Revista de Cultura Popular, Andaluza y Flamenca
Hoy es Domingo, 23 de Junio de 2024
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Recordamos a Juan Breva en el aniversario de su muerte

Hijo de Juan Ortega y Ana Escalona, Antonio Ortega Escalona nació en Vélez- Málaga (más concretamente en el caserío conocido como “Fuente del Moral”), capital de la Axarquía malagueña, comarca a la que también pertenecían sus padres, él de Vélez y ella de Canillas del Aceituno

08 de junio.


Paco Vargas
Poeta, escritor y periodista
https://aticoizquierdaflamenco.blogspot.com/



Perfil humano y artístico

En cuanto al año de su nacimiento, aceptamos como definitiva 1844. El nombre artístico, “Juan Brevas” –que acabó perdiendo la consonante final por mor de las características propias del habla andaluza o por puro capricho poético de Federico García Lorca que lo bautizó definitivamente como “Juan Breva” en el poema que le dedicó idealizándolo-, lo toma del nombre paterno, que era agricultor, y de su primer trabajo, siendo ya adolescente, como vendedor de los productos que cosechaban en la pequeña finca familiar, entre ellos las brevas que solía vender pregonándolas por las calles, costumbre habitual en Málaga en aquellos tiempos. Éste era el pregón que dicen que cantaba:

“¡Brevas de los montes
De Vélez Málaga
Son las más dulces.
¡Las doy a probarlas!”


En una de esas visitas laborales a la capital, se cuenta que el joven Juan Breva cantó en una taberna a instancias de un amigo, con tal éxito que enseguida le salió un representante o apoderado, conocido como Rogelio Ramírez Acosta, a la sazón capitán del ejército, que se ofreció a buscarle trabajo en los locales donde se ofrecían espectáculos de cante flamenco. Pero habría de ser algunos años después cuando el artista en ciernes, de la mano de su mentor, debuta en el Café del Sevillano. Y como gustó tanto al público, el empresario lo contrató para que actuara en su local a razón de ochenta reales diarios que cuando entonces era una cantidad considerable, teniendo en cuenta los salarios de la época en el campo del que procedía. Tenía Juan Breva veintiún añitos y una “voz de niño” que encandiló al personal.

(Hacemos un paréntesis para traer un curioso texto, firmado por Rafael Gutiérrez en el periódico “Ecos del Guadalevín” de Ronda, el 15 de noviembre de 1874, en el que observamos como la denominación de “voz afillá”, hoy adjudicada a las voces roncas y rajadas, de tono grave y dramático -Juan Talega o Manuel Agujetas, por ejemplo- en contraposición a la “voz laína”, adjudicada a las voces claras, armoniosas y afinadas -Luís de Córdoba o Arcángel, por ejemplo-, no siempre fue así.):

(…) “Esos ‘Cantaores Flamencos’ (sic) de taberna que con aguardentosa, bronca y desentonada voz divierten a los borrachos, podrán ser todo lo andaluces que ellos quieran, pero lo que se les oye es feo y achavacanado (sic), y como por desgracia esto es lo que más abunda, hay muchas personas que tienen una equivocada idea de esta música. El Sr. Giménez, por el contrario, canta con voz clara, dulce, melodiosa, tiene mucho estilo y se ajusta bastante a la escuela del Fillo. Debe llevar muchos años de práctica porque canta con maestría y se conoce que tiene bastante dominio del difícil género a que se dedica. En fin: el que va a oírlo oye el verdadero y puro cante andaluz”.

Su popularidad se extendió por los pueblos de la provincia y por las provincias limítrofes de Granada, Córdoba y Cádiz, donde era requerido con frecuencia para actuar en los locales donde se ofrecía el género flamenco. Estamos en los primeros años setenta del siglo XIX y nuestro cantaor era ya un profesional que se codeaba con la flor y nata del cante de la época. Y teniendo el provenir despejado como profesional del cante, que sería su medio de vida hasta su muerte, decidió casarse con Ana Gálvez, a la que conoció en una de las visitas que solía hacer a su pueblo cada vez que acababa una gira artística.

En otro famoso café cantante malagueño, el Café Suizo, tendría otra actuación memorable junto con África Vázquez “La Peceña” y otros cantaores. Esto sucedía en 1880, ya con casi cuarenta años, hecho como cantaor y ampliamente reconocido como tal en toda España.

Los siguientes veinte años fueron los mejores artística y económicamente hablando: en 1881 actúa en Sevilla al frente de una compañía de artistas, el año siguiente está en el Café de la Bolsa (Madrid) con los cantaores Carito y El Chato de Jerez, en el Café del Vapor de Santander y en los malagueños Café del Turco, Café España y Café del Señor Bernardo. Y un año más tarde, acompañado por Paco el de Lucena, en el Teatro Principal de la próspera ciudad cordobesa, cuna del guitarrista amigo. Un mes después es contratado en el Círculo de la Amistad de la capital cordobesa, de nuevo con la guitarra del lucentino y el resto del año lo dedica a recorrer toda Andalucía y Extremadura en compañía de artistas de la talla de Silverio Franconetti y La Serneta. La prensa se hace eco del afamado cantaor, que por aquel entonces era uno de los más cotizados pues cobraba por actuación cantidades extraordinarias para la época.

Una afición cada vez más entendida exigía la presencia de cantaores de calidad. En Madrid reclamaba artistas como Silverio y Juan Breva que, junto con otros, cuales fueron El Chato de Jerez y Carito, actuaban con frecuencia en aquellos locales, principalmente en el Café de la Bolsa, donde lo encontramos en 1883.

Alfonso XII era noctámbulo y le gustaba el ambiente de los cafés cantantes, de los que era asiduo cuando sus regias obligaciones se lo permitían. No era lo habitual en las monarquías europeas que sus reyes se dieran a la noche y a la juerga, pero España es diferente. Y el joven monarca, en su loable afán de conocer a su pueblo y mezclarse con él, pues asistía a aquellos locales que representaban la socialización del ocio. Cuentan que seguramente iba camuflado para participar activamente de la diversión.

Así, en uno de estos locales, debió conocer a Juan Breva; aunque otras especulaciones afirmen que fue uno de sus generales -el General Quesada, que con el tiempo sería Ministro de la Guerra- el que lo puso en antecedentes sobre la fama del cantaor, conociendo los gustos del monarca, y que de su mano llegó a palacio.

"Juan Breva cantó en Madrid
y cómo no cantaría
que el mismo rey exclamó:
Qué grande es la España mía’"


Sin embargo, la Reina –a la que sin duda le gustaba menos el flamenco que al Rey- comentó a su esposo: "¡Cómo es posible que un hombre tan feo pueda cantar tan bello!".

Sea como fuere, pues tampoco es una cuestión de estado, lo cierto es que al joven monarca le gustó tanto su cante que a partir de entonces mantuvieron una relación amistosa de la que el cantaor sacó provecho en más de una ocasión. Cuentan que cada vez que lo llamaba a que le cantara le regalaba un alfiler de corbata –se supone que de oro, porque de ellos no ha quedado rastro-. También cuentan que cuando el terremoto que asoló parte de las provincias de Granada y Málaga, el joven rey ayudó a Juan Breva a paliar en lo posible los daños que habían sufrido las casas que tenía en Vélez.

Esta relación era conocida por los dueños de los locales y por la afición en general, lo cual añadía un mérito más al artista toda vez que, tal ocurre ahora, era un aval que le servía de carta de presentación pues todos querían escuchar al cantaor que tanto gustaba en la Corte. Sin entrar en detalles, he aquí una bonita crónica rosa escrita por Luís Lavaur en “Teoría Romántica del Cante Flamenco” (Editora Nacional. Madrid 1976) que viene a redundar en lo dicho anteriormente:

(…) “Juan Breva, a cuyo prestigio profesional imprimió soberano impulso un gesto romántico perpetrado por Don Alfonso XII, un joven monarca que subía a los palacios y bajaba a las cabañas sin esfuerzo aparente, quien un buen día se llevó al malagueño desde el Café del Imparcial de la Plaza del Matute, donde estaba, hasta el palacio de Oriente, para que le cantara unas ‘bandolás’ a doña María de Habsburgo nada menos”.

Fernando el de Triana, soslayando la cuestión real, corrobora la fama y la popularidad de nuestro cantaor con estas palabras:

(…) “En el año 84 cantaba en Madrid en tres espectáculos, o sea: en el Teatro Príncipe Alfonso, en el Café del Barquillo y en el Café El Imparcial. Ganaba en cada uno de los dos primeros locales cinco duros; en El Imparcial, esa cantidad, más casa para la familia, con la nota curiosa en los contratos que había que pagarle en oro”.

Otros espacios escénicos, como los teatros, también fueron visitados por Juan Breva, aunque es cierto que casi nunca como primera figura, sino cantando en los entreactos. Y como él otros, pues el cante flamenco estaba de moda: “El cante ha derrotado a Echegaray” (Se refiere a José Echegaray, famoso dramaturgo y poeta, Premio Nobel de Literatura en 1904), decían entonces las crónicas sensacionalistas de la época. Lo que no está tan claro es que los empresarios valoraran el flamenco en su justa medida, pues Juan Breva era tenido por tenor: (…) “La empresa del Teatro Real ha hecho ventajosas proposiciones al aplaudido tenor Juan Breva”, seguramente debido a su amistad con el afamado cantante de ópera Julián Gayarre.

Insistimos en que debió ser grande su fama. Como ocurre ahora con los famosos, sean artistas o no, la prensa se ocupaba profusamente de él, inventando noticias, en algunos casos de mal gusto, como aquella en la que se anunciaba su muerte en 1885, cuando lo cierto es que seguía trabajando con gran éxito dentro y fuera de su tierra en distintos pueblos de Málaga y en Córdoba, donde era muy querido, triunfando, junto con Paco el de Lucena, en el Café del Gran Capitán. A partir de entonces se instala definitivamente en Málaga y sólo sale de ella si es para actuar.

En 1886 vuelve a Madrid. Recogemos esta noticia, aparecida en “El Globo”, el 30 de noviembre de ese año:

“Noticias de espectáculos. Madrid. La empresa de este favorecido teatro, tan pronto como ha tenido noticias de la llegada a esta corte del célebre cantaor del género flamenco Juan Breva, lo ha contratado en unión de Antonio Revuelta, los que tomarán parte del próximo domingo 5 de diciembre en el estreno de la preciosa obra del género andaluz ‘La cigarrera de Cádiz’; los aficionados a esta clase de espectáculos tendrán que no descuidarse en adquirir localidad para dicha función si desean oír las malagueñas que canta tan aplaudido cantaor”.

Un año después hace de nuevo el viaje para cantar con Rita la Cantaora y la bailaora Juana Vargas “La Macarrona” en el Café Romero.

Ese año de 1877 le organiza en Madrid un homenaje a La Trini en el que participaron Dolores “La Parrala” y Fernando el de Triana, entre otros. Con la actuación en el Café de Chinitas, compartiendo escenario
con Antonio Chacón, cierra la temporada ese año.

En marzo de 1888 aparece esta noticia en el periódico “El Cronista” de Sevilla: “El célebre cantaor de malagueñas Juan Breva, que se encuentra trabajando en Jerez, ha sido contratado para una larga temporada en uno de los teatros de París”. Lo cual nos da idea de la gran popularidad del cantaor dentro y fuera de España.


En 1890, año de la muerte de su admirador Julián Gayarre, participa en un espectáculo, dirigido por el guitarrista Paco el de Lucena, en el que toman parte El Loco Mateo, Josefa “La Pitraca”, Chacón, La Mejorana y Lebrijano. De nuevo en Málaga, actúa en el Café del Turco, local de moda cuando entonces en el que a lo largo de su corta existencia pasaron por su escenario algunas de las figuras de entonces, entre los que podemos citar a Fernando el de Triana, Fosforito el Viejo, La Trini o El Caribe, cantaor perote al que se le atribuye un estilo primitivo de malagueña.

En los últimos años del siglo XIX comienzan a aparecer pequeñas salas con forma de teatro cuya actividad se fue diversificando de tal modo que no solamente ofrecían flamenco, sino que, además, daban espectáculos teatrales, números de circo, etc. Seguramente con el afán de sustituir a los tan denostados cafés cantantes. El Talía, en Granada, y el Lara, en Málaga, son ejemplos de lo dicho: en el primero actuaron, según Eduardo Molina Fajardo[vii], nuestro ínclito cantaor, La Trini o Manuel Torre. Esto sucedía en 1893 y dos años más tarde se inventaba en Francia el cinematógrafo, que supuso una verdadera revolución para el mundo del espectáculo y que ayudó, sin duda, al declive de los cafés cantantes.

Cuando Juan Breva conoce a Ramón Montoya, éste tenía 16 años y el cantaor veleño cuarenta y cuatro. Montoya no era todavía el músico que sería después. Y aunque estuvieran más o menos juntos durante ocho años, lo cierto es que, al contrario de lo que ocurrió con Chacón, el madrileño influenció poco en el veterano cantaor. Probablemente por la diferencia de edad que los separaba: la carrera de Juan Breva estaba hecha y la de Montoya comenzaba. Tras un lapsus de seis años se volvieron a juntar para hacer los cinco discos que han quedado como testimonio sonoro y que analizaremos con posterioridad.

La muerte anunciada del imperio español tiene su puntillero en Estados Unidos que emergía con fuerza en el panorama internacional; con su imprescindible ayuda, se perdieron las últimas colonias de ultramar: Puerto Rico, Cuba y Filipinas. Y el flamenco pierde a Silverio Franconetti, su pionero más ilustre y afamado mentor, “rey de los cantaores” e iniciador del cante flamenco moderno. Este año, 1898, es el fin de la cada vez más débil hegemonía española a nivel internacional, y para el flamenco el comienzo de una nueva época, segunda entrega de la conocida como de los Cafés Cantantes o Edad de Oro, así titulada por quienes asocian el brillo de tan preciado metal a la grandeza.

A través de Pepe el de la Matrona sabemos que Juan Breva hizo una gira artística por tierras de Almería y Granada con suerte desigual:

(…) “Eso fue cuando yo tenía quince años, antes de salir volando del tó. Y era el caso que Juan Breva tenía un compadre que era encargao de una de las fábricas de azúcar que tenían los Larios; este compadre le dio a Juan Breva una recomendación para que diera dos conciertos en Motril, en uno de los salones donde metían el forraje de la cañadú, y le dijo a Juan Breva:

—Si usted quiere, un día de cobro puede usted dar aquí un par de conciertos.

Y Juan Breva entonces alcanzó ese favor de su compadre y se llevó de Málaga cuatro o cinco artistas y de Sevilla otros tres o cuatro. De Málaga se llevó a Rafael Moreno, que le acompañaba a él cuando cantaba por malagueñas, y dos o tres bailadoras; y de Sevilla se llevó a un tal Monterito, que era de mi edá y murió el pobre mu pronto, tísico, y a su padre de tocador, y dos bailadoras y una mujer que cantaba pa bailar. Salíamos cantando Monterito y yo los primeros, luego hacían el cuadro de las mujeres y él cerraba el espectáculo.

Pero llegamos con una mala sombra... El cobro era por decenas, y este día de cobro que nosotros íbamos a cantar se pusieron una apuesta unos cuantos de aquellos tarantos: por una jarrita de vino de treinta y cinco céntimos, al primero que pasara matarlo. Y venía este hombre, el administrador de los Larios, venía vestío de negro, había llovió y el pavimento estaba resbaloso, porque no estaba as faltao ni empedrao, y se conoce que cuando vio salir al taranto salió corriendo el hombre, asustao, se cayó, se resbaló y cayó boca abajo, y llegó este cafre y con la faca que llevaba en la mano se la metió entre las dos paletillas y le pasó el esternón; y en el barro, cuando sacaron al hombre, todavía quedaba tanto así como una cuarta de cuchillo clavao en el fango.

Con este motivo se suspendieron los conciertos que llevaba Juan Breva pa dar allí los días de pago, que llevaba dos: uno en Motril y otro en otro sitio. Entonces, el compadre éste que le había propuesto la gira le dio una tarjeta suya pa que desde allí —de Motril hasta Almería— fuera por Castedeferro, Guarcho y toa esa parte, pa ir cogiendo dinero hasta llegar a Almería, íbamos por allí por Sierra Nevá con guía y teníamos que meternos en posas y en sitios de esos que había que pagarlos.

Y en los casinos, que, aunque no eran casinos se llamaban casinos, presentaba este hombre la tarjeta y cualquier amigo del encargao de los Larios se la llevaba al Presidente o al Ayuntamiento, pa que nos dieran permiso pa hacer un concierto; y ¡hala! a la batea y a cantar y a rifar una botella de vino que valía seis perras gordas, y a coger pa comer y tirar un tirón a otro pueblo hasta que llegamos a Almería.

Y en Almería se valió de lo mismo, y un amigo de su compadre arregló pa que nos dieran permiso sábado y domingo, y de allí se recogió pa pagarle a los de Sevilla el viaje hasta Sevilla, por Moreda, y a los de Málaga pa Málaga, porque si no nos hubiéramos tenío que venir ca uno por su lao. Y es que allí se sacaba poco dinero, aquello era mu mísero, la prueba es que yo le compré a un jarriero un bogavante en treinta y cinco céntimos, un bogavante con el que comimos toa la agrupación y sobró bogavante; y yo me decía: ¿Qué le habrá dao al que lo ha pescao?, porque si el jarriero se ha ganao una perra gorda, ¡y qué menos!, le habrá tenío que dar un reá, de manera que ha pescao to eso por un reá…”

Si esto que nos cuenta el viejo cantaor trianero –con ese arte para fabular que tenía- ocurría en 1902, durante los dos años siguientes, Juan Breva, reduce sus actuaciones a los cafés cantantes de Málaga –sabemos que estuvo contratado en el Café España- y a recorrer distintas localidades de la provincia. Es el comienzo de una etapa de decadencia que tuvo su culminación en los últimos años de su vida.

En 1905 realiza una gira por Andalucía que finaliza en Almería, con dos actuaciones en los cafés cantantes “Santo Domingo” y “España”, donde era muy conocido y gozaba de la amistad de aficionados y cantaores, entre los que es obligado citar a Francisco Segura “El Ciego de la Playa”, cantaor tenido como maestro de los cantes de Almería e inspirador, según algunos estudiosos, de la malagueña al estilo de El Canario. Allí, en la capital de los tarantos, se queda con el traspaso de un negocio de hostelería y se instala junto con su mujer y su hijo; pero por razones que desconocemos, su estancia en Almería no dura mucho y regresa de nuevo a Málaga. Tenía entonces 61 años, pero él seguía trabajando para poder mantener a su familia y para seguir en el candelero. Por eso emprende de nuevo viaje, esta vez rumbo a Barcelona, donde está una temporada actuando en los locales de la capital catalana de la mano del guitarrista Miguel Borrull (padre).

Tras una nueva gira por Extremadura, recala en Madrid y actúa en el Café de la Marina. Sería la última vez que cantaba para la afición madrileña. Pepe el de la Matrona, en la obra citada anteriormente, nos lo cuenta con aquella encantadora imprecisión con la que lo contaba todo:

“Y por el año diez o el ocho vino Juan Breva a cantar a la calle Jardines (Se refiere al Café de la Marina, que se encontraba en esa calle). Él ya había estao antes, antes de yo venir y me decían que había estao cantando en tres teatros a la par; le ponían un coche, cantaba en un entreacto, luego pasaba a otro y a otro..., y decían que le daban una monea de cinco duros de oro en cada teatro. Y como aquel hombre cantaba las malagueñas que daba gloria oírlo, pues ya empezó la malagueña a agruparse en el flamenco, porque antes no se cantaba más que por soleá y por seguiriyas, serranas, el polo, la caña, la petenera y los cantes sin guitarra. Y ya luego, en la época en que yo vine, se puso en moda la malagueña y luego vino la taranta y luego el fandango...”

Tras un viaje fallido a Barcelona, vuelve de nuevo a Málaga y decide irse a su tierra natal donde tenía casa propia. Dos meses después participa en un espectáculo en el que también estuvieron El Pena, Manuel Torre, La Niña de los Peines, y Jiménez de Coín, cantaor aficionado nacido en Coín como su propio nombre indica.

Después de las grabaciones que hizo en 1910, con la guitarra de Ramón Montoya, se recluye definitivamente en Málaga, sigue cantando adonde lo llaman –cada vez menos-, con esporádicas salidas, como la que hizo a Sevilla para cantar en el Café Novedades. Sus actuaciones se limitan a las ventas que por entonces había en Málaga, la actuación en el Café de Chinitas, junto con Diego “El Perote”, a su participación en un homenaje que se le rinde a La Trini en Málaga y a una gala en el Teatro Principal de su pueblo, donde se despidió de la afición. Esto ocurría en enero de 1918 y unos meses después, el 8 de junio, moría en su último domicilio de Málaga, en la calle Canasteros número 9, a las siete de la tarde.

Desgraciadamente, murió sin ser reconocido como el personaje que había honrado el nombre de Málaga por toda España. Corrían otros tiempos para el flamenco. Hoy, sin embargo, la ciudad donde naciera lo recuerda como a uno de sus hijos predilectos con un magnífico monumento a su figura, situado en la Plaza del Carmen, en cuya base pueden leerse los versos que le dedicara García Lorca: "Nada como su trino. Era la misma pena cantando detrás de una sonrisa... Como Homero cantó ciego. Su voz tenía algo de mar sin luz y naranja exprimida...".

Discografía
A la luz de sus grabaciones, no podemos certificar su proclamada grandeza ni tampoco
la importancia que tuvo en su tiempo, aunque es evidente que la fama de que gozó tuvo sus razones de peso, por cuanto fue duradera en el tiempo, pero siempre dentro del contexto histórico-social y artístico de su época. Hoy, quizá, no hubiera pasado de ser un cantaor aceptablemente bueno, un intérprete con gran conocimiento de los estilos que cultivó; aunque no descartamos que resolviera otros con soltura y brillantez, pero lo cierto es que no los grabó en aquella serie que inicialmente iba a ser de diez discos y que al final se quedó en la mitad. Sin embargo, otros artistas – Pastora Pavón, Niño de las Marianas, Niño Medina, Manuel Pabón, Fernando el Herrero y Niño de la Isla- que entraban en el mismo proyecto dirigido por Ramón Montoya -guitarrista junto a Juan Breva, pues recordemos que fue uno de los cantaores pioneros en acompañarse sus propios cantes con la guitarra- sí grabaron la serie completa.

Las razones las desconocemos, pero es razonable pensar en su edad y en la falta de repertorio como las causas del hecho que comentamos. Causa extrañeza, ciertamente, si tenemos en cuenta la categoría que se le achaca a Juan Breva, cuando entonces mayor que la de los artistas citados. También pudiera ser que la casa de discos viera más negocio en los más jóvenes que en el cantaor veleño ya en último tramo de su carrera artística.

Nos encontramos, pues, ante una discografía escasa en la que registró diez cantes, titulados en los créditos como malagueñas, malagueñas-fandanguillo, fandanguillos, verdiales, soleares, soleares, peteneras, guajiras, soleares y malagueñas; grabados todos, como ya hemos dicho, en 1910 y puestos en el mercado en los primeros meses del siguiente año con el sello International Zonophone Company (Gramophone). Cuatro años más tarde se volvieron a reeditar los cincos discos con los números de referencia cambiados, pero sin variación alguna en los contenidos. Y durante los años siguientes aparecieron nuevas reediciones, cada vez más reducidas, hasta que acabaron desapareciendo del mercado.

Tras muchos años, ya con técnicas actuales, volvieron a ser reeditados sus cantes, recogidos en formatos más modernos, aunque con escasa información y mezclando las antiguas reediciones, lo cual ha ayudado a confundir más que a aclarar al aficionado común o al estudioso distraído.

A la vista de su discografía, pues, no podemos decir que Juan Breva fuera un cantaor largo, aunque es cierto que en aquella época casi ninguno lo era, entre otras razones porque los cantes flamencos se estaban formando. Su bagaje era corto en cantidad y en variedad, lo que choca con la fama que le precedía. Tengamos en cuenta que, junto a Silverio, El Nitri y Chacón, era considerado uno de los grandes. Claro que, tratándose del arte flamenco, los valores son distintos dependiendo de la época. Hoy, probablemente, sería un cantaor más o menos sobresaliente, pero entonces era una figura por su calidad de pionero y sus cualidades canoras, tan apropiadas para las condiciones acústicas de los cafés cantantes y los teatros.

También nos llama la atención lo poco evolucionados que nos presenta los cantes en un tiempo en el que el cante flamenco estaba en plena ebullición. Parece como si el maestro quisiera mantener el prurito de ser el pionero y conservar las fuentes frente a la avalancha renovadora propiciada por otros artistas. Así, mientras él sigue cantando sus fandangos abandolaos –a los que llama malagueñas-, Chacón viene a Málaga y a Granada y transforma el viejo fandango en “malagueñas nuevas” y en granaínas y medias granaínas. O se va donde cantan los mineros y transforma sus primitivos cantos en cantes flamencos redondos musicalmente y cargados de no poca dificultad interpretativa.

Los fandangos abandolaos que dejó grabados son la mejor muestra de su capacidad creadora: lo que eran fandangos verdiales del folclore local, fueron en su boca cantes con aire abandolao de corte personal, pues con tal fuerza y acierto les imprimió su personalidad cantaora que han quedado como “Cantes de Juan Breva”: son los que responden, por ejemplo, a las letras o coplas “Ni el canario más sonoro”, “Tienes tan malas entrañas” y “En la Cala hay una fiesta”, este último conocido en su tierra como verdial de Vélez. A lo dicho hay que hacer una sola excepción: de los que dejó grabados, uno de los titulados como “Malagueñas” (“A visitarte he venío”) corresponde en realidad a la mezcla de dos estilos de Lucena popularizados por Cayetano Muriel “Niño de Cabra” y otros.

De los ocho estilos por soleá que dejó grabados, cuatro podrían enmarcarse dentro de los de Triana –adjudicados a distintos cantaores como El Fillo y Manuel Cagancho-, aunque a todos aporta matices propios, sobre todo al que responde a la copla “Si no fuera por mi hermano…”. De éstos, uno de ellos –el que comienza “Ni los templarios de Roma”, reconocido como de Enrique Ortega “El Gordo”- está emparentado con las formas de soleares apolás que se suelen interpretar como remate del polo o la caña y que en Ronda se le atribuye a Ana Amaya Molina “Aniya la de Ronda” o “Aniya la Gitana”, que de las dos formas era conocida. Tres estilos más están cantados de acuerdo con los que cantaba Mercé “La Serneta” (“Nunca a la ley falté”, “Me quitan de que te hablé” y “En qué cosa me has metío”). Y uno, que hemos de destacar por ser el que más deja a las claras las aportaciones de nuestro cantaor, que se corresponde con la letra “Lo que intento logro…”.

Las peteneras registradas por Juan Breva son todavía un cante sin terminar, más cercano al folclore del que proceden que al cante transmitido por Medina el Viejo y la Niña de los Peines posteriormente. La Rubia, en versión propia, y Paca Aguilera, que las canta acompañada con castañetas o palillos, tienen registradas sendas peteneras, que, sin ser iguales, están en la misma línea de transición que tienen las que grabara Juan Breva.

Las guajiras que nos dejó el afamado cantaor siguen el camino que va desde lo folclórico a lo flamenco. Son primitivas. Y tan rudimentarias, que más suenan a los cantos primeros que en Cuba se debieron dar. No son sino el principio de lo que después sería, ya definitivamente evolucionado, el más representativo de los cantes de origen americano. En este sentido, llama la atención que las letras que canta Juan Breva por guajiras no se ajustan a la métrica habitual en este cante, la décima o espinela, sino que utiliza otras formas métricas, por lo que tiene que forzar la estructura literaria con añadidos que desvirtúan el cante.

La influencia de sus cantes
Cuando Juan Breva nació (1844) ya existían cantes denominados malagueñas, jaberas y rondeñas (“Érase una la malagueña por el estilo de La Jabera (. . .).”, escribe Serafín Estébanez Calderón “El Solitario” en su escrito “Asamblea General”, aparecido en las páginas de “El Siglo Pintoresco” en noviembre de 1845). Es decir, fandangos abandolaos, según posterior denominación. De lo que deducimos que el paso del fandango bailable (folclórico) a fandango flamenco ya se había producido.

Está claro, por tanto, que el cantaor de Vélez Málaga se encontró el trabajo, si no hecho, muy adelantado, lo que no quiere decir que él no contribuyera a la consecución definitiva de la obra musical; aunque no dejen de asaltarnos dudas razonables en cuanto a su verdadera importancia, por cuanto su labor se limitó a poner en valor flamenco los fandangos de su tierra amén de sus personales interpretaciones de otros cantes como la petenera, la guajira y algunos estilos de soleá ya comentados.

Juan Breva es producto de los cafés cantantes. Sin ellos, tal vez, no hubiera pasado de ser un cantaor de excelente voz, la voz del campo, abierta y sonora, pero sin una técnica aprendida y menos aún depurada con el estudio de los cantes más elaborados que obligan al cantaor a plantearse registros distintos y el cultivo meditado de los distintos tonos que requiere el cante flamenco, los tonos altos, medios y bajos. Basta con escuchar sus escasas grabaciones para corroborar lo dicho.

Quizá por esa razón nunca grabó “malagueñas nuevas” –la malagueña actual-, como bien lo pudo hacer ya que en 1910 este cante estaba prácticamente desarrollado musicalmente, como lo demuestran las grabaciones de distintos artistas, entre los que hemos de destacar a Antonio Chacón, verdadero artífice de la definitiva evolución de este gran cante y sus variantes artísticas. Y, además, cantaores como El Mochuelo, El Pena, Paca Aguilera, La Rubia, etc. se habían despegado del camino que venía del folclore musical y habían emprendido un nuevo camino flamenco que después sería seguido por las generaciones venideras. Verbigracia: la malagueña de La Peñaranda no es sino la culminación musical del cante por jabegotes. Así lo entiende la Niña de los Peines que tiene grabado el citado estilo con el ritmo abandolao que traía aprendido de su estancia en Málaga.

Los fandangos que canta Juan Breva son diferentes a todos los demás cantes del grupo. Sin embargo, esto es así no porque la tierra donde naciera Antonio Ortega Escalona les imprimiera carácter propio —aunque es de suponer que algo les aportaría en su raíz—, sino porque él, con su personalísima forma de cantar, les dio un empaque y una categoría flamenca que los fandangos de Vélez-Málaga no tenían. Hasta el punto, que desde que el cantaor veleño les inyectara su sangre cantaora, cante y cantaor se fundieron en un todo pleno de tercios vivos y duros para dar un cante nuevo: los Cantes de Juan Breva.

De dichos cantes no se puede negar la influencia en determinados estilos de malagueñas, tal y como los conocemos en la actualidad. Y, sin embargo, contrariamente a la denominación de los cantes en el primero y quinto discos de los que grabó (International Zonophone Company. N9 matriz: 16.128—16.129—16.137), no se puede hablar de malagueñas de Juan Breva porque éste no las creó; aunque bien pudiera haberlo hecho pues parte de su vida artística y el nacimiento del cante por malagueñas coinciden en el tiempo.

Sus cualidades canoras y probada capacidad musical para éste y otro tipo de cantes están fuera de toda duda; y, además, cuando graba en 1910, la estructura musical de la malagueña está hecha; la prueba es que dos años antes Sebastián “EL Pena” graba malagueñas y hace referencia a sus creadores en la misma grabación.

De sus cantes, tres estilos parecen ser los más representativos, aunque entre ellos apenas si existe la diferencia expresiva que
le aporta el cantaor en cada momento, que aún hoy se cantan con estas coplas:

Ni el canario más sonoro,
ni la fuente más risueña,
ni la tórtola en su breña,
cantarán, como lloro,
gotas de sangre por ella.

Tienes tan malas entrañas
que gozas en mi agonía,
pero el día llegará
que, llorando noche y día,
me has de venir a buscar.


En la Cala hay una fiesta,
mi mare me va a llevar.

Y como iré tan compuesta
me sacarán a bailar.
Llevo yo mis castañetas.


Además de los citados, que se pueden escuchar con esas u otras letras, netamente suyos, hay que hacer mención especialmente a un estilo de fandango abandolao, conocido como “fandango de Frasquito Yerbabuena”, que en realidad tiene todas las características que adornan los cantes de Juan Breva. Quizá lo correcto sería decir: “Fandango de Juan Breva, según Frasquito Yerbabuena, en versión de (póngase aquí el nombre de alguno de los muchos artistas que lo han cantado y lo cantan, empezando por Manuel Celestino Cobos “Cobitos” y acabando por Enrique Morente)”.

Como hemos dicho, el eslabón de sus fandangos es determinante en la cadena que acaba en la malagueña; pero hay un caso clarísimo que corrobora definitivamente lo dicho: el estilo conocido como “malagueña de El Niño Vélez”, probablemente la última creación verdadera que se ha dado en el cante por malagueñas.


Notas
El texto, adaptado y actualizado, pertenece al libro " El flamenco en Málaga. Historia y actualidad de sus cantes y sus artistas", publicado por editorial Almuzara, Córdoba 2010.

“Vida de Juan Breva”. Miguel Berjillos. Málaga. 1976

El subrayado es nuestro. Del libro “Juan Breva: Vida y Obra”. Gonzalo Rojo Guerrero. Málaga 1992

Hay pocos datos de esta cantaora, pero sabemos que era natural de La Peza, pequeño pueblo granadino de la comarca de Guadix, donde nació en 1865. Trasladada desde niña a Granada, se distinguió por la interpretación de los fandangos de la provincia con los que llegó a gozar de cierto nombre actuando en los cafés cantantes de Andalucía y Madrid.

“Madrid Cómico”, 28 de diciembre de 1880. “Juan Breva: Vida y Obra” (op. cit.)

Julián Gayarre fue contemporáneo de Juan Breva y ambos se profesaron mutua admiración y amistad. Nació en Valle del Roncal (Navarra) en 1844 y murió en Madrid en 1890.

“Las tres muertes de Juan Breva”. Artículo de José Luís Ortiz Nuevo en “El eco de la memoria”. Ed. de “Málaga en Flamenco 2007”:
“Así la publicación periódica Málaga Cómica incluye en sus páginas (10 de octubre de 1885) la siguiente rectificación sobre una primera muerte anunciada. "Son muchos los periódicos de Provincias que vienen ensañándose con Juan Breva. Todos se hacen eco de la noticia dada por la prensa de esta capital, referente al fallecimiento del célebre cantaor; pero ninguno reproduce la rectificación hecha por los mismos diarios de Málaga", a lo que acompaña "¡Juan Breva vive, vive para eterna gloria de nuestro cante! (No del cante de la redacción sino de la región andaluza)".

El célebre artista de Vélez estaba vivito y coleando por entonces tanto que poco tiempo después, en 1886, se anunciaba a bombo y platillo su inclusión en un cuadro que acompañaría a las Viejas Ricas de Cádiz en el Teatro-circo Variedades, según la Unión Mercantil del 27 de abril del mismo año, donde aparecía como cantador junto a Félix Magan o Antonio Pozo.

El Tribuno, otro periódico de finales del siglo XIX, hace mención a esta primera necrológica incierta en sus páginas del 7 de enero de 1891. "Este famoso cantaor a quien se dio por muerto no hace mucho tiempo y se dijo después que había perdido la voz, ha llegado a Madrid y anoche tuvieron el gusto de oírle sus amigos en el acreditado colmado El Puerto. La llegada de Breva es todo un acontecimiento para los aficionados, que muy pronto tendrán ocasión de oír a aquel rey del cante. Juan Breva no sólo no ha perdido la voz, sino que puede decirse que la ha mejorado".

El segundo obituario dedicado a Juan Breva tiene fecha de 1913, aparece en El Guadalete de Jerez el 16 de julio de aquel año, publicándose en éste íntegramente una extensa y sentida necrológica del ilustre vecino de Vélez aparecida previamente en El Cronista de Málaga. Para comenzar la historia no estaba tan clara: "Obscuramente ha fallecido en Almería el famoso artista de cante andaluz Juan Breva (...)", artículo fallido al que le seguían todo clase de elogios y piropos en el que se recordaba su cúspide artística "En los tiempos del auge del gran cantaor cuando vivía en Madrid, fue solicitado para muchas juergas de rumbo. Juan Breva se hizo oír de reyes y de príncipes, de nobles y magnates, que lo consideraban como el divo del cante hondo".

En aquel mismo obituario se hacía alusión a un retiro dorado en el que vería el ocaso de su vida, algo alejado de su auténtico y desgraciado final. "Juan Breva se retiró a vivir de sus ahorros. Ganó mucho y conservó lo preciso para pasar una vejez sin privaciones".

Como anécdota de alcance, al día siguiente de salir en los papeles este obituario, el mismo periódico de Jerez se hace eco de lo publicado en el Diario de Cádiz, en el que se comenta la visita a la redacción del hijo del cantaor, que no sale de su asombro cuando le informan de lo publicado, su padre, muerto y él sin enterarse.

Todo quedó en otro malentendido de la prensa. Así rezaba la noticia mencionada: "Había venido dicho señor a Cádiz para viajes de negocios creyendo en completa salud a su padre, que reside en la provincia de Almería y aunque persona de su amistad con quien estaba, procuró ocultarle el triste anuncio de su muerte, que publicó el Cronista de Málaga y aquí se reprodujo, por una de esas coincidencias que no son raras (..) Se comprenderá la dolorosa sorpresa del viajero aludido, quien tenía carta de su padre, fechada el viernes, sin ningún dato o indicio de que estuviera enfermo. Telefoneó en el acto y vino al Diario por si conocíamos algunos antecedentes más, de que carecíamos. Celebraremos que obedezca a un lapsus dicha información, y que la respuesta esperada sea tranquilizadora".

Por último 'El eco de la memoria' publica la última, verdadera y definitiva necrológica del cantaor aparecida en El Regional, el 9 de junio de 1918, murió el día anterior, donde se daba cuenta de su silenciosa y decrépita muerte. El veleño universal aparece también recordado en ella en su cumbre artística. En los tiempos donde compartía éxitos de relumbrón con los toreros Lagartijo o Frascuelo y donde le iban a la zaga Chacón, El Canario o La Trini.”

“El flamenco en Granada. Teoría de sus orígenes e historia”. Granada 1974.

Nombre artístico de José Núñez Meléndez. Cantaor de los considerados enciclopédicos, nació en Sevilla en 1887 y falleció en Madrid en 1980. Del libro “Pepe el de la Matrona. Recuerdos de un cantaor sevillano”. Recogidos y ordenados por J. L. Ortiz Nuevo. Ed. Demófilo. Madrid 1975.

Rafael Rico Expósito, nació en Jerez de la Frontera el 12 de mayo de 1867 y murió en Málaga en 1923. Cantaor y guitarrista, se le atribuyen dos estilos de soleá, uno de ellos transmitido por Diego “El Perote” y Ángel de Álora. Del libro “Antonio Mairena en el mundo de la siguriya y la soleá”. Luís Soler Guevara y Ramón Soler Díaz. Fundación Antonio Mairena. Málaga 1992.

Según José Blas Vega y Manuel Ríos Ruiz (Diccionario Enciclopédico del Flamenco. Ed. Cinterco. Madrid 1988), fue hijo del guitarrista Manuel Montero Pérez, cuñado a su vez del cantaor Silverio Franconetti.

Nombre artístico de Miguel Borrull Castelló. Guitarrista de fama y prestigio, fue el patriarca de una saga de artistas flamencos de nombre. Nació en Castellón de la Plana en 1866 y murió en Barcelona en 1946, adonde llegó a ser dueño del colmao Villarosa, local de fama, situado en las Ramblas, en el que cantó Manuel Torre. Entre otras virtudes flamencas, se le achaca la creación del toque por rondeña.

Enlace para descargar el libro que contiene el artículo sobre éste y otros artistas:
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Presentación
Este nuevo libro (*) es una galería de retratos, perfilados a partir de lo que sabemos, escuchamos y vemos. Más de un ciento de artistas aparecen a lo largo de las páginas de este anuario, escrito para echar una mirada sobre escritores, pintores, cantaoras y cantaores, guitarristas, bailaores y bailaoras que fueron o son, que estuvieron y están, elegidos por mor de la razón crítica o por afinidades estéticas de quien escribe con el que describe.
En él encontraréis –de la A a la Z- artistas ya desparecidos y otros, la mayoría, que pertenecen a nuestro tiempo y siguen en activo, ofreciendo lo que mejor saben hacer en los escenarios de todo el mundo. Entre ellos, los hay famosos, legendarios, jóvenes y veteranos, profesionales y aficionados, pero todos de una calidad contrastada y con trayectoria suficiente para ocupar un lugar en la Historia del Flamenco.

Los textos que aparecen a lo largo de las casi trescientas páginas fueron publicadas en la revista de flamenco El Olivo, en las páginas de Marbella Express y en ÁticoIzquierda.es, aunque hay alguno más que salió en el diario Viva Marbella. Ahora se publican tal y como se escribieron en su día, sin quitar ni poner nada. Aunque muchos de los textos se escribieron hace veinte años o más, lo que se dice en ellos sigue tan vigente como entonces. El tiempo transcurrido no les quita actualidad, sino que les añade solera.

Con nombre propio es, por tanto, una obra de consulta de lectura fácil que busca la complacencia de los lectores que además de datos precisos quieren pasar un buen rato leyendo sobre flamenco, aunque eso no signifique que el libro esté escrito exclusivamente para quien ama esta música.

Ficha:
Autor: Paco Vargas
ASIN: B08XQSQGFF
Foto de portada: Luisa Chicano. Autor: Juan Recio
Longitud de impresión: 352 páginas
Formato: Versión Kindle
Idioma: español
Tamaño del archivo: 2310 KB
Uso simultáneo de dispositivos: Sin límite
Texto a voz: Activado
Lector de pantalla: Compatibles
Tipografía mejorada: Activado


Paco Vargas
Poeta, escritor y periodista
https://aticoizquierdaflamenco.blogspot.com/
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29/05/2024

Festivales flamencos de verano. Al calor de la noche


Hace aproximadamente sesenta años que se inventó una forma diferente de exponer el flamenco, los festivales de verano, que hasta entonces sólo se podía disfrutar en los teatros, cines, plazas de toros, plaza de cualquier pueblo, almacén habilitado para el caso, etc. Este tipo de espectáculos nació como consecuencia de la imposibilidad de ofrecer el “nuevo flamenco” que estaba surgiendo, en contraposición a los ramplones espectáculos cuajados de “niños” y “niñas”, en los mismos escenarios donde se ofrecían éstos Festivales flamencos de verano. Al calor de la noche
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