“Cuando un pueblo honra a sus artistas, en realidad está honrando su propia memoria.”
26 de marzo.
Miguel Terrino VARGAS Revista Flamenca Fuente Vieja
Hay artistas que nacen para cantar. Y hay otros que nacen para representar el alma de un pueblo.
En Utrera, tierra donde el flamenco brota como el agua de los viejos pozos de cal y silencio, una mujer vino al mundo el 1 de mayo de 1926 destinada a convertirse en uno de los nombres imprescindibles del arte flamenco: Pepa de Utrera.
Su nombre verdadero era Josefa Loreto Peña, pero el tiempo, el compás y la memoria colectiva terminaron regalándole un apellido artístico que ya pertenece para siempre a la historia del flamenco: Utrera.
”Porque Pepa no solo nació en Utrera".
Pepa era Utrera.
Sangre de cante Pepa llegó al mundo dentro de una de las estirpes más profundas del flamenco. Era nieta del legendario Pinini, hija del bailaor jerezano José Loreto Reyes “El Feongo” y de la cantaora María Peña Vargas, una de las grandes voces de la soleá.
Aquella casa era una auténtica fragua de arte. Entre sus parientes se encontraban nombres fundamentales del cante como Fernanda de Utrera y Bernarda de Utrera, sus primas hermanas, con quienes formaría más tarde uno de los tríos más legendarios del flamenco femenino.
Las tres fueron bautizadas por el flamencólogo Anselmo González Climent como “las tres de Utrera”, un triángulo artístico que representaba la esencia misma del cante gitano.
Pero si Fernanda era hondura y Bernarda fuego, Pepa era compás.
”Pepa de Utrera no cantaba a compás…
Pepa de Utrera era el compás.”
Una mujer valiente Ser mujer, gitana y artista en la España de mediados del siglo XX exigía más que talento: exigía coraje. Pepa lo tenía.
Desde muy joven mostró su deseo de ser artista y, desafiando prejuicios y dificultades, comenzó a abrirse camino en los escenarios. Con apenas veinticinco años ya cantaba en el tablao sevillano Cortijo del Guajiro, iniciando una carrera que pronto la llevaría a recorrer los escenarios más importantes del flamenco.
Su talento la llevó a participar en el espectáculo Salero de España de Concha Piquer, y en 1959 obtuvo el segundo premio por tientos y bulerías en el prestigioso Concurso Nacional de Cante Jondo de Córdoba, compartido con La Perla de Cádiz.
Era el comienzo de una carrera que acabaría convirtiéndola en una de las grandes embajadoras del flamenco de Utrera, fue una artista que hizo del compás su bandera.
Madrid y la época dorada de los tablaos En los años sesenta, Pepa emprendió el viaje que muchos artistas andaluces hicieron en aquella época: marchar a Madrid en busca de oportunidades.
La capital vivía entonces la edad dorada de los tablaos flamencos, y Pepa encontró allí su lugar.
Su nombre se anunció en templos históricos del flamenco como Torres Bermejas, Corral de la Morería, Los Canasteros o Villa Rosa, donde compartió escenario con artistas fundamentales de la historia del flamenco.
Allí coincidió con figuras como Manolo Caracol, Enrique Morente, el joven Paco de Lucía —cuando aún firmaba como Paco de Algeciras— o el tímido muchacho de San Fernando que terminaría revolucionando el cante: Camarón de la Isla.
Durante más de una década, Pepa llevó el nombre de Utrera por los escenarios de la capital, convirtiéndose en una auténtica embajadora del compás utrerano.
”La alegría del cante, el duende de la fiesta
y el compás que identifica a toda una tierra.
La fiesta hecha cante Pepa pertenecía a esa generación de artistas que cantaban mucho y ganaban poco. A los tiempos de los tablaos, de las noches largas y las fatigas del arte. Pero también pertenecía a otra cosa, a la alegría.
Su cante era fiesta, ritmo, picardía y sensualidad. En su voz convivían el compás gitano, la gracia natural y una fuerza escénica que hacía de cada actuación un momento irrepetible.
El cante de Pepa ha sido citado por escritores y poetas como los flamencólogos Ricardo Molina y Anselmo González Climent, Salvador de Quinta. Pero todo lo que cantaba ella estaba pintado del sonido de Utrera, ese compás sin prisas, El maestro Miguel Acal llegó a decir de ella que era “la mejor festera de España”, y no eran pocos los que aseguraban que Pepa era capaz de sostener una bulería durante minutos sin que el público dejara de vibrar.
Una vida de arte A lo largo de su carrera participó en festivales fundamentales como la Bienal de Flamenco de Sevilla, el histórico Potaje Gitano de Utrera, o el prestigioso Festival de Mont-de-Marsan en Francia.
También formó parte de la histórica grabación La Gran Historia del Cante Gitano Andaluz, dirigida por Antonio Mairena, considerada una de las obras discográficas fundamentales del flamenco.
Su carrera se extendió durante décadas, dejando una huella profunda en aficionados, artistas y estudiosos.
Sin embargo, los últimos años de su vida estuvieron marcados por la enfermedad de Alzheimer, que la apartó poco a poco de los recuerdos. Falleció en Utrera el 3 de mayo de 2009, a los 83 años.
”Pero la memoria del flamenco es más fuerte que el olvido
Un centenario con respaldp unánime El 1 de mayo de 2026 se cumplirán cien años del nacimiento de Pepa de Utrera.
Y ese centenario no será solo una fecha: será un acto de justicia.
En el Pleno municipal de Utrera del presente mes de marzo, se ha aprobado por unanimidad de los tres grupos políticos una moción —impulsada por el PSOE de Utrera— para conmemorar esta efeméride y reconocer la figura de la artista como uno de los pilares del patrimonio cultural de la ciudad.
Un acuerdo que trasciende lo político para situarse en el terreno de lo esencial:
la defensa de la memoria, la cultura y el legado flamenco.
Porque cuando una institución reconoce a una artista como Pepa, no solo mira al pasado…
se está construyendo futuro.
El compás que no se apaga Cien años desde que aquella niña gitana empezó a comprender que el cante no se aprende:
se vive. Hoy su figura vuelve a levantarse como una de las grandes referencias del flamenco del siglo XX.
Porque cuando el mundo flamenco habla de Utrera, inevitablemente aparece su nombre.
”Y es que hay artistas que cantan.
Y hay artistas que marcan el compás de una tierra.
Pepa fue una de ellas.
Fuente Vieja, a modo de susurro
Dicen que cuando cae la noche
y Utrera se queda en silencio,
en algún patio de cal
todavía suena una bulería.
Dicen que alguien marca el compás
con palmas antiguas
y que una voz clara
se levanta entre los geranios.
No es un eco,
Ni es un recuerdo,
Era y es una perla,
es Pepa de Utrera.
”…Porque se nos perdió una perla,
como aquella concha en el mar...
Miguel Terrino VARGAS Revista Flamenca Fuente Vieja