Revista de Cultura Popular, Andaluza y Flamenca
Hoy es Lunes, 07 de Septiembre de 2026
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Fundido en negro, una pantomima japonesa

23 de junio.

Francisco Hidalgo Gómez
Escritor y cronista flamenco




Había una cierta impaciencia porque se abrieran las puertas de acceso a la Sala Sandaru, expectación y ganas de que comenzase el espectáculo no solo porque era la última actividad del curso sino porque el bailaor protagonista, Andrés Marín, además de ser antiguo conocido en la Sociedad tiene una gran y lucida trayectoria y llegaba avalado por destacados premios:un Giraldillo al Baile, 2020, y, entre otros más, el Premio Nacional de Danza 2022. Además se le tiene considerado como uno de los grandes renovadores de la danza flamenca.

Hijo de artistas flamencos, ha vivido el arte desde pequeño, y probablemente nadie dude que es uno de los bailaores más singulares del panorama flamenco actual. Tiene, es indudable, un estilo personalísimo y una estética de absoluta contemporaneidad.

Leo acerca de él que es "director coreográfico, artístico y musical de su propia compañía, sus creaciones reflejan la libertad expresiva de una profunda investigación artística. De allí nace una poética rica en imágenes sugerentes, al servicio de su compromiso con el arte y con él mismo. En la actualidad se presenta como uno de los grandes renovadores del género".

Volvió a comenzar el espectáculo con retraso, en esta ocasión no por la consuetudinaria costumbre de permitir quince minutos de "cortés" margen de espera para los rezagados sino porque el tren en el que viajaron los músicos, Alfonso Padilla López, saxo, y Antonio Torres Olmo, contrabajo, llegó con noventa minutos de retraso, algo no infrecuente desde el descarrilamiento de Adamuz. Andrés Marín, el bailaor protagonista había viajado el día antes. Precaución, se llama.


Del Arigatô

Aclaro que la primera mitad del título de esta crónica es un homenaje al color de su indumentaria de las íltimas ocasiones. Lo de la segunda mitad del título lo digo por el nombre del espectáculo, “Arigatô Argentina”, por la máscara con la que se cubrió el rostro en la parte final del espectáculo y porque en un determinado momento exclamó, Soleá de Tokio. No sé si fue una gracieta aunque me permitió hilvanar algo de la cosa. La verdad es que fui absolutamente incapaz de identificar dicho cante en ninguna de las notas. Que conste que mi compañero de asiento, un muy experimentado y enjundioso guitarrista flamenco, tampoco. Tal vez sea porque hemos exportado mucho flamenco al país del sol naciente y hemos prestado nula atención a lo que allí se esté creando, si es que se está creando. Me impongo desde hoy mismo la obligación de intentar averiguarlo y saberlo. No tengas la menor duda de que si lo averiguo te lo diré.

Estuve desde el principio muy atento y concentrado pero no lograba conectar con lo que se nos ofrecía. Ese estar muy atento a lo que pasaba, me permitió, creo, que captara algunos detalles sueltos que me fueron dando pistas, espero que acertadas, de lo que iba la cosa. Habrá que pedir que vuelvan a distribuir antes de los conciertos la utilísima "Nota de sala" de siempre, que nos de información y facilite la comprensión, un mejor y más fácil entendimiento de lo que se nos ofrezca y que en tantas oportunidades anteriores nos ha sacado del atolladero.

Así, lo de Argentina del título me tuvo despistado un buen rato y sin acertar a qué se debía. Debió ser el propio bailaor protagonista quien nos desvelara que se refería a la eximia Antonia Mercé la Argentina.

Saberlo me ayudó a identificar algunas, no muchas, conste, de las músicas que le acompañaron en el baile, lo que me ayudó a disfrutarlo algo más. Danza del fuego fatuo, Granaína, aunque no estoy muy seguro, Vito y Malagueña de Lecuona.

Reconozco sincera y humildemente mi total incapacidad para entender algunos espectáculos "modernos", "vanguardistas", muy conceptuales y contemporáneos y menos aún disfutarlos. Y si el día no es precisamente mi día aún mucho menos. Y el día creo que no fue mi día.


Cumpleaños feliz

Por el bailaor protagonista, un habitual de la Casa, son ya media docena de veces las que ha taconeado su escenario, supimos al acabar la representación que ese día era justamente el del cumpleaños de Pedro Barragán. Como el resto de presente le felicité y aplaudí. A unirme al coral cantarle cumpleaños feliz no me atreví porque hace ya varias décadas que sé que lo de cantar no es lo mío.

Luego, ya en mi casa, pensé que si el espectáculo era lo que el presidente se había regalado pues solo me quedaba esperar que lo hubiese disfrutado.





Fotografía:
A. Pavón

Texto:
Francisco Hidalgo Gómez
Escritor y cronista flamenco
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