12/02/2025.
Paco Vargas
Poeta, escritor y periodista
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https://aticoizquierdaflamenco.blogspot.com/
Queremos decir que lo hizo de manera popular (no olvidemos que la zarzuela fue en aquellos años el espectáculo por antonomasia del pueblo llano, en contraposición a la ópera, reservada a las clases más pudientes y consideradas), porque como cante tuvo intérpretes de nombre como Manuel Escacena y Pastora María Pabón Cruz “La Niña de los Peines”, Niño de Marchena o Carmen Amaya, la gran bailaora que de tanto en tanto coqueteaba con el cante. Su origen musical lo encontramos en el folclore asturiano y, según el ya citado Domingo José Samperio,
“es un divertimento gracioso sin mayores pretensiones flamencas”; aunque para el Maestro Otero[1] fuera un baile propio de los gitanos de la costa sur de España.
Fue, sin embargo, el bailaor Faíco(*) quien le dio forma definitivamente y así es como lo conocemos en la actualidad aunque no se interprete con demasiada frecuencia. Pero el citado bailaor –tan fino en su vena artística para sacarle partido a lo que le llegaba casi virgen (recordemos su contribución al baile por farruca)- pudo haberlo aprendido, según Hipólito Rossy –que mantiene sus dudas al respecto-, de los gitanos de Lérida y Tarragona, dos provincias catalanas sin apenas tradición flamenca, que él concreta en el barrio del Cañaret y en la ciudad de Valls, pertenecientes por ese orden a tierras leridanas y tarraconenses respectivamente.
De la segunda no tenemos noticias recientes en el tiempo, pero sí del “Garrotín de Lleida” que fue presentado como un descubrimiento en el XXVIII Congreso de Arte Flamenco de Barcelona; aunque, luego de las explicaciones pertinentes, y después de escuchar y ver una grabación en vídeo, comprobamos que allí ha tomado su propio camino musical y sólo guarda con el que conocemos en el sur un cierto parentesco melódico y la picardía de sus letras, si bien es cierto que mantiene la misma estructura musical (compás binario de 2x4 y ritmo de tango) y literaria ( cuatro versos octosílabos) del hoy considerado un cante flamenco más. Y, como ocurre con el flamenco, allí también tienen sus maestros: “Lo Parrano” y “El Marqués de Pota”.
Dice una de sus letras en catalán:
"Jo tenia una amigueta
amb un do molt especial
cada cop que veia un noi
li feia aixecar el pardal.
Cuya traducción sería:
"Yo tenía una amiguita
con un don muy especial
cada vez que veía un chico
le hacía levantar el pardal."
La palabra “pardal” (“pájaro”) no cambia del catalán al castellano, pues en ambos idiomas está escrita con doble sentido que no necesita de más explicación.
El remate de la canción de los gitanos de Lérida, sin embargo, se mantiene prácticamente igual que en el cante del mismo nombre:
Al garrotín, al garrotán,
de la vera vera vera de San Juan.
Esta letra popular es habitual en los repertorios de los más destacados intérpretes del garrotín:
Qué firmeza no tendría
el querer que he puesto en ti,
que cuando tú me olvidaste
la muerte sentí venir.
Ay, garrotín. Ay, garrotán.
Que, a la vera, vera, vera de San Juan
Texto:
Paco Vargas
Poeta, escritor y periodista
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Foto el bailaor Faíco:
Real Academia de la Historia
Nota:
”[1] José Otero Aranda (Sevilla 1860-1934) fue bailarín de español y flamenco con el nombre artístico de “Maestro Otero”. Discípulo del maestro Alonso y “La Campanera”, empezó muy joven su carrera artística, llegando a gozar de prestigio y fama. En 1912 publicó su “Tratado de bailes” en el que expone sus teorías acerca del baile flamenco.
(*) Manzano Heredia, Francisco. Faíco. Madrid, 29.XI.1932 – I.1993. Bailaor y cantaor de flamenco.
Hijo del guitarrista El Pelao Viejo, sobrino de El Gato, hermano de Juan Pelao y El Fati, tío de Toni el Pelao y Ricardo El Veneno, por su ambiente familiar se inició profesionalmente con doce años, formando parte de la compañía de Concha Piquer, en gira por España. En 1947, Pilar López lo contrató para su elenco, actuó en varios países extranjeros. A continuación, trabajó en el espectáculo de Lola Flores, en el que permaneció varias temporadas; alternó sus actuaciones en él con recitales individuales, entre los que destacaron los celebrados en París y Londres, en 1950. Su trayectoria estuvo ligada desde la década de 1950 hasta su retirada, a finales de la década de 1980, a numerosos espectáculos junto a las primeras figuras de su tiempo, así como a los principales tablaos de Sevilla y Madrid. En 1973, la cátedra de Flamencología de Jerez de la Frontera (adscrita a la Universidad de Cádiz), le concedió el Premio Nacional de Baile, el más prestigioso galardón del género. Intervino bailando en las películas cinematográficas Brindis a Manolete, Una cubana en España, Estrella de Sierra Morena, El amor brujo, Pena, penita, pena, Olé, torero y El Tempranillo. Ángel Álvarez Caballero escribe en su libro El Baile Flamenco: “El tercero de los hermanos Manzano Heredia, Francisco, fue seguramente el más sobresaliente artísticamente de los cuatro. Se hizo llamar Faíco en homenaje a Francisco Mendoza Ríos, el primer Faíco, quien era su padrino. También fue llamado El Gran Faíco. Formó en importantes compañías de baile, siempre en puestos muy destacados porque su baile era difícil y de gran espectacularidad, lo que causaba enorme impacto en el público. Su especialidad fueron las alegrías”.
Bibl.: J. Blas Vega y M. Ríos Ruiz, Diccionario Enciclopédico Ilustrado del Flamenco, Madrid, Cinterco, 1988; A. Álvarez Caballero, El Baile Flamenco, Madrid, Alianza, 1998; M. Ríos Ruiz, “Faíco (Francisco Manzano Heredia)”, en E. Casares Rodicio (dir. y coord.), Diccionario de la música española e hispanoamericana, vol. 4, Madrid, Sociedad General de Autores y Editores, 1999, págs. 880-881; M. Ríos Ruiz, El Gran Libro del Flamenco, Madrid, Calambur, 2002. Manuel Ríos Ruiz