31 de enero.
Francisco Hidalgo Gómez
Escritor y cronista flamenco
No es lo más habitual y frecuente pero de tanto en tanto, aunque tarde en hacerlo, acude la sorpresa a regalarte el placer y el gozo, el encuentro con la hermosura mayúscula del baile, el cante y la guitarra enlazados en un mismo compás y empeño, el ángel y el duende de la mano regándoles de magia y gracia, acompañándoles. Ese día me vuelvo a mi casa contento, satisfecho y temblorosamente feliz. Felicísimo.
Eso, una agradabilísima e inesperada sorpresa, tuve el pasado jueves en voy
El Dorado ,la sociedad flamenca barcelonesa, con la actuación de la bailaora sevillana
Lucía la Bronce -¡qué delicia de baile el suyo, qué derroche de hermosura, qué elegancia, expresividad y elegancia en el movimiento de manos!-, el cantaor extremeño -¡qué voz más redondamente flamenca y llena de color!-
Manuel Pajares y el guitarrista mejicano -¡qué transgresor y sonoro su toque tan clásico y propio!-
Daniel Mejía, el Carqui. Un derroche de flamencura, de exquisita elegancia, de saber ser y estar, de compenetración. Cada uno con su personalidad, voz propia y un único y mismo anhelo, regalarnos la belleza de lo bien hecho. De su propio disfrute.
Tres personas diferentes y un único empeño. Tres flamencos y un solo arte. Tres labores distintas pero consustanciales para el flamenco. Tres personas que comparten el mismo dios, el flamenco.
Y no escribo más porque no me llames, amigo que me lees, ya sabes que te estoy agradecido por ello, exagerado. Y no lo soy en absoluto. Te aseguro que puedo continuar, incluso ser ditirámbico y aun así no exageraría. Tanto fue lo que disfruté y gocé. Tan feliz, y casi en éxtasis aún, regresé. Tanto que no me importaron lo más mínimo los retrasos del tren y los molestos e inevitables inconvenientes con los que aún nos obsequiaba el servicio de cercanías a esas primeras horas de la noche.
Breves apuntes biográficos
Te dejo algunas, pocas, notas, que entresaco de la nota de sala que nos suele ofrecer la directiva de El Dorado para cada concierto, sobre la bailaora por si no los conoces y te preguntas como ayer yo mismo:
¿por qué no los había visto y disfrutado antes?
Como anillo al dedo me viene el nombre de su primer espectáculo,
Recóndito, ya que al ser
“lo que está oculto” es revelador. Y una verdadera revelación fue su baile.
Lucía Fernández, la Bronce nació en Sevilla hace 25 años, en una familia aficionada al flamenco. Su madre,
Susi González, es actriz y el nombre
“la bronce” lo hereda de ella porque así la bautizó
José de la Tomasa cuando Susi hizo la pieza sobre la
Niña de los Peines. Lucía se formó en el ballet clásico y en danza española cuando aún era una niña, comienzos que fueron como una antesala y una buena base para el flamenco.
Cuando cumplió 18 años, ingresó en el Centro Andaluz de Danza, donde estudió bajo el magisterio de
Rubén Olmo,
Ana María Bueno, Adela Campallo, Eduardo Leal y
Patricia Guerrero. Con 20 años, ganó una beca que le permitió ingresar en la Fundación Cristina Heeren y relacionarse con artistas de la talla de
Milagros Mengibar, Javier Barón, Eva la Yerbabuena, Luisa Palacio o
el Choro.
Fue finalista en el
Concurso de Arte Flamenco de Córdoba de 2023 y ha obtenido varios premios como el Concurso de la
Federación de Peñas Flamencas de Sevilla y el
Internacional de baile por Alegrías en Cádiz. Actualmente forma parte del elenco de baile del
Ballet Flamenco de Andalucía bajo la dirección de
Patricia Guerrero y hace gira por Europa con
Recóndito, su primer espectáculo, que culminará en otoño de este año en la
Suma Flamenca de Madrid.
Fotografías.-
Antonio Pavón
Francisco Hidalgo Gómez
Escritor y cronista flamenco