17 de agosto.
Miguel Terrino VARGAS
Revista Flamenca Fuente Vieja
El cantautor roteño regresa a la Bodega Las Copas con ‘Mis últimos Me Prometo’, una serie muy limitada de conciertos con la que celebra junto a su público una etapa decisiva de su trayectoria antes de abrir un nuevo paréntesis creativo
Hay noches que no son simplemente el final de un concierto. Son noches que tienen algo de despedida, de celebración y de memoria compartida. Y esta última jornada de la XII edición de Tío Pepe Festival reúne precisamente esas tres emociones alrededor de una de las voces más reconocibles de la nueva canción de autor española.
Antoñito Molina será el encargado de cerrar hoy, viernes 14 de agosto, la programación de Tío Pepe Festival 2026, regresando al escenario de la Bodega Las Copas después de la extraordinaria acogida que recibió el pasado 25 de julio. Lo hará con
‘Mis últimos Me Prometo’, una serie muy limitada de conciertos concebida para recorrer junto a su público una etapa especialmente significativa de su carrera y celebrar el camino construido durante los últimos años.
El cantautor roteño llega así a Jerez para poner el broche definitivo a más de un mes de música, encuentros y experiencias en torno a las Bodegas Tío Pepe. Una clausura que no pretende ser únicamente el último concierto del calendario, sino también una manera de detenerse por un instante, mirar hacia atrás y reconocer todo aquello que ha ocurrido en el camino.
Antoñito Molina, una historia construida canción a canción
La trayectoria de Antoñito Molina tiene mucho de perseverancia y de evolución. El artista se dio a conocer en 2006 al frente de
El Tren de los Sueños, proyecto que marcó sus primeros pasos musicales y que le permitió comenzar a construir una relación muy estrecha con el público.
Después llegaría un periodo de pausa y transformación artística que acabaría desembocando en una nueva etapa como solista. En 2017 publicó
‘Déjame que te cuente’, primer álbum de una carrera individual que iría creciendo hasta convertirle en uno de los nombres más reconocidos de la nueva canción de autor.
En 2020 regresó con fuerza con
‘Ya no me muero por nadie’, al que seguirían canciones y trabajos como
‘Dicen que el mundo se acaba’,
‘Me estoy volviendo loco’ y, en 2022,
‘La ley de mi naturaleza’, disco que incluía uno de los temas más celebrados de su repertorio,
‘Y te voy a querer’.
Su trabajo más reciente,
‘El Club de los Soñadores’, reúne parte de esas canciones que ya forman parte de la memoria sentimental de miles de seguidores junto a tres temas inéditos. Una obra que confirma la evolución de un artista que ha sabido construir su propio territorio musical sin renunciar a la cercanía ni a la naturalidad que siempre han caracterizado su manera de comunicarse con el público.
Y quizá ahí se encuentre una de las claves de su éxito.
Antoñito Molina no canta únicamente canciones: cuenta historias. Historias de amor, de vida, de sueños, de pérdidas y de esperanza que encuentran en su voz un espacio reconocible para quienes las escuchan. Su música ha conseguido convertir lo cotidiano en emoción y lo personal en una experiencia compartida.
Actualmente, el artista supera el millón de oyentes mensuales en Spotify y forma parte del Top 200 de artistas de la plataforma, una cifra que habla de la dimensión alcanzada por una carrera que ha crecido desde la canción de autor hasta convertirse en uno de los fenómenos más destacados del nuevo pop español.
‘Mis últimos Me Prometo’: celebrar antes de volver a crear
La propuesta con la que Antoñito Molina regresa a Tío Pepe Festival tiene, además, un significado especial.
‘Mis últimos Me Prometo’ no se presenta como una gira convencional. Es una serie reducida de conciertos pensada para compartir con quienes han acompañado al artista durante estos últimos años una especie de celebración de todo lo vivido.
Después de su primera cita del 25 de julio, la segunda noche en la Bodega Las Copas adquiere así un carácter especial. El público jerezano volverá a encontrarse con un repertorio construido desde la emoción y con un directo marcado por la cercanía, la honestidad y esa capacidad del artista para
hacer sentir que cada canción pertenece también a quienes la escuchan.
Porque cuando una canción consigue instalarse en la memoria colectiva, deja de pertenecer exclusivamente a quien la escribió.
Y Antoñito Molina ha conseguido ya que muchas de sus canciones formen parte de la banda sonora sentimental de una generación de espectadores.
Jerez despide una edición marcada por la diversidad musical
Con la actuación del artista roteño llega también el final de una XII edición de Tío Pepe Festival que durante más de un mes ha convertido las Bodegas Tío Pepe en un territorio de encuentro entre estilos, generaciones y sensibilidades musicales.
El cartel ha reunido nombres internacionales y grandes figuras de la música española como Raphael, Deep Purple, Pastora Soler, Sergio Dalma, Luz Casal, M-Clan, Mónica Naranjo o The Corrs, entre muchos otros.
Pero junto a esa diversidad musical,
Solera y Compás ha vuelto a reivindicar el lugar que ocupa el flamenco dentro de la identidad cultural de Jerez.
María Terremoto, Yerai Cortés, Israel Fernández y José Mercé han llevado hasta las bodegas diferentes maneras de entender el arte jondo, estableciendo un diálogo permanente entre la tradición y la creación contemporánea.
Y esa mirada flamenca ha permitido que Veranea en la Bodega vuelva a enlazar música, territorio, patrimonio y cultura en torno a una ciudad cuya identidad resulta inseparable del vino, del flamenco y de una manera muy particular de entender la vida.
La programación se completó además con
Tío Pepe Comedy, incorporando el humor al festival de la mano de artistas como Manu Sánchez y El Monaguillo.
Mucho más que un festival
Pero Tío Pepe Festival hace tiempo que dejó de ser únicamente una sucesión de conciertos.
Veranea en la Bodega se ha consolidado como una experiencia en la que música, gastronomía, vino, patrimonio y cultura forman parte de un mismo relato. Un concepto que encuentra en las Bodegas Tío Pepe un escenario singular y en Jerez el territorio perfecto para desarrollar una propuesta que mira hacia el presente sin olvidar sus raíces.
Las Bodegas Tío Pepe de González Byass, con casi dos siglos de historia, constituyen además uno de los grandes referentes internacionales del enoturismo. En 2025,
The World's Best Vineyards volvió a situarlas entre las 50 mejores bodegas del mundo, alcanzando la posición 21 a nivel internacional, la tercera entre las españolas y la primera dentro de la Denominación de Origen Jerez.
Y quizá esa sea una de las grandes virtudes de este festival: haber entendido que la cultura no vive en compartimentos estancos.
Puede estar en una copa de vino, en una guitarra, en una voz, en una canción pop, en un quejío, en una mesa compartida o en una noche de verano bajo las estrellas.
El último aplauso de una larga noche de verano
Esta noche, cuando Antoñito Molina abandone el escenario de la Bodega Las Copas, no terminará solamente un concierto. Terminará una nueva edición de un festival que durante semanas ha convertido Jerez en un punto de encuentro para miles de personas llegadas desde distintos lugares.
Y será precisamente una voz nacida junto al Atlántico, en Rota, la encargada de poner el último acorde.
Antoñito Molina cerrará Tío Pepe Festival mirando hacia delante, pero también con la memoria puesta en todo lo recorrido. Porque
‘Mis últimos Me Prometo’ tiene algo de despedida, aunque no necesariamente de adiós.
Hay pausas que no significan detenerse.
Hay artistas que necesitan cerrar una etapa para comenzar a imaginar la siguiente.
Y hay canciones que, una vez cantadas y compartidas, ya no vuelven a ser solamente de quien las escribió.
Esta noche, en Jerez, el último aplauso será para Antoñito Molina.
Pero también será para todos aquellos que durante estas semanas han hecho posible que una vez más
Tío Pepe Festival haya convertido el verano jerezano en una celebración de la música, de la cultura y de la vida.
Fuente Vieja, a modo de susurro:
Porque cuando una canción consigue quedarse en el corazón de quienes la escuchan, el escenario puede apagarse, pero la música continúa caminando.
Miguel Terrino VARGAS
Revista Flamenca Fuente Vieja