05 de agosto.
Miguel Terrino VARGAS
Revista Flamenca Fuente Vieja
Guacamayo: El vuelo de José Maldonado entre el Flamenco, la selva y la libertad creativa
El artista multidisciplinar presenta una de las propuestas más singulares del flamenco contemporáneo, uniendo baile, música y pintura en vivo en una obra que transforma el escenario en un espacio de creación permanente.
Hay ocasiones en las que el flamenco encuentra nuevos caminos para expresarse sin perder la verdad de sus raíces. Ocurre cuando un artista decide escuchar la tradición, comprenderla profundamente y, desde ese respeto, aventurarse hacia territorios inexplorados. Ese parece ser el caso de
José Maldonado, bailaor, coreógrafo, director artístico y creador plástico que acaba de alumbrar
Guacamayo, una propuesta escénica que promete convertirse en una de las experiencias más estimulantes de la próxima temporada.
El proyecto, que llegará al público los próximos días 12 y 13 de septiembre en los Teatros del Canal de Madrid y el 16 de octubre dentro del Festival Dansat & Festival Ciutat Flamenco de Barcelona, representa mucho más que un espectáculo. Estamos ante una investigación artística donde el flamenco dialoga con la pintura, la danza contemporánea y la creación visual en tiempo real, construyendo un lenguaje propio que desafía las fronteras tradicionales de las disciplinas artísticas.
El flamenco como territorio de encuentro
A lo largo de su historia, el flamenco ha demostrado una extraordinaria capacidad para absorber influencias sin perder su identidad. Desde los antiguos cantes de ida y vuelta hasta las corrientes contemporáneas que han enriquecido su universo expresivo, el arte jondo siempre ha encontrado en el intercambio cultural una fuente de crecimiento.
Guacamayo se sitúa precisamente en esa tradición de apertura y búsqueda.
La semilla de esta obra nació de una curiosa coincidencia. José Maldonado descubrió que la mayor concentración de guacamayos del Amazonas peruano se encuentra en Puerto Maldonado. Aquella casualidad despertó una inquietud que terminó llevándolo hasta la selva amazónica, donde convivió durante varios días con un paisaje marcado por colores intensos, sonidos desconocidos y una naturaleza exuberante.
Aquella
experiencia acabaría transformándose en inspiración artística.
Cuando el baile deja huella sobre el lienzo
Uno de los aspectos más originales de la propuesta reside en la convivencia simultánea de las dos grandes pasiones creativas del artista.
Por un lado, aparece el flamenco, lenguaje que Maldonado ha desarrollado durante años como intérprete, coreógrafo y creador. Por otro, las artes plásticas, una disciplina que ocupa un lugar igualmente importante dentro de su trayectoria.
En
Guacamayo, ambas expresiones se encuentran sobre el escenario.
Mientras baila, el artista pinta. Mientras el cuerpo se mueve al compás de la música, el lienzo recoge emociones, gestos y movimientos que quedan fijados como memoria física de cada representación.
Cada función genera una obra distinta.
Cada trazo nace de un instante irrepetible.
Cada color se convierte en una prolongación del movimiento.
La selva amazónica como metáfora flamenca
La dramaturgia de la obra se articula alrededor de tres símbolos fundamentales.
El primero es el color, inspirado en la extraordinaria riqueza cromática del guacamayo y asociado a los diferentes estados emocionales que atraviesan la creación.
El segundo es el vuelo, entendido como metáfora de libertad, transformación y búsqueda personal.
El tercero es la propia selva amazónica, representada como un espacio de conexión con los impulsos más primarios del ser humano, con aquello que permanece intacto bajo las capas de la rutina y la razón.
A través de estos elementos, Maldonado construye una experiencia escénica donde el flamenco se convierte en un ecosistema vivo, cambiante y profundamente sensorial.
La música de Juan Gómez “Chicuelo” como paisaje emocional
La creación sonora del espectáculo cuenta con la complicidad de
Juan Gómez “Chicuelo”, uno de los guitarristas y compositores más influyentes del flamenco actual.
La colaboración entre ambos artistas parte de una premisa sencilla pero profundamente jonda: cada emoción necesita una atmósfera sonora propia.
Por ello, la selección de los distintos palos flamencos responde a estados anímicos concretos, construyendo paisajes musicales que permiten al baile expandirse con libertad.
La guitarra, el cante y la percusión no actúan
como mero acompañamiento. Se convierten en parte activa de la dramaturgia.
La música respira junto al cuerpo y el cuerpo dialoga con el color.
Una trayectoria marcada por la búsqueda constante
José Maldonado pertenece a una generación de artistas que han entendido el flamenco como un espacio abierto al diálogo y a la investigación.
Formado en Danza Española y Flamenco en el Conservatorio Profesional de Danza de Barcelona y enriquecido posteriormente junto a importantes maestros del baile, ha desarrollado una carrera caracterizada por la inquietud creativa y la construcción de un lenguaje propio.
Espectáculos como
Andrea,
Bodegón,
Galería o
Tres Piezas, así como diversos proyectos internacionales desarrollados en ciudades como Nueva York o San Francisco, han consolidado una trayectoria reconocida por crítica y público.
Entre sus numerosos reconocimientos destacan el
Premio Artista Revelación del Festival de Jerez y diversos galardones nacionales e internacionales de coreografía.
Sin embargo, más allá de los premios, su principal mérito reside en la coherencia de una obra donde el cuerpo, el sonido y la imagen forman parte de una misma investigación artística.
Un flamenco que mira al futuro sin olvidar la raíz
Con el apoyo de las Becas Barcelona Crea, del Institut de Cultura de Barcelona y del programa de Residencias de Creación del Centro Coreográfico Canal de la Comunidad de Madrid,
Guacamayo se presenta como una de las propuestas más sugerentes de la nueva temporada.
Una obra que confirma la vitalidad de un flamenco capaz de seguir reinventándose sin perder la memoria de quienes lo construyeron.
Porque la verdadera modernidad del flamenco nunca ha consistido en olvidar sus raíces.
Consiste en hacerlas crecer.
Fuente Vieja, a modo de susurro
Voló el guacamayo sobre la espesura de la imaginación y dejó suspendidos en el aire colores que parecían compases.
Bajo sus alas, el flamenco seguía latiendo con la misma verdad de siempre, recordándonos que la libertad no consiste en romper con el origen, sino en encontrar nuevas formas de regresar a él.
Fotos:
Marta Romero Coll
Texto:
Miguel Terrino VARGAS
Revista Flamenca Fuente Vieja