Revista de Cultura Popular, Andaluza y Flamenca
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La Paquera: Alegría y drama del Cante Flamenco

En ella podemos encontrar de todo, desde copla hasta los cantes más serios, aunque es cierto que proliferan los cantes en los que más a gusto se siente predominando los jerezanos por encima de otros estilos

25/04/2023.

Por Paco Vargas
https://aticoizquierdaflamenco.blogspot.com/



Ya no quedan cantaoras como ella: primitiva y salvaje, estridente y agresiva, provocadora y prosaica, comunicadora y popular, intransferible y única, valiente y arriesgada, grito desgarrador, poema noctámbulo y ebrio, artista a su manera. Flamenca de romper y rasga.

Francisca Méndez Garrido nació en Jerez de la Frontera (Cádiz) en1934, antesala misma de aquella tragedia que sumió a España en la peor y más indigna de las derrotas. Cuchichí de nacimiento, pues su padre era gitano pero su madre no, pertenece a una familia de gran solera cantaora, los Méndez, asentada en el barrio de San Miguel. Es sobrina de El Pili, cantaor de cierto nombre en su época, tía de Las Paqueras y familia de una larga saga de jóvenes artistas que hoy son en Jerez.

Apenas había estrenado adolescencia cuando se inició en las fiestas íntimas de su Jerez natal, entonces como ahora poblado de señoritos, a las que era llamada con frecuencia pues seguramente reunía todas las características precisas para encajar en aquellas fiestas que irremediablemente acababan empapadas en alcohol, con olor a ensolerado caldo de la tierra, y convenientemente empolvadas, aunque no sé si bien pagadas.

Sea como fuere, eran tiempos de hambre y había que comer cada día. Y la verdad, entre trabajar de bracero en el cortijo y cantarle al señorito –algunos, primero trabajaban de sol a sol y después cantaban- la elección era indudable. En el caso de La Paquera esta situación duraría poco, pues en cuanto pudo se fue a Madrid –refugio que fue y es de tantos flamencos- donde desde el primer momento gozó de la predilección de los aficionados.

En 1957 debutó en el tablao madrileño El Corral de la Morería causando sensación y enseguida comienza a trabajar en otros tablaos madrileños en los que pasó largas temporadas, como fue el caso del tablao Torres Bermejas, al que se incorporó en 1.962, y el Tablao Las Brujas en el que fue contratada en 1963, aunque más que en ninguno estuvo en Los Canasteros de Manolo Caracol donde se presentó en 1972. En Sevilla trabajó en el tablao Los Gallos, donde debutó en 1968, y al que volvió en 1970, y también en el conocido y popular La Trocha a partir de 1976.

Pero a nuestra cantaora ese mundo parecía quedárselo estrecho y al calor de la fama comenzó a participar, junto a otros artistas de nombre, en aquellos espectáculos que recorrían España y que hacían las delicias del respetable. Así, participó en gran número de espectáculos teatrales tales como “España por bule¬rías”, que es su primer espectáculo, con el que recorrió el país en 1959.

En 1960, encabezó el titulado “Arte español”, junto a Él Farruco, Juanito Maravilla y El Chocolate. Ese mismo año alcanzó un gran éxito, en la sala de fiestas madrile¬ña York Club. Al siguiente, formó par¬te del elenco “Alegrías de Andalucía”, presentado en el Teatro Cómico de Ma¬drid, así como el de variedades “Así se canta en Jerez”, en el que figuraban Jua¬nito Osuna, Félix de Utrera y Pepín Ca¬brales, que recorrió diversas ciudades españolas.

“Carrusel de canciones”, pre¬sentado en el Circo Price, fue su espec¬táculo de 1961. Y en el espectáculo “Ronda de canciones”, actuó en 1962, tan¬to en Madrid como en una larga gira por España. En 1965, compartió cabecera de cartel con Rafael Farina, en los espectáculos “Bronce y so¬lera” y “Embrujo y tronío”, espectáculo éste, si bien actualizado y renovado, con el que realizó una de sus últimas giras, durante el año 1978.

Ya en esta época, fina¬les de los setenta, sus actuaciones se ci¬ñen principalmente a los festivales an¬daluces y en peñas flamen¬cas, destacando entre estas participacio¬nes su intervención en la III Bienal de Arte Flamenco Ciudad de Sevilla, en 1984, y en la III Cumbre Flamenca de Madrid, en 1986, junto a miembros de su familia. Ella ha estado presente en la mejor época de los festivales flamencos, obteniendo grandes éxitos y siendo cabecera de cartel durante muchos años.

Su gran voz, los cantes que mejor domina, su capacidad para conectar con el público, han sido desde siempre sus mejores armas para triunfar en estos eventos flamencos que llenan de música y jolgorio las cálidas noches andaluzas. Entre las muchas distinciones que le han sido otorgadas y no pocos premios que ha obtenido, es pertinente destacar los siguientes: Popular del diario Pueblo, en 1964. Premio Niña de los Peines en el Concurso Nacional de Arte Flamenco de Córdoba de 1971, la Copa de Jerez de la Cátedra de Flamencología y Reina de la Bulería en 1971.

Desde que grabara su primer disco al comienzo de los años cincuenta, no ha parado de visitar los estudios discográficos, si bien en los últimos años esa faceta la tiene algo parada, quizá por falta de ganas o tal vez porque no acepte las condiciones de las casas discográficas, cada día más preocupadas por el puro interés comercial que por respetar a los artistas que lo son de verdad, como es el caso que nos ocupa. A pesar de todo, su discografía es muy amplia tanto en calidad como en cantidad.

En ella podemos encontrar de todo, desde copla hasta los cantes más serios, aunque es cierto que proliferan los cantes en los que más a gusto se siente predominando los jerezanos por encima de otros estilos. En toda su obra, sin embargo, ha encontrado siempre el respaldo de la afición, que ha seguido fielmente sus nuevas propuestas hasta hacerle obtener una gran popularidad con prácticamente todas sus grabaciones.

Cuando se inició en el cante y comenzó a cantar en público, siendo casi una niña – apenas tenía los diecisiete años cumplidos-, puso de manifiesto sus patentes características de cantaora que le han acompañado siempre, cuales son: su terrible y trágico grito, su brío y su empuje, su entrega total, su afán y su capacidad por llevar los tercios a límites insospechados, o su enorme poderío y su atractivo artístico para meterse al respetable en el bolsillo desde el primer quejío que sale de su boca.

En sus tiempos de apogeo – y en estos que corren- la Paquera fue –y es- una verdadera institución en el cante de su tierra. Aun no siendo una cantaora larga –si entendemos como tal la largueza cantaora de una Niña de los Peines-, conoce los estilos. Si bien, es justo reconocer que, tanto en sus actuaciones como en su discografía, su repertorio se resume en el limitado número de estilos que cultiva; aunque en todos ellos ha acreditado –y acredita- una personalidad y un eco cantaor únicos e imperecederos que enganchan a la primera. Resuelve los cantes con agresividad y sin concesiones a la galería, aunque a veces su espectacularidad nos haga creer lo contrario.

Sus bulerías, de un ritmo frenético y un compás inasequible para los menos dotados, de las que ella misma confiesa “que son luz, como eran las del Gloria", -cantaor por el que siempre ha sentido gran admiración-; sus fandangos, que lanza a pleno pulmón hasta inquietar el sosiego que el alma necesita para entregarse a la ceremonia del cante; los tientos, hechos con pasión y armonía, cuyos ecos nos retrotraen en ocasiones a voces como la de su paisano Juanito Mojama; los tangos, de expresión gitana perturbadora y singular que hace removerse en su escaño al espectador; las saetas, que son como un estallido capaz de romper la noche en múltiples sentimientos (Cuánto no daría este aficionado por poderle escuchar un cante por saetas ante la imagen del Cristo del Prendimiento – “El Prendi”, como le llaman en Jerez-) o la soleá por bulerías –“bulerías pa’ escuchá”, según denominación de origen jerezana- son aval suficiente para una cantaora que ha hecho y es historia. Sobre todo, en estos tiempos que corren en los que la ramplonería y lo sin sustancia intentan suplantar los valores eternos del cante de mujer.



"GENTE SIN ESCRÚPULOS". NOVELA
"A CONTRACORRIENTE. POESÍA VIVIDA"

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Fuente: Revista Flamenca Fuente Vieja
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