Lole Montoya canta en Jerez con el eco eterno de Manuel Molina
La Guarida del Ángel acogió un recital memorable en beneficio de la recuperación de Tía Juana la del Pipa
20 de marzo.
Redacción
Revista Flamenca Fuente Vieja
La ciudad de Jerez volvió a vivir una de esas noches en las que el flamenco deja de ser espectáculo para convertirse en emoción compartida. La mítica cantaora Lole Montoya ofreció un recital muy especial en La Guarida del Ángel, dentro del XV Jerez Off Festival, en una actuación solidaria destinada a colaborar con la recuperación de la querida artista jerezana Tía Juana la del Pipa.
El concierto tuvo además un significado profundo, porque el festival ha querido dedicar su decimoquinta edición al público, a ese público fiel que “se ha metido la mano en el bolsillo con la otra en el corazón”, llenando el recinto con un gesto de solidaridad y respeto hacia el flamenco y hacia quienes lo sostienen.
Una de esas noches donde el arte y la generosidad caminan de la mano.
Un recital de dulzura flamenca
Acompañada por el guitarrista trianero Joselito Acedo, tocaor de personalidad profunda y bordoneos poderosos, Lole fue desplegando un recital cargado de sensibilidad, matices y elegancia.
Su voz, inconfundible, ese gañote de seda que ha marcado toda una época en el flamenco contemporáneo, abrió la noche con “Dime”, dejando caer las primeras notas con una cadencia melancólica que envolvió el ambiente de la sala.
Desde el primer instante comenzó a derramarse una atmósfera de emoción. El público escuchaba con atención reverencial cada fraseo, cada silencio, cada respiración de la artista.
Cuando Lole canta, el tiempo parece caminar más despacio.
La cantaora continuó con “Todo es de color”, uno de esos himnos que forman parte de la memoria sentimental de varias generaciones. El público, entregado, respondía con aplausos y oles a cada giro melódico, celebrando la pureza de una voz que sigue conservando la delicadeza y la profundidad de siempre.
Después llegó “La mariposa”, un momento especialmente emotivo donde la artista volvió a demostrar su capacidad para transformar el cante en una experiencia íntima, casi confesional.
Su cante no se impone: se posa en el alma.
La huella de Manuel Molina
A lo largo de muchos momentos del recital fue inevitable percibir la presencia invisible de Manuel Molina. No de forma literal, sino como ese eco artístico que permanece cuando dos almas han construido juntas una manera de entender el flamenco.
Porque hablar de Lole es también hablar de aquella revolución musical que supuso el dúo Lole y Manuel, una propuesta que abrió caminos nuevos dentro del flamenco en los años setenta, combinando tradición, poesía y una sensibilidad musical inédita hasta entonces.
Un flamenco que miraba al futuro sin perder la raíz.
En el repertorio que Lole ofreció en Jerez aparecieron esas pequeñas joyas musicales —las cosillas de su querido Manuel— que siguen formando parte del imaginario flamenco y que el público recibió con emoción y respeto.
En cada uno de esos momentos se percibía claramente la conexión entre ambos artistas, una complicidad artística que ha dejado una huella imborrable en la historia del flamenco.
Historia viva del flamenco contemporáneo
Lole Montoya no es sólo una gran cantaora. Es también una de las figuras fundamentales del flamenco contemporáneo, creadora de un estilo personal que ha sabido combinar espiritualidad, poesía y hondura flamenca.
Su presencia en el escenario de La Guarida del Ángel fue, por tanto, mucho más que un recital: fue un encuentro con una artista que forma parte de la historia viva del flamenco.
Una voz que ha sabido convertir la delicadeza en arte jondo.
Y aquella noche, en Jerez, el público no sólo escuchó canciones.
Escuchó memoria viva.
Fuente Vieja. Palabra, compás y memoria del flamenco.
Fuente Vieja, a modo de susurro
Hay voces que no pasan.
Se quedan flotando
como un perfume antiguo
en la memoria del flamenco.
Una guitarra suena
y en el aire aparece un nombre.
Manuel.
Una voz responde
con dulzura y compás.
Lole.
Y entonces el tiempo entiende
que algunas músicas
no se terminan nunca.
Redacción
Revista Flamenca Fuente Vieja