01 de junio.
Francisco Hidalgo Gómez
Escritor y cronista flamenco
La cuadragésimo segunda edición del
Festival de Arte Flamenco de Catalunya, que finalizó la semana anterior, presenta, en opinión de propios y extraños, un balance notablemente satisfactorio y positivo tanto a nivel artístico, con algunas muy sobresalientes actuaciones, muy destacadamente la de
Mayte Martín, la gran protagonista de esta edición, como de asistencia de público. Un año más ha conseguido que Cornellà sea la capital flamenca de Cataluña durante el mes de mayo.
Quedé pública, por ello, mi sincera enhorabuena a los gestores del Festival, pese a algún claroscuro y fallo, porque el resultado global de la cuadragésima segunda edición del Festival de Arte Flamenco de Catalunya ha sido un éxito casi redondo.
Mujeres del 27
En la conferencia escénica que ofrecimos en el Auditori de Sant Ildefons, con un satisfactorio lleno, contaba con la ventajosa ilustración de
Ángeles Camacho, cante, y J
uan Antonio Ruiz, guitarra, y el cierre del
Grupo D"Anea, que estrenó tres nuevos temas de lo que será su nuevo espectáculo, aún sin nombre definitivo y del que espero poder ofrecer información más completa y detallada en un próximo futuro.
Los dos primeros musicaron tres poemas para la ocasión. De
Concha Méndez el poema
Al nacer cada mañana, dedicado a
Maruja Mallo; de
Josefina de la Torre "Me voy a hacer un collar" y de
Luisa Muñoz de Buendía "A cuatro esquinas".
De la malagueña Zambrano, con música de
J. A. Ruiz, leí su poema
Ni los aires vuelvan a correr su vuelo...
"Ni los aires vuelvan a correr su vuelo.
Hondo aljibe del silencio
deja correr tu tesoro.
Inunda con él la noche,
los espacios, los ciegos corazones.
Para definitivamente al tiempo.
Silencio y muerte solos,
muerte y silencio, quietos".
No pude hablar, lógicamente, de todas las luminosas creadoras de la Generación del 27. Tantas y espléndidas son aunque se las tengo semiolvidadas.
Sí recordé especialmente a la pintora
Maruja Mallo, el grupo de las Sinsombrero, a la filósofa
María Zambrano, la eterna
Encarnación López La Argentinita, su relación con el torero
Sánchez Mejías, su estrecha amistad con
García Lorca y
Alberti y su participación en el estrreno de
"El maleficio de la mariposa" de el de Granada.
La Generación del 27 es el más rico e importante grupo creador de la historia de la literatura española, aunque no solo, que también le dedicaron su atención a otras manifestaciones artísticas. El próximo año se celebrará el centenario de su luminosa aparición.
El Festival ha querido adelantarse a dicha efemérides centrando su atención en las mayormente desconocidas, o ninguneadas y olvidadas, mujeres de esa generación,
autoras diversas y plurales, ricas y con voz propia. Esta conferencia escénica es su particular homenaje y reivindicación de su memoria y su obra
Claroscuro
Desoyendo el consejo de un buen amigo y a mí propia institución, me acerqué a comprobar de qué iba el espectáculo
"Locura flamenca' y por poder opinar con conocimiento de causa en caso de necesitar hacerlo ya que no disponía de información sobre él. Me habían dicho que
"En teoría es algo para niños, lo ha incluido el ayuntamiento." Pues vale.
Como me he comprometido a no escribir de lo que no me gusta, no he disfrutado o no visto, cumplo mi compromiso y no digo nada sobre ese
"supuesto espectáculo para niños" al que, afortunadamente para ellos, casi ninguno acudió a verlo. Si alguien pensó que el resultado fuese un desastre, lo logró plenamente.
Supongo que la artista protagonista,
Ruth Salama, vino ilusionada a actuar y que ante el cúmulo de contrariedad que se le pusieron en contra, hora poca propicia, solanera abrasadora sin sombras en las que aliviarse y, destacadísimamente, desastroso equipo de sonorización, debió sufrir, padecer y pensar que no había venido con sus faralaes y abanico a luchar contra los elementos. No, así no se programa ni se ofrece un espectáculo
La exquisitez
Por fortuna para mí y para los varios centenares de personas que acudieron, por la tarde-noche una deliciosa y espectacularmente sublime
Mayte Martín, exquisitamente acompañada a la guitarra por
José Gálvez, me hizo olvidar el agrio mal sabor de la susodicha
'Locura flamenca'.
La tarde noche de ese sábado 23 de mayo el Auditori de Cornellà lucia un expectante, nervioso, lleno absoluto de las grandes, esperadas y deseadas, actuaciones. La gran
Mayte Martín nos había convocado, acompañada a la guitarra de su habitual compañero de los últimos años,
José Gálvez, a escuchar los cantes que ha elegido incluir en su
"Arqueología de lo puro". No hay duda ninguna de que hoy es una de las primerísimas intérpretes del cante. Figura incuestionable y referencial, modelo y ejemplo.
Te podrá gustar más o menos su modo de cantar, te podrá alborotar más o menos tus adentros cuando la escuchas pero te resultará muy difícil, imposible, rechazar su modo, manera y estilo de acercarse a los cantes, al Cante, así con mayúscula, de hacerlo y ofrecerlo.
"Se trata de un mundo propio con sus claves y exclusivas reglas que a lo largo del tiempo ha ido afinando hasta encontrar el lenguaje que la identifica, que la define como cantaora única y perfectamente reconocible", ha escrito
J. M. Velázquez-Gaztelu.
Delicadeza, total y absoluta
Un desbordamiento de delicadeza y de buen gusto nos mantuvo embelesadamente atentos a cuanto hizo, dijo, poco, lo justo y preciso, y cantó, seis paladeados grupos de cantes, Levante, Malagueñas y abandolaos, Soleás, Seguiriyas, Tientos-tangos, y Bulerías. Después, aún nos regalaría un tema más, ante la ovación que no acababa del público en pie premiando la entrega, maestría y exquisitez de una artista singularmente única y personal que a fuerza de tesón, persistente estudio y entrega transita por caminos que hace parecer siempre nuevos y distintos.
El guitarrista, con quien se ha conjuntado muy exactamente, la meció durante todo el recital. La acurrucó con un toque sencillo y cuidado, atento, dejándola libre en su hacer y el lucimiento de sus melismas. La compenetración fue total, mimosamente exquisita.
Ofreció, en fin, toda una lección maestra de cante, sin despeinarse, adornando cada uno de ellos lo justo y preciso para que nos supieran a gloria, transitando por los sentimientos profundos de siempre, escarbando en las entrañas del flamenco, en las suyas propias para ofrecernos unos cantes tan de hoy como de siempre, verdaderos y eternos, demostrando que la transgresión está también en el regreso a las raíces.
Manuel Barrios, director-realizador, con quien aún tengo pendiente hacer un programa de flamenco, acabado el concierto, me envió un mensaje que te comparto como ejemplo de que no fui el único que lo disfrutó;
"Hola Paco, veo que te has ido ya... Nos llamamos. Ha sido un concierto estupendo, me ha emocionado mucho".
De la tradición a la vanguardia
Con la placentera resaca emocional que me desencadenó el espléndido concierto de
Mayte Martín la noche anterior me acerco, bajo un sol de justicia, a la pza. de Sants Ildefons a disfrutar de la actuación de
Antonio Lizana Quinteto, integrado por
Shayan Fathi, Batería,
Arin Keshishi, Bajo,
Mawi de Cádiz, baile, ¡qué sorpresa!, el mallorquín
Josep Pou, teclado y
Antonio Lizana, saxo, flauta, cante, composición.
Quizás no sea su música lo más sobresaliente de
Antonio Lizana y su grupo, aun siendo muy atractiva, ligera, fácil y pegadiza, en la que se reconocen diversas estéticas y escuelas, antecedentes reconocibles, sino su propia personalidad y capacidad de comunicación, la complicidad que establece entre sus músicos, el público y su música, con la que busca una singular sonoridad de una evidente base flamenca y que se vale de la fuerza del jazz, pensada para quienes vienen de la tradición y para sorprender a quienes la descubren por primera vez.
Al final, uno de los impenitentes aficionados, que aún los hay, se despedía de mí dándome las gracias por la conferencia sobre las mujeres del 27,
" ya sabes que no me pierdo ninguna de tus charlas", lo que le agradecí muy efusivamente, y afirmando rotundo que la actuación de Antonio Lizana había sido
"una de las mejores de los últimos años". Dicho queda.
Fotografías.:
José Hidalgo, M. A. Tabernero y Francisko Palomeque
Texto:
Francisco Hidalgo Gómez
Escritor y cronista flamenco