El Niño Posadas en lontananza, desde una semblanza recuperada sobre el gran pedagogo y artista
Fue otro de los artistas flamencos que llegó al cono sur americano durante el desarrollo de la contienda civil española
26 de mayo.
Sergio Enrique Sartorio Buenos Aires, Argentina
Protagonista omnipresente durante décadas con su sonanta estelar e irreemplazable y piedra angular de la didáctica de la guitarra flamenca en Argentina, José María Posadas dejó una huella imborrable en la modesta historia del arte jondo de la América española.
Fue otro de los artistas flamencos que llegó al cono sur americano durante el desarrollo de la contienda civil española en busca de una mejor perspectiva laboral y económica. Esta esclarecedora nota sin firma hallada recientemente, aparecida en un número de la revista porteña Arte Español del año 1958, nos detalla con mayor precisión sus inicios y lo realizado hasta entonces en este otro lado del Atlántico. Esto decía:
“Fue discípulo de Micaela Pintos y Rafael Nogales. Con este último tuvo el honor de actuar en una compañía teatral en Valencia, acompañando a Paco El Americano. Recuerda el Niño Posadas sus presentaciones junto a La Niña de los Peines y Manuel Vallejo. A los 16 años debutó en el Circo Price de Madrid. A partir de ese debut comenzó a recibir propuestas de diferentes figuras del cante y del baile. En 1936 firmó el primer contrato con Angelillo, a quien acompañó en las canciones que interpreta este en su primera película filmada en Madrid: “Centinela Alerta”.
Poco tiempo después sale en jira (sic) por el norte de África y el 29 de julio del citado año llegó a Buenos Aires para actuar en el Teatro Smart, donde la Compañía García-León-Perales representaba la obra de Guillén y Quintero: “Bronce y Sol”. Simultáneamente actuaba en Radio Belgrano con Angelillo. Con él salieron en una extensa jira —el 1º de febrero de 1938— que comprendió La Habana, Méjico y casi todos los países centroamericanos.
En 1940 regresa a Buenos Aires, para salir nuevamente a La Habana y de allí a Nueva York.
—He acompañado a Mariemma, en los recitales que diera aquí, en el Teatro Colón. Tiempo después actué al lado del Niño de Utrera, Lolita Torres, Juan José Padilla, Gracia de Triana, Miguel de Molina y últimamente con Imperio Argentina, en el Teatro Avenida.
Llevo 21 años de residencia en este hermoso país que es la Argentina. En el Sevilla Colmao fui guitarrista oficial durante 12 años…
Para los que no saben de qué parte de España soy, diré que nací en Linares, Provincia de Jaén. Fui criado en Madrid. Mi padre también tocaba la guitarra, pero como aficionado. Fue él quien me dio la alternativa para salir al ruedo y
—lo manifiesto sin temor a equivocarme— así comenzó mi peregrinaje por los caminos del arte y mi entrañable amor a la guitarra.
Para aquellos que quieren buscar en mi historia artística mi verdadera edad, les digo que comencé a ser profesional a los 16 años —ya se ha dicho al comenzar la nota— de manera que no me saco la edad que represento.” (1)
Así se expresaba el maestro Posadas en esta breve semblanza aparecida en la publicación bimestral Arte Español hacia finales de la década de los cincuenta porteños, en la que a grandes rasgos se refería su trayectoria artística
peninsular y la que desarrolló al arribo a estas tierras. Como colofón cabe mencionar que posteriormente integró —como primera guitarra durante cerca de una década— la compañía del maestro de escuela bolera Ángel Pericet y que fueron junto a Pepe Monreal los docentes de guitarra flamenca más relevantes de las décadas de los cuarenta a los sesenta en Buenos Aires; siendo los más destacados discípulos del tocaor jiennense al menos cuatro de los de más significativa trayectoria: el madrileño Manolo Yglesias —quien debutó junto a él en la compañía de los hermanos Pericet y le reemplazó al regreso de éste a España— y los bonaerenses Camilo Salinas, Alberto Torres y Antonio Sánchez Sampedro.
Posadas, Posaditas, para sus más allegados flamencos, había nacido en 1917 en Linares. Llegó a Buenos Aires en 1936. Formó su familia aquí y luego de unos treinta años de permanencia y labor artística contínua, regresó a Madrid donde se dedicó a la enseñanza de su arte, falleciendo en la Villa y Corte en los primeros años del presente siglo.
Reconocido por sus alumnos como un docente serio y dedicado, fue su toque clásico, limpio y correcto, sobrio y preciso. Grabó para la discográfica Decca de NYC un álbum de solos de guitarra del cual se ha extraído el corte por Granaínas para ilustrar este artículo. Junto al mismo figuran unos fandangos interpretados por Angelillo en los que, curiosamente, todas las falsetas que emplea entre las coplas son de soleares, algo habitual en sus grabaciones, más allá de que el cantaor/a interpretara las coplas de fandangos por soleá o no. Como dato relevante de esta nota de Arte Español, pero poco difundido posteriormente, cabe mencionar especialmente la referencia a su participación junto a Mariemma en los recitales ofrecidos por esta en el mayor coliseo de la metrópoli porteña.
De esa pléyade de artistas que cimentaron la época dorada de la canción española y el flamenco entre las décadas de los treinta y los sesenta, en aquella Buenos Aires que alternaba sin más las quejas del bandoneón arrabalero con las ducas de la jonda bajañí; José María Posadas fue uno de sus pilares fundamentales, no sólo como tocaor, sino como flamenco cabal, alternando en cada rincón donde se reunía la noctámbula afición emigrada.
La segunda generación de su escuela le reconoceremos respetuosa y cálidamente siempre la labor constante en pos del cultivo del amor por la guitarra flamenca en este enclave.
”(1)José María Posadas, gran guitarrista español : Revista Arte Español Nº 30, septiembre de 1958, página 5, (nota sin firma).
Sergio Enrique Sartorio Buenos Aires, Argentina
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