Revista de Cultura Popular, Andaluza y Flamenca
Hoy es Lunes, 07 de Septiembre de 2026
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Israel Fernández llega a Granada: El flamenco de oro y marfil

El cantaor toledano llega al Palacio de Congresos con un espectáculo concebido desde la raíz y abierto a nuevos territorios sonoros

01 de septiembre.

Miguel Terrino VARGAS
Revista Flamenca Fuente Vieja



Israel Fernández volverá a encontrarse con el público andaluz el próximo viernes 4 de diciembre de 2026, en una noche que llevará hasta el Palacio de Congresos de Granada una de las propuestas más ambiciosas de la actual escena flamenca. A partir de las 21:00 horas, el cantaor presentará De oro y marfil, un espectáculo concebido como un recorrido íntimo por su manera de entender el cante y por ese territorio artístico donde la tradición permanece viva precisamente porque es capaz de dialogar con el presente.

Hay artistas que interpretan el flamenco y otros que, de alguna manera, necesitan habitarlo. Israel Fernández pertenece a esa segunda estirpe. Su voz, reconocible desde los primeros compases, se mueve entre la memoria de los grandes maestros y una voluntad permanente de encontrar un camino propio. En De oro y marfil, esa búsqueda vuelve a hacerse evidente a través de un espectáculo que combina composiciones propias, revisiones de piezas clásicas y canciones populares vinculadas a los recuerdos de su infancia.

El piano adquiere en esta nueva propuesta un papel fundamental, ampliando el paisaje sonoro de un espectáculo en el que también estará presente una figura esencial del toque contemporáneo: Diego del Morao. Junto a ellos aparecerán un cuarteto de cuerda, coros y los músicos flamencos habituales que acompañan al cantaor, configurando una arquitectura musical que pretende recorrer diferentes intensidades, desde la intimidad y la delicadeza hasta la fuerza desgarradora que el cante flamenco puede alcanzar cuando se interpreta desde la verdad.

Una voz nacida desde la infancia
Israel Fernández nació en el seno de una familia gitana andaluza afincada en Corral de Almaguer, en Toledo. Desde muy pequeño encontró en el flamenco no solamente una forma de expresión, sino una manera de comprender el mundo. Con apenas 11 años consiguió ganar su primer concurso televisivo y aquel temprano reconocimiento sería el comienzo de una trayectoria que, con el paso de los años, lo situaría entre las voces más personales y reconocibles del flamenco contemporáneo.

Desde la publicación de Naranjas sobre la nieve en 2008, su recorrido discográfico ha estado marcado por una evolución constante. Trabajos como Con hilo de oro fino, Universo Pastora, Amor y La Inocencia han ido construyendo una discografía en la que la tradición nunca aparece como una frontera, sino como el punto de partida desde el que el artista continúa explorando.

Especial relevancia adquirió Amor, un álbum que alcanzó el Top 7 de las listas oficiales de ventas, obtuvo el Premio Odeón al Mejor Álbum de Flamenco y fue nominado al Latin Grammy en la misma categoría. El trabajo también fue reconocido entre los mejores discos del año por diferentes medios especializados, confirmando que la propuesta de Israel Fernández había conseguido trascender los límites habituales de los públicos estrictamente flamencos.

Pero más allá de premios, listas y reconocimientos, existe algo que explica mejor su dimensión artística: la capacidad de hacer que el flamenco tradicional vuelva a sonar contemporáneo sin necesidad de renunciar a su esencia. Su cante conserva ecos de una memoria antigua, pero al mismo tiempo busca nuevas formas de expresión, nuevos colores y nuevas maneras de establecer comunicación con quienes escuchan.

De oro y marfil, un viaje hacia la memoria
Ahora, De oro y marfil representa un nuevo paso en esa evolución. El espectáculo se presenta como uno de los proyectos más ambiciosos de su trayectoria y propone recuperar canciones populares que forman parte de sus recuerdos de infancia, junto a composiciones especialmente personales y grandes clásicos revisados desde su propia sensibilidad.

El título encierra, de alguna manera, esa dualidad que recorre todo el proyecto: la nobleza de una tradición que permanece y la luminosidad de una creación que busca avanzar. El cante de Israel Fernández encuentra así un espacio en el que pueden convivir la memoria y la experimentación, el silencio y el desgarro, la desnudez de una voz y la riqueza de un acompañamiento musical de mayores dimensiones.

La presencia de Diego del Morao en la guitarra añade además un vínculo especial con la tradición jerezana del toque, pero también con esa generación de músicos que ha sabido ampliar los horizontes de la guitarra flamenca sin perder su identidad. La conjunción entre cante y guitarra, enriquecida por el piano y el cuarteto de cuerda, permitirá que De oro y marfil se convierta en un espacio de encuentro entre diferentes lenguajes.

Granada será, por tanto, una nueva estación en el camino de un artista que ha hecho de la búsqueda una de las constantes de su carrera. Una ciudad con una memoria flamenca extraordinaria acogerá una propuesta que mira hacia adelante sin olvidar de dónde viene.

Granada, tierra de memoria flamenca
No parece casual que este espectáculo encuentre uno de sus escenarios en Granada. La ciudad posee una relación histórica con el flamenco que atraviesa generaciones y que continúa alimentándose de artistas, aficionados y espacios donde el arte jondo mantiene viva su capacidad de transformación.

En ese contexto, la llegada de Israel Fernández adquiere una dimensión especial. Su propuesta conecta con una idea profundamente flamenca: la tradición no consiste únicamente en repetir lo heredado, sino también en conocerlo, respetarlo y tener la libertad suficiente para hacerlo evolucionar.

Y precisamente ahí reside una de las grandes virtudes de De oro y marfil. Israel Fernández no parece buscar únicamente un espectáculo de grandes dimensiones, sino un encuentro emocional con el público. Un viaje por aquellas músicas que permanecen en la memoria, por las canciones que acompañan una vida y por los sonidos que, transformados por el tiempo, vuelven a encontrarse con quienes los escuchan.

El próximo 4 de diciembre, el Palacio de Congresos de Granada será testigo de ese encuentro. Sobre sus tablas, una de las voces fundamentales del flamenco actual volverá a demostrar que el cante puede mirar al pasado sin quedar atrapado en él y caminar hacia el futuro sin perder la raíz.

Porque quizá esa sea la verdadera dimensión de Israel Fernández: haber entendido que el flamenco no es una fotografía detenida en el tiempo, sino un patrimonio vivo que respira, que cambia y que necesita nuevas voces para continuar contando su historia.


Fuente Vieja, a modo de susurro.
Hay voces que cantan lo que aprendieron y voces que convierten lo aprendido en algo nuevo. Israel Fernández pertenece a esas voces que saben que la raíz no pesa cuando se lleva con orgullo, sino que sirve de impulso para seguir caminando. Y en ese camino, entre el oro de la memoria y el marfil de las nuevas sonoridades, el flamenco continúa encontrando una de sus formas más hermosas de permanecer vivo.



Miguel Terrino VARGAS
Revista Flamenca Fuente Vieja
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