Revista de Cultura Popular, Andaluza y Flamenca
Hoy es Lunes, 07 de Septiembre de 2026
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El castillo de Alcalá vuelve a vestirse de jondo para honrar a Joaquín el de la Paula

28 de agosto.


Miguel Terrino VARGAS
Revista Flamenca Fuente Vieja






El XLVI Festival Flamenco Joaquín el de la Paula reunirá el 26 de septiembre a Javier Barón, David Palomar, Lela Soto, Ezequiel Benítez y un destacado elenco de guitarristas en uno de los escenarios con mayor memoria flamenca de Andalucía.

Hay lugares donde el flamenco se escucha y otros donde, sencillamente, parece formar parte de las piedras. El Castillo de Alcalá de Guadaíra pertenece a estos últimos. Entre sus muros, sobre la historia de una ciudad que ha sabido conservar una relación íntima con el arte jondo, volverá a sonar el próximo 26 de septiembre la voz profunda de una tradición que tiene nombre propio: Joaquín el de la Paula.

A las 21.00 horas, el emblemático recinto alcalareño volverá a convertirse en escenario del XLVI Festival Flamenco Joaquín el de la Paula, una cita que forma parte del calendario flamenco sevillano y que regresa al espacio que, para muchos aficionados de la localidad, representa su ubicación natural. El Castillo no será únicamente el lugar donde se desarrollen los espectáculos: será, una vez más, parte de la propia dramaturgia del festival.

Y el cartel elegido para esta edición reúne argumentos suficientes para convertir la noche en una de esas veladas en las que el flamenco dialoga con la historia. Al frente del baile estará Javier Barón, uno de los grandes nombres de la danza flamenca contemporánea y artista nacido precisamente en Alcalá de Guadaíra. Junto a él comparecerán al cante David Palomar, Lela Soto y Ezequiel Benítez, mientras que el toque estará representado por Rubén Martínez, Paco León y Rubén Lara.

Un elenco de artistas de diferentes procedencias y sensibilidades que permitirá recorrer distintos territorios del flamenco, pero que tendrá como punto de encuentro un escenario cargado de memoria y un nombre que pertenece por derecho propio a la historia del arte jondo.

Alcalá, tierra de soleá y memoria flamenca
Hablar de Alcalá de Guadaíra y de flamenco es hacerlo de una de esas localidades que han aportado a Sevilla y a Andalucía una personalidad jonda perfectamente reconocible. La ciudad ha sido, durante generaciones, uno de esos manantiales de los que el flamenco ha bebido para continuar creciendo.

Y entre todas sus aportaciones existe una que se ha convertido en auténtica seña de identidad: la soleá de Alcalá.

En esa historia ocupa un lugar fundamental Joaquín Fernández Franco, Joaquín el de la Paula, nacido en Alcalá de Guadaíra en 1875 y fallecido en Sevilla en 1933. Gitano alcalareño, hombre vinculado profundamente a su tierra y a los alrededores del castillo, su nombre quedó unido para siempre a una de las formas más personales y reconocibles de la soleá.

No resulta, por tanto, casual que el festival que lleva su nombre regrese precisamente a este paisaje. Hay una relación casi natural entre el artista, su legado y las piedras del Castillo.

Joaquín el de la Paula nació, creció y vivió en un entorno que posteriormente quedaría convertido en uno de los grandes símbolos del flamenco alcalareño.

Su legado, además, se proyectó a través de una familia y de una genealogía artística de enorme importancia. Joaquín el de la Paula fue tío de figuras fundamentales como Juan Talega y Manolito de María, nombres que contribuyeron a mantener viva una manera de entender el cante desde la profundidad, la sobriedad y el conocimiento de la tradición.

Por eso, cuando el Castillo de Alcalá vuelve a acoger este festival, no se trata simplemente de programar una noche de flamenco. Se trata de regresar a un territorio donde la memoria continúa formando parte del espectáculo.

Javier Barón, el baile que regresa a casa
Entre los grandes atractivos de esta edición aparece el nombre de Javier Barón, bailaor alcalareño que volverá al festival que lleva el nombre de uno de los grandes referentes históricos de su propia tierra.

Su presencia adquiere así una dimensión especial. Barón no llega a Alcalá únicamente como uno de los grandes nombres de la danza flamenca, sino como un artista que regresa a un paisaje conocido, a una ciudad que forma parte de su identidad y a un escenario donde la memoria de sus mayores continúa respirando.

Su baile, construido desde el conocimiento profundo de la tradición pero abierto también a la evolución del lenguaje escénico, representa perfectamente esa capacidad del flamenco para mirar hacia delante sin renunciar a aquello que lo hizo posible.

Y junto a él, el cartel propone una reunión de voces y guitarras de enorme personalidad.David Palomar, Lela Soto y Ezequiel Benítez aportarán tres maneras diferentes de entender el cante, mientras que Rubén Martínez, Paco León y Rubén Lara pondrán las seis cuerdas al servicio de una noche que promete tener en el toque uno de sus grandes argumentos.

Será, en definitiva, una noche de encuentro entre generaciones, estilos y territorios, pero también una noche en la que Alcalá volverá a reconocerse en su propio espejo flamenco.

Un Festival que regresa al castillo
El Festival Flamenco Joaquín el de la Paula ha conocido diferentes ubicaciones a lo largo de su historia. En determinadas ediciones, el Teatro Auditorio de Alcalá de Guadaíra ha acogido la celebración, adaptando el encuentro a un formato escénico diferente.

Sin embargo, entre los aficionados alcalareños siempre ha existido una relación especial con el Castillo. El espacio posee una fuerza difícil de sustituir: la piedra, la noche, el paisaje y la memoria convierten cada actuación en algo más que un concierto.

En paralelo, la localidad ha mantenido también otras iniciativas destinadas a preservar el encuentro entre aficionados y artistas, entre ellas el festival Manolito el de María, vinculado a ese territorio de encuentro popular que rodea al Castillo.

De esta manera, Alcalá ha ido construyendo un ecosistema flamenco propio en el que conviven el escenario profesional, la afición, la memoria y la transmisión de una cultura que no pertenece únicamente a los grandes teatros, sino también a los espacios donde históricamente se ha vivido y compartido.

Porque si algo ha demostrado Alcalá de Guadaíra a lo largo del tiempo es que su relación con el flamenco no depende únicamente de la celebración de un festival. Forma parte de su propia identidad cultural.

Una noche para escuchar y recordar
El próximo 26 de septiembre, cuando las luces comiencen a dibujar las siluetas del Castillo y el público ocupe sus lugares, Alcalá volverá a encontrarse con una parte esencial de sí misma.
Joaquín el de la Paula estará allí de alguna manera.
Estará en el nombre del festival, en la soleá que lleva el eco de su tierra, en la memoria de quienes continúan pronunciando su nombre y, sobre todo, en ese diálogo invisible que el flamenco mantiene con quienes lo hicieron posible.
Estará también en el baile de Javier Barón, alcalareño que vuelve a su tierra; en las voces de David Palomar, Lela Soto y Ezequiel Benítez; y en las guitarras de Rubén Martínez, Paco León y Rubén Lara.

Porque los festivales flamencos cumplen una función que va mucho más allá de reunir artistas sobre un escenario. Son espacios donde una cultura se mira a sí misma, reconoce a sus maestros y abre las puertas a quienes vienen detrás.

Y pocas ciudades pueden explicar mejor esa verdad que Alcalá de Guadaíra, una tierra que convirtió una forma de cantar, una forma de sentir y una forma de entender la soleá en parte inseparable de su nombre.

El XLVI Festival Flamenco Joaquín el de la Paula volverá así al Castillo el 26 de septiembre. Y cuando llegue el primer silencio antes del primer compás, la piedra antigua volverá a escuchar aquello que lleva más de un siglo acompañando a esta tierra: el eco de un flamenco nacido entre sus gentes y convertido, con el paso del tiempo, en patrimonio de todos.

Fuente Vieja, a modo de susurro.
Y cuando la noche caiga sobre el Castillo de Alcalá,
quizás entre una soleá y el silencio podamos escuchar algo más que música.
Quizá sea el eco de Joaquín el de la Paula regresando por un instante a la tierra que lo vio nacer, recordándonos que hay flamencos que no desaparecen nunca: permanecen en la memoria, en el compás y en la voz de quienes siguen cantando.




Miguel Terrino VARGAS
Revista Flamenca Fuente Vieja


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