo XIX, aunque las referencias no sean muchas, pero concretamente en Cádiz fueron memorables las madrugadas de los últimos Viernes Santos del siglo citado, cuando Enrique el Mellizo (a quien algunos atribuyen la creación de la saeta por siguiriyas) se situaba con sus hijos, también notables cantaores, Carlota, Hermosilla y Antonio, en los balcones de la casa que habitaban sita en la esquina de las calles Mirador y Botica, allí retenían el paso del Nazareno interminablemente, por obra y gracia de sus espléndidos cantes a los que respondían otros saeteros anónimos, entre la muchedumbre apretujada y expectante de aquel angosto rincón.”
Es muy probable que estos y otros cantaores de la época interpretaran saetas populares y las hicieran flamencas, porque un flamenco no puede sonar sino a flamenco cuando canta, ya sea una saeta o cualquiera otra canción de origen popular. Pero eso no quiere decir que fueran ellos los creadores. La saeta flamenca, que sí es un cante flamenco, nace como nacieron otros cantes. No por generación espontánea, sino como consecuencia de una lenta transformación, a fuerza de ir introduciéndole tercios flamencos y músicas nuevas que van desbancando a las originarias: es de donde nace una forma nueva y diferente, que hoy conocemos y aceptamos como la moderna saeta flamenca.
Como no tenían naíta que hacerle
le escupen y le abofetean
y le coronan de espinas,
y la sangre le chorrea
por su carita divina.
En esta copla de una antigua "forma sencilla" de saeta que se cantaba en Jerez, se aprecia que el primer tercio se alarga por mor de la exigencia del cante, que la va conformando como saeta esencialmente flamenca, aunque sin calificarla entonces como saeta por siguiriyas.
Otra forma de genuina saeta jerezana es la que se canta con esta copla:
¡Presente!
Ahí lo tenéis presente.
Al mejor de los natíos.
Tiene las rodillas bañas en sangre.
Su rostro descolorió.
Los ojos desorbitaos
de los tormentos tan grandes
que esos malinos l'han dao.
De ésta,
Manuel Torre, hizo una extraordinaria creación, que cantaba, con su expresión gitana, con esta copla:
Míralo por donde viene el mejor de los nacíos.
Llenas de espinas sus sienes
y el rostro descolorío,
que ya figura no tiene.
La razón de mencionar estas "formas sencillas de saetas jerezanas”, que llegaron a
Sevilla a principios del siglo XX, no es otra sino la de fijar la cuna de la saeta, que fue
Jerez, y el lugar de su florecimiento, que sin duda fue Sevilla, coincidiendo con el auge de las cofradías.
Por eso, en 1928, escribía
Joaquín Turina: (...) "Los profesionales del cante flamenco han inventado una nueva forma de saeta, procedente de la seguidilla gitana, amoldando un poco las fórmulas al sentido, siempre religioso, de las palabras".
Y en 1944 se reafirmaba en la anterior, escribiendo en la revista “Fotos”: (...) “La saeta moderna, interesantísima también, puntiaguda y trágica, viene en línea directa de la seguidilla gitana. La melodía se retuerce en inflexiones dolorosas, de supremo lamento, envolviéndose en un mar de ornamentos y de adornos, sin perder por ello su línea directriz. Canto tan difícil no está al alcance de un simple aficionado. Únicamente los cantaores profesionales con buenos pulmones, con largo aliento, pueden permitirse el lujo de cantar saetas, que, al estar de moda, han hecho un gran bien a los cantes gitanos suplantados por otros más fáciles y de vulgar estilo. Nuestro cantaor de colmao hace maravillas con su garganta; mas de pronto, a la mitad, su canción, suena otra voz en la acera de enfrente. Aquí tenemos un contrapunto inesperado, un canto de saetas con el que no contó nunca Juan Sebastián Bach".
En toda saeta flamenca se pueden y deben distinguir cuatro conceptos subordinados entre ellos: voz, técnica, estética y emoción. En la técnica y la estética los cantaores no gitanos han predominado generalmente, pero en el tercero, la emoción, el cante gitano casi siempre ganó, y gana, la partida. La voz, no cabe duda, debe ser patrimonio compartido a la hora de interpretar cualquier estilo de saeta flamenca, ya sea por seguiriyas -el más cantado-, por martinetes o por carceleras, que es el único estilo de los tres que cuenta con coplas propias dirigidas a la Virgen de la Soledad, especialmente en Córdoba donde se cultiva desde hace muchos años como modalidad propia, conocida como "carcelera vieja cordobesa".
Las músicas flamencas hicieron de la saeta —canto de melodía simple, en un principio— un cante de dimensiones melismáticas y artísticas tan extraordinariamente grandes que dejó de ser popular para convertirse en cante grande, sólo en las voces de los más grandes especialistas. Aquella primitiva saeta flamenca jerezana, con el paso del tiempo y las aportaciones personales de los maestros del cante, es hoy un cante más del frondoso árbol flamenco que ha calado hondo en los sentires de aficionados y
profesionales, esos que preñan de emocionados quejíos las primaverales noches andaluzas.
Durante la época conocida como "Opera Flamenca" se llamó saeta artística. De todos sus intérpretes,
Rocío Vega Farfán “La Niña de la Alfalfa", es la excepción. Sus saetas significaron una auténtica reforma de los patrones existentes y su aportación, lejos de ser una revolución destructiva, fue una verdadera innovación lírica, apoyada básicamente en sus extraordinarias facultades canoras. Eran unas saetas llenas de recogimiento y de tragedia, una oración hecha grito, súplica y perdón, tradición y arte. Probablemente, por eso, sus saetas nacieron y murieron con ella. Esta y otras coplas cantaban por saetas la
"Reina de la Saeta", como la calificaría el Rey Alfonso XIII:
Es la saeta canción
que hasta el cielo se levanta.
Grito de tu corazón
que al pasar por tu garganta
se convierte en oración
No debemos pasar por alto, en este análisis laudatorio de la saeta, el nombre del citado
Manuel Centeno —a quien algunos atribuyen la invención de la saeta por siguiriyas—, discípulo de Chacón, de voz limpia, exenta de todo artificio melódico, que le hace acreedor de gran fama como saetero excepcional.
Como tampoco debemos olvidarnos de
Manuel Jiménez Martínez de Pinillo "Manuel Vallejo", que atesoraba en su garganta la riqueza del trino más bello y dulce para donarlo generosamente cuando cantaba aquellas saetas que llenaban las calles de Sevilla, ya perfumadas de intenso azahar.
Hoy, como ayer, ninguno de los grandes artistas del flamenco que pueden o pudieron cantar saetas resistió la tentación de hacerlo. Pero unos influyeron más que otros en el engrandecimiento de esta hermosa oración cantada.
Manuel Torre marcó un hito, porque sus saetas fueron puras creaciones que sobrepasaron su personalidad artística. Su eco profundísimo, lleno de singulares matices, consecuencia, sin duda, de su intensidad flamenca, nos aboca a afirmar que en la historia de la saeta existe un antes y un después del genial gitano de Jerez.
Cuentan —tal vez exageradamente— que a su grandeza cantaora se debe la costumbre de mecer los pasos procesionales: cuál no sería su forma de interpretar las saetas que los costaleros, obedeciendo las órdenes del capataz, levantaron el trono, pero no avanzaron, limitándose a moverla a compás para no interrumpir las
espeluznantes saetas de Manuel Torre. Otras versiones de tradición oral atribuyen, sin embargo, este sucedido a otro grande de las saetas:
Rafael Antúnez "El Niño Gloria". Puede que todo lo dicho sea cierto, aunque ya en el siglo XVIII los alfareros e hidalgos de Santa Marina sacaban las angarillas donde iba Jesús Caído "moviéndolas sin moverla del mismo lugar”. Es decir, meciéndolo, como se llamó más adelante.
¿Y aquel Niño Rafael, que después sería Niño Mairena y por fin
Antonio Mairena? El cantó por vez primera en la Semana Santa Sevillana de 1.933, en el Casino Tertulia Sevillano de la calle Sierpes. Y luego, con el correr del tiempo, sería el ídolo de la Semana Santa en Sevilla.
Con él se completaría el triángulo de saeteros excepcionales: Manuel Torre, El Niño Gloria y Antonio Mairena.
Dejo para el final, de estos trazos definitorios de las voces del cante por saetas, al malagueño
Joaquín José Vargas Soto "El Cojo de Málaga". Él reinventó la saeta malagueña para dejarla en el sitio que verdaderamente le correspondía. Aunque ya lo habían hecho otros, él introdujo definitivamente la “toná del Cristo” como remate glorioso e insuperable de la saeta. Él llenó de temblor trágico las noches de la Semana Santa malagueña.
Esta y otra saeta cantaba el legendario y mítico artista malagueño ante la muchedumbre expectante y emocionada:
Con un sudor frío y descalzo
va caminando Jesús.
Las fuerzas le van faltando,
le van faltando las fuerzas
con el peso de la cruz.
Eres pare de almas,
ministro de Cristo,
tronco de la Santa Madre Iglesia
y árbol del Paraíso.
”(1) La saeta aparece en un artículo del Diario de Jerez, firmado por Enrique García-Márquez, el 15 de abril de 2025
Paco Vargas
Poeta, escritor y periodista
+info:
https://aticoizquierdaflamenco.blogspot.com/