Revista de Cultura Popular, Andaluza y Flamenca
Hoy es Lunes, 07 de Septiembre de 2026
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La lámpara que encendió la noche minera se va para Córdoba

Karlos, Rafael, Pablo y Lucía

Rafa del Calli conquista la Lámpara Minera en una noche histórica para la 65.ª edición del Festival Internacional del Cante de las Minas, mientras Lucía La Bronce, Pablo Barrionuevo y Karlos Nao escriben también sus nombres en la historia de La Unión

09 de agosto.

Redacción
Revista Flamenca Fuente Vieja



Hay noches que pertenecen a un festival y hay noches que, con el paso del tiempo, terminan perteneciendo al flamenco. La madrugada del 8 de agosto de 2026, en La Unión, pertenece ya a esas noches que no desaparecen cuando se apagan las luces. Después de días de pruebas selectivas, semifinales, galas y emociones, la 65.ª edición del Festival Internacional del Cante de las Minas llegó a su desenlace y volvió a dejar cuatro nombres escritos en la memoria del certamen: Rafa del Calli, Lucía La Bronce, Pablo Barrionuevo y Karlos Nao. Cuatro artistas, cuatro disciplinas y cuatro caminos diferentes hacia una misma cima.

”Rafa El Galli



Pero entre todos ellos hubo una luz que aquella madrugada brilló de una manera especial. La del cordobés Rafael Plantón Heredia, ‘Rafa del Calli’, que alzó al cielo de La Unión la ‘Lámpara Minera’, el trofeo más emblemático del mundo del flamenco y uno de los reconocimientos que cualquier cantaor sueña con conquistar.

No fue solamente la obtención de un premio. Fue la culminación de un camino y la entrada de un nuevo nombre en una historia que lleva más de seis décadas escribiéndose entre el cante, la guitarra, el baile, la minería y la memoria de un pueblo.

Rafa del Galli, el cante que encontró su lámpara
Rafa del Calli llegó a la gran noche después de superar un proceso de enorme exigencia. Primero fueron las pruebas selectivas; después, las semifinales celebradas durante los días 5, 6 y 7 de agosto; y finalmente la gran final del día 8, en el Antiguo Mercado Público de La Unión, la ya universal Catedral del Cante.

Allí, cuando cada cantaor sabía que ya no existía otra oportunidad, el cordobés firmó la actuación que terminó inclinando el veredicto del jurado.

La recompensa fue la Lámpara Minera, dotada con 15.000 euros, pero la noche de Rafa del Calli fue todavía mucho más generosa. El cantaor consiguió además 2.000 euros por su interpretación de cantiña, 3.000 euros por la malagueña y 6.000 euros por las mineras.

Una cosecha excepcional que convierte su paso por La Unión en uno de esos momentos que pueden marcar para siempre una trayectoria artística.

Porque hay premios que reconocen una actuación.

Y hay premios que parecen reconocer un camino.

La Lámpara pertenece a los segundos.

La minera, entre la tierra y el cante
Para entender la dimensión de este triunfo hay que comprender también el significado de los cantes mineros.

La minera, la taranta, la cartagenera, la levantica y los demás estilos vinculados al universo minero-levantino nacieron de una realidad humana concreta. De la mina, del trabajo, del esfuerzo, de la dureza de la vida y de aquellos hombres y mujeres que encontraron en el cante una manera de expresar aquello que muchas veces no podía decirse con palabras.

La Unión convirtió aquella memoria en patrimonio
Y el Festival Internacional del Cante de las Minas hizo algo todavía más importante: consiguió que aquella memoria viajara desde las profundidadesde la tierra hasta los grandes escenarios del flamenco.

Por eso, cuando un cantaor se enfrenta a una minera en La Unión, no está interpretando únicamente un palo.
Está dialogando con la memoria.
Está cantando sobre una tierra que conoce el sacrificio.
Está entrando en una historia que comenzó mucho antes de que existieran los festivales.

La mina dejó de ser solamente un lugar físico para convertirse también en una forma de cantar el dolor, la esperanza y la vida. Y ahí reside parte de la grandeza de este certamen.

”Lucía La Bronce



Una final para la historia
La gran final fue el punto de llegada de una edición que había reunido a 25 semifinalistas: diez cantaores, cinco guitarristas, seis bailaores y cuatro instrumentistas.

Artistas llegados desde Andalucía, diferentes comunidades españolas y otros lugares del mundo se enfrentaron durante las semifinales a una de las pruebas más exigentes del calendario flamenco.

Solo unos pocos podían llegar a la última noche. Y solamente uno podía quedarse con cada uno de los grandes trofeos.

El jurado tuvo la difícil responsabilidad de decidir. Estuvo compuesto por el bailaor Eduardo Guerrero, el crítico e investigador José Manuel Gamboa, la divulgadora internacional Kyoko Shikaze, el compositor e instrumentista Juan Parrilla, el investigador trovero Paco Paredes, el cantaor y flamencólogo Juan Pinilla, ganador de la Lámpara Minera en 2007, y Juan José Carrión, como secretario.

Ellos tuvieron que transformar en nombres y premios aquello que durante las noches anteriores había sido emoción, conocimiento, técnica, personalidad y riesgo.

”Karlos Nao



Y finalmente llegó el veredicto.

Lucía la Bronce, un desplante con acento sevillano
Si el cante encontró en Rafa del Calli al gran protagonista de la noche, el baile tuvo en Lucía Fernández González, ‘Lucía La Bronce’ su propia celebración.

La sevillana consiguió el ‘Desplante’, dotado con 6.000 euros, después de una actuación que maravilló al público del Antiguo Mercado Público.

Lucía La Bronce representa además a una generación de artistas que está llegando al flamenco con personalidad, conocimiento y voluntad de construir un lenguaje propio sin necesidad de romper con la raíz.

El segundo puesto correspondió a la granadina Susana Sánchez Jiménez, ‘Susana Sánchez’, que recibió 3.000 euros.

Dos artistas que demuestran que el baile flamenco continúa buscando nuevos caminos sin perder aquello que lo hace reconocible.

Pablo Barrionuevo, el Bordón que se queda en casa
Pero si hubo una victoria capaz de emocionar especialmente a La Unión fue la de Pablo Barrionuevo Bernal, ‘Pablo Barrionuevo’.

El guitarrista unionense conquistó el ‘Bordón Minero’, dotado con 6.000 euros, consiguiendo que uno de los grandes galardones del certamen permaneciera en la tierra que lo vio crecer.

Hay algo profundamente simbólico en ello.

Una guitarra nacida en La Unión hablando desde la Catedral del Cante y consiguiendo que el premio al toque se quedara en casa.

Pablo Barrionuevo no solo ganó un concurso, ganó ante su gente y eso convierte su triunfo en una página especialmente emotiva de esta 65.ª edición.

El segundo puesto fue para el madrileño Diego Antonio Fernández Montoya, ‘Pino Losada’, con una dotación de 2.000 euros.

Karlos Nao y el flamenco que abre sus fronteras

El ‘Filón’, destinado al instrumentista flamenco y dotado con 6.000 euros, tuvo como vencedor al valenciano Carlos Ferrer Peralta, ‘Karlos Nao’.

El segundo puesto correspondió a María Antonia Suárez Montaño, ‘Ostalinda Suárez’, de Zafra.

La categoría instrumental vuelve a demostrar que el flamenco contemporáneo puede dialogar con otros lenguajes, con otros instrumentos y con otras formas de entender la música sin perder necesariamente su identidad.

”Pablo Barrionuevo


Porque tradición no significa inmovilidad.

El flamenco puede abrir ventanas sin dejar de reconocer la casa de la que procede.

Los otros nombres de una noche grande
La final dejó también otros reconocimientos que merecen formar parte de la memoria de esta edición.

El Premio Especial del Jurado, dotado con 1.000 euros y destinado al mejor artista de acompañamiento, fue para el cantaor Manu Soto, por su labor a lo largo del festival.

El Premio ‘Mariano Conde’, consistente en una guitarra flamenca de prestigiosa marca de luthier, correspondió al granadino Pablo Campos Trigueros, ‘Pablo Campos’.

También fueron reconocidos Sebastián Cruz Márquez, ‘Sebastián Cruz’, por su soleá, con 2.000 euros, y por su cartagenera, con 3.000 euros; Isabel María Rico Nieto, ‘Isabel Rico’, por su levantica, con 3.000 euros; y Bernardo Javier Miranda Luna, ‘Bernardo Miranda’, por sus tarantas, también con 3.000 euros.

El nuevo Premio Festivales Región de Murcia, dotado con 1.000 euros, volvió a reconocer a Pablo Barrionuevo.

El Premio Especial para Cantaores Jóvenes quedó desierto en esta edición.

Todos ellos forman parte de una historia que demuestra que un concurso no se construye únicamente con sus vencedores. También se construye con quienes llegan hasta el último compás, con quienes se quedan a las puertas y con todos aquellos artistas que tienen el valor de enfrentarse a un escenario para defender su manera de entender el flamenco.

La Unión una vez más, capital del flamenco
Durante varios días La Unión volvió a respirar flamenco.

La ciudad minera se convirtió nuevamente en punto de encuentro de aficionados, artistas, investigadores, periodistas y amantes del arte jondo.

Y ahí reside uno de los grandes valores del Festival Internacional del Cante de las Minas, la Unión no organiza simplemente un concurso construye alrededor del flamenco una comunidad. Una comunidad que escucha, aprende, discute, investiga, descubre y, sobre todo, respeta.

La Catedral del Cante vuelve ahora a quedar en silencio. Pero lo ocurrido dentro de ella no desaparecerá cuando se apaguen las luces.

Cada artista deja una huella.
Cada premio añade una página.
Cada edición incorpora nuevos nombres a una historia que ya forma parte de la propia historia del flamenco.
Y en esta ocasión, la página central lleva el nombre de Rafa el Calli.

”Lampara Minera Rafa El Calli



La última Madrugá
Pero el flamenco tiene sus propias maneras de despedirse. Cuando parecía que todo había terminado, todavía quedaba una última historia por contar.

La última ‘Madrugá Flamenca’, celebrada en el Café-Cantante en colaboración con Grupo Luna, puso el punto final a esta 65.ª edición con el cante de José del Calli, acompañado por la guitarra de Antonio Muñoz Fernández.

Y así, entre cante y guitarra, La Unión fue cerrando lentamente las puertas de una nueva edición.

No podía existir un final más flamenco. Porque el flamenco nunca termina de golpe.

Se va.

Se queda un poco en el aire.

Se queda en las paredes.

Se queda en la memoria de quien estuvo allí.

Y, sobre todo, se queda esperando la próxima madrugada.


Ahora que la competición ha terminado, que el jurado ha dictado sentencia y que los trofeos ya tienen nuevos dueños, conviene mirar un poco más allá de los premios.

Rafa del Calli tiene su Lámpara.

Lucía La Bronce tiene su Desplante.

Pablo Barrionuevo tiene su Bordón.

Karlos Nao tiene su Filón.

Pero el verdadero ganador de esta historia es un flamenco que continúa demostrando que tiene capacidad para emocionar, para competir, para renovarse y para seguir generando nuevos nombres.

Porque cada Lámpara que se entrega en La Unión no apaga ninguna de las anteriores.

Las lámparas del flamenco no se apagan cuando llega una nueva. Se encienden unas con otras.

Eso es lo que hace que una tradición permanezca viva.

Rafa del Calli entra ahora en la historia del Festival Internacional del Cante de las Minas. Y lo hace desde Córdoba, llevando consigo una Lámpara que nació de una tierra minera pero que, desde hace décadas, pertenece a todo el flamenco.

La Unión ha hablado.

El jurado ha decidido.

La Lámpara tiene nuevo dueño.

Y mientras sobre la ciudad minera siga existiendo una guitarra que acompañe un cante, unos pies que busquen el compás y un público dispuesto a escuchar en silencio, la historia continuará.

Desde Revista Flamenca Fuente Vieja queremos dejar también unas palabras de gratitud para Paco Hidalgo y J. M. Tabernero, que durante todos los días de este 65.º Festival Internacional del Cante de las Minas han puesto su tiempo, su mirada y su sensibilidad al servicio de nuestra revista, contándonos desde dentro las emociones, los sonidos y las historias que han ido dando forma a cada jornada y a cada artículo.
Gracias por estar, por mirar y por contarlo. Porque también detrás de un festival hay quienes hacen posible que sus ecos lleguen mucho más lejos.
Fuente Vieja os agradece de corazón vuestro trabajo y vuestra entrega.


Fuente Vieja, a modo de susurro
La madrugada cerró sus puertas y el último eco se perdió entre las calles de La Unión. Pero arriba, sobre la memoria de la mina, quedó una luz encendida. Era la Lámpara de Rafa del Calli, una luz nueva para una historia antigua. Porque el flamenco no muere cuando termina el cante: se queda respirando en la tierra, esperando otra voz que vuelva a despertarlo.



Redacción
Revista Flamenca Fuente Vieja
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