24/11/2025.
Sergio Enrique Sartorio
Buenos Aires, Argentina
Muy probablemente deje por fuera algunos ensayos, poemas y bocetos literarios que se le irán sumando con el paso del tiempo. Simplemente se trata de un racimo de documentos destacados venidos a la memoria y detallados un tanto a vuelapluma, de aquellos dedicados a nuestro arte y que fueron de circulación comercial y pública en este enclave y en el período referido.
El breve corpus de ensayos, crítica y poesía dedicado al flamenco que partiera del Río de la Plata al mundo está ligado, naturalmente, a la migración por cuestiones económicas y sobre todo al exilio por razones políticas con motivo de la conflagración civil española (1936-1939). Mucho antes de que soplaran vientos de popa para la bien o mal llamada
flamencología oficial, comenzaron a surgir paulatinamente en la Península, pero también en las orillas de este lado del Atlántico, algunos esbozos que, de manera sesgada o directa, abordaron este tema.
En 1941 el abogado, periodista y funcionario republicano
Manuel Blasco Garzón (Sevilla 1885 - Buenos Aires, 1954) sacó a la luz sus
Evocaciones Andaluzas, (1er volúmen), —ignoro si hubo una segunda entrega, daría toda la impresión de que no fue así— que fue editado por la Asociación Cultural y Filantrópica Andaluza de Buenos Aires. Este libro es un mosaico de emocionados recuerdos y reflexiones acerca del origen y las motivaciones del espíritu andaluz manifestado a través de sus obras artísticas.
Como no podía ser de otra manera, el exiliado político sevillano en tierras porteñas, no podía dejar de lado su música y en capítulos dedicados a La Alameda de Hércules, El Barrio de Triana, La guitarra, Las Cigarreras o al mítico Lagartijo, dio rienda suelta a sus elucubraciones flamencas. Ha sido prologado por el ex Presidente de la República
Diego Martínez Barrio.
Solo dos años más tarde, en 1943, la Editorial Schapire de Buenos Aires publica
El Cante jondo, origen y realidad folklórica, del periodista y escritor ovetense
Clemente Cimorra, (Oviedo, 1900 - Buenos Aires, 1957) Este sí es un ensayo dedicado exclusivamente a esta original manifestación musical andaluza. Este magistral novelista, periodista y crítico asturiano, militante del Partido Comunista Español y exiliado en Buenos Aires desde 1939, tuvo una fértil labor literaria en nuestro suelo, colaborando en las revistas Pensamiento Español, Hogar Andaluz y Arte Español —de las que se darán señas más adelante— entre otras publicaciones consumidas por la colectividad española residente en Hispanoamérica, como así también en el Diario Crítica. Su ensayo El Cante Jondo es una elegante invitación al universo de esta cultura musical.
Sus hipótesis y reflexiones respecto del origen de este arte están atravesadas, naturalmente, por el Romanticismo, que luego, con los años, la llamada flamencología, con el auxilio de otras disciplinas, iría conduciendo por otros derroteros algo menos aventurados. Dueño de una exquisita prosa y una amplia erudición, el autor de la célebre novela Cuatro en la piel de toro, el llamado Hombre del clavel por sus colegas de estas tierras del sur, con unos pocos capotazos le puso el toro en suerte a la incipiente afición sureña con este ameno ensayo. La tapa cuenta con la ilustración
del pintor y escenógrafo valenciano
Gregorio Gori Muñoz
.
El abogado y diputado por la República Española, también en el exilio,
Federico Fernández de Castillejo (Córdoba, 1899 - Madrid,1980) a través del Centro Librero y de Orientación Cultural (CLyDOC) de Buenos Aires, publica su obra: Andalucía, lo andaluz, lo flamenco, lo gitano, en el año 1944. Prologado por
Enrique de Gandía y con ilustraciones de
Lola de Lusarreta, esta nueva aproximación al mundo de la cultura andaluza surgido de la metrópoli porteña, sigue aproximadamente la senda trazada por su predecesor Blasco Garzón: luego de varios capítulos dedicados al conocimiento del espíritu bético —salvedad hecha de que en este, especialmente, se hace mayor hincapié en el apartado del fervor religioso— nos conduce sobriamente a los entresijos de lo jondo, con especial atención a establecer diferencias entre lo considerado flamenco, andaluz o gitano, que aunque hoy resulte sorprendente, en estas tierras, y hasta no hace mucho, lo flamenco y lo gitano para algunos resultaba sinónimo.
En 1943 y 1944, salen al público el Boletín del Rincón Familiar Andaluz y la Revista Oficial del Hogar Andaluz, respectivamente. Mensuales y dirigidas a sus socios por suscripción, estas pequeñas revistas contenían en sus escasas páginas una reseña de las actividades de las instituciones: balances económicos, efemérides, noticiario social, algún poema o breve nota histórica, la nómina de los integrantes de las comisiones directivas que se iban sucediendo, necrológicas y de forma bastante más reducida algún tipo de crónica de las actuaciones que se llevaban a cabo en sus recintos y alguna pincelada crítica.
Solo se hacía mención de la participación y los datos correspondientes en cuanto a fecha y hora o el agradecimiento por la participación y el buen espectáculo flamenco u otro ofrecido. Excepción hecha de la frecuente colaboración en la segunda citada, de un jovencísimo
Anselmo González Climent como crítico musical, abocado, las más de las veces, a analizar la música académica de inspiración andaluza.
Mención especial merece el curioso opúsculo a cargo del Presbítero
Pedro Badanelli, editado por la Librería y Editorial Colmegna de la Ciudad de Santa Fé de la Vera Cruz que se dio a publicidad en 1946 y que lleva por título: Rafael Camacho, su vida, su obra, su arte. En él, el autor, el cura-poeta y periodista sanluqueño, haciendo gala de una vasta erudición y a través de una prosa exquisita y poética, ensalza las virtudes del aquel bailaor-cantaor cordobés que hizo las delicias de nuestro público y de exitosa y dilatada trayectoria en Hispanoamérica; de quien luego, tres década más tarde, Don Anselmo González opinaría: Fue otro de los sucesos volanderos y escurridizos del "andalucismo postal". Tuvo en el padre Badanelli un exégeta barroco y desproporcionado. (1)
Es en el mes de junio del año 1953 cuando se publica el primer número e inicia su larga andadura por la Reina del Plata la revista Arte Español, Canciones de la Madre Patria. Está registrada su circulación por lo menos hasta el año 1959, lo que resulta una larga existencia para publicaciones periódicas de esta naturaleza en estas lindes. Salía a la venta mensualmente, aunque a lo largo de su historia no siempre se respetó exactamente este

lapso de tiempo. Dedicada a la difusión de la cultura española fundamentalmente en la Ciudad de Buenos Aires, a lo largo de sus páginas se hallaban entrevistas a artistas de paso por aquí o a los ya afincados, coplas famosas, poemas, colaboraciones desde España, artículos sobre artes plásticas, literatura, historia; apartados dedicados a la crítica literaria, estrenos cinematográficos, publicaciones de discos de música española dentro y fuera de la Península, reseñas de audiciones radiofónicas españolas en Argentina y, lógicamente, los que se encargaban de la crítica de espectáculos de baile, cante y guitarra flamenca —Recordemos que se estaba atravesando la época dorada de El Tronío, El Sevilla Colmado, La Querencia, La Alhambra, El Olmo y otros locales dedicados al arte flamenco diseminados a lo largo de la vasta ciudad portuaria—.
Residente en la orilla oriental del Plata, en la Ciudad de Montevideo, pero a través de la Editorial Losada de Buenos Aires, el escritor, periodista, diplomático y exiliado alhameño
José Mora Guarnido (Granada, 1894 - Montevídeo,1968), publica en 1958 Federico García Lorca y su Mundo, memorias de juventud y amistad con el universal vate. Es a través de sus páginas que nos acercamos no sólo a la atractiva por veraz imagen del personaje en cuestión, sino también al ambiente que reinaba en la siempre recordada tertulia El Rinconcillo y por extensión, a la vida granadina del gran compositor gaditano
Manuel de Falla, su relación de amistad con el novel poeta y los pormenores de la organización —he aquí lo más flamencamente sustancioso del relato— del Concurso de Cante Jondo de Granada de 1922. Por cierto, una lectura más que recomendable para todo buen aficionado.
Y, ya que estamos en la orilla oriental, para no cruzar el extenso Mar Dulce nuevamente y dando un pequeño salto atrás, vale recordar que en el año 1922, a través de Calpe de Madrid, se publicó la célebre novela del gran narrador uruguayo
Carlos Reyles, (Montevideo,1868-1938) a la que dio por título El embrujo de Sevilla, que si bien el relato cae en los tópicos románticos de la España navajuda en el decir nuevamente del tan sagaz, pero a un tiempo un tanto sarcástico Don Anselmo González, no por ello deja entrever el hondo conocimiento que el autor poseía de los intersticios del ambiente flamenco peninsular de los primeros años del siglo XX. Las descripciones del desarrollo de los espectáculos y el detrás de cortinas del Café Cantante habla a las claras de que su autor conoció de primera mano la lucha diaria de los artífices de lo jondo.
Hasta aquí este breve bosquejo sobre la labor literaria en torno al flamenco en estos antiguos territorios de la corona española. Como siempre, es de destacar la férrea voluntad, la profunda pasión y empeño puesto durante décadas por los artistas e intelectuales exiliados, junto a los aficionados nativos, por mantener, con un océano por medio de distancia, la llama encendida de la fragua del cante.
”1-Anselmo González-Climent: Artistas y aficionados españoles con raíces en el Río de la Plata, en Pepe Marchena y la Ópera flamenca...y otros ensayos, Ediciones Demófilo, 1975, página 201.
Sergio Enrique Sartorio
Buenos Aires, Argentina