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Perlas gaditanas en el Cono Sur: las grabaciones caseras de piezas inéditas de Esteban de Sanlúcar

Dotado de una creatividad desbordante, el compositor e intérprete de guitarra Esteban Delgado Bernal, Esteban de Sanlúcar, trascendió la frontera musical estrictamente flamenca para adentrarse compositivamente en el terreno de la escuela bolera, con guiños al orientalismo del Romanticismo tardío hasta llegar a codearse con la tradición musical latinoamericana. Este es un breve y elemental dossier —seguramente incompleto— sobre un corpus de piezas musicales grabadas de forma doméstica —desconocidas hasta hace poco tiempo— que algunos de sus amigos tuvieron la grandeza de miras suficiente como para eternizarlas en cintas magnéticas y conservarlas a lo largo del tiempo con sincera veneración

03/06/2025.


Sergio Enrique Sartorio
Buenos Aires, Argentina



Tanto al guitarrista Pepe Monreal, (Castilla-La Mancha, 1915 - Buenos Aires, 2001), como a su colega Camilo Salinas, (Buenos Aires, 1934 - 2019), debemos la preservación de las obras inéditas de marras. Ambos fueron grandes amigos del maestro sanluqueño y grabaron sus creaciones en diferentes etapas de su vida artística, así en Argentina como en Venezuela. El abanico inspirativo de Esteban de Sanlúcar fue tan amplio que evocó en sus piezas desde la escuela bolera hasta el folklore latinoamericano, siempre a través de composiciones breves, que, aunque se tratasen de caprichos o divertimentos, todos ellos fueron dotados de armonizaciones muy apropiadas, estricto sentido del compás y una gracia inigualable. Estas obras, que bien podría decirse están entre Pinto y Valdemoro, si bien no pertenecen al repertorio flamenco, tampoco a ninguno de los mencionados anteriormente. Se trata de fantasías, iluminados bosquejos evocativos a cargo de una diestra mano ilustrativa, capaz de transportarnos a territorios sonoros diversos. Todos con el sello inigualable de su enorme originalidad y elegancia.

Tanto el Danzón Cubano, como las Variaciones de Pasodobles, las falsetas sueltas de Seguiriyas y la Granaína en la que Esteban acompaña al Niño de Purchena, fueron grabadas en casa de Pepe Monreal (al igual que los zapateados que se dedican mutuamente Esteban y Paco de Lucía y que pueden apreciarse en el artículo publicado en esta misma sección dedicado al guitarrista manchego) en la década de los sesenta. El Romance de Goya, Saudades de Sao Paulo, Nocturno Minero y Capricho Flamenco, por su otro gran amigo, Camilo Salinas, entre la década de los setena e inicios de la de los ochenta, durante la etapa en la que el gran compositor gaditano residía en Venezuela.

Más de la mitad de su vida Esteban de Sanlúcar (Cádiz, 1912 - Buenos Aires, 1989) fijó su residencia en Sudamérica, la mayor parte de ese período en Buenos Aires, donde falleció. Llegó a esta ciudad en el año 1944, siendo ya un guitarrista consagrado, luego de haber acompañado desde Juanito Valderrama hasta los hermanos Pavón, como a Antonio Mairena pasando por Paco Mazaco, entre otras grandes figuras. Llegó con Conchita Piquer y decidió quedarse. Desde entonces acompañó en Hispanoamérica a todos los grandes artistas de paso, como también a aquellos que decidieron echar el ancla aquí, como El Niño de Utrera, Ángel Pericet o Miguel de Molina.

Podría haberse limitado a esas labores, que siendo el mejor, como lo era, jamás le hubiera faltado trabajo ni medios para sustentarse. Sin embargo, siguió componiendo y exigiéndose cada día más, a pesar de que el público poco pudiera comprender las dimensiones técnicas de los solos de guitarra que interpretaba. El compromiso con su quehacer artístico, con la estética y la ética flamenca lo condujeron por esos geniales derroteros, afortunadamente para nosotros. Sin embargo, la reducida buena afición porteña sintió por él una admiración tan genuina y afectuosa, que
se convirtió en hereditaria y trascendió generaciones.

Es evidente que la sensibilidad poética de Esteban, quien, como la gran mayoría de los flamencos de entonces no tuvo formación académica, rayaba a alturas poco habituales. Esto no solo puede apreciarse en sus originales melodías y la forma de armonizarlas, sino también en la elección de los títulos de algunas de sus obras más famosas: Espejismo flamenco, Aromas del Puerto, Mantillas de Feria, Romance de Goya, Horizontes de Málaga (A propósito de esta última, vale aclarar que el maestro Salinas siempre hacía hincapié en el empleo de ese plural, horizontes, como un bello detalle poético del sanluqueño).

La grabación que se adjunta se inicia con un Danzón Cubano, género musical afroamericano, del cual deriva el Mambo, que Pérez Prado había puesto de moda entonces —años cincuenta— Muy rítmico, cadencioso y con arreglos contrapuntísticos en los bajos que lo enriquecen extraordinariamente. Pertenecía a los archivos sonoros de Pepe Monreal. Inmediatamente le siguen, como en la cinta original, estas exultantes Variaciones de Pasodoble, como la obra anterior, impecablemente armonizadas.
Durante el desarrollo de la grabación puede apreciarse la risa adimrativa de Monreal. Este es un género poco interpretado en guitarra, pero a pesar de ello, el maestro de Sanlúcar ha sabido darle matices rítmicos muy apropiados y aire orquestal.

Las Falsetas de Seguiriyas que le siguen parecen puestas a propósito para que se evidencie que, a pesar de las libertades que se permitía Esteban a nivel compositivo en otros divertimentos, que el sentimiento y la raíz flamenca permanecían incólumes. Una de las más bellas composiciones de su madurez es este Romance de Goya, donde el lirismo supera los artificios técnicos de otros tiempos, siendo el fondo musical apropiado para que los majos departan amigablemente bajo un dorado atardecer a orillas del Manzanares.
La voz de Camilo Salinas nos presenta la pieza que le sigue, probablemente grabada a inicios de los ochenta en Valencia del Rey, Carabobo. A pesar de que el Capricho Flamenco lo podemos disfrutar solamente iniciado, podemos inferir perfectamente lo que esta danza, también un tanto goyesca, nos ofrecía en toda su dimensión. Saudades de Sao Paulo, es una evocación de la samba brasileña, que el maestro llegó a oir seguramente in situ, cuando sus giras por la vecina República de Brasil.

A pesar de su ritmo danzante y ajustado, su melodía es hondamente melancólica, tal como reza el título. Así como su Nocturno Minero nos conduce por una senda lóbrega hacia el filón diáfano y laberíntico de su inspirada imaginación. Estamos ante una suerte de minera chopiniana. La cadencia final por si misma podría ser considerada una sutil y bella pieza musical autónoma. Seguidamente, en esa sobremesa en la que pareciera que nos hallamos —hacia el cierre de la grabación— volvemos a escuchar el aire majestuoso de la Siguiriya en la sonanta del tocaor sanluqueño, quien le brinda una musicalidad muy propia de su magisterio compositivo y como la anterior, sin dejar por eso de ser abrumadoramente flamenca.

Nuevamente
podemos oir la voz de Pepe Monreal alabando sus virtudes compositivas. Como broche de oro —tras la presentación de una voz al día de hoy desconocida— una estupenda introducción por Granaínas brillantemente ejecutada y con el aroma a arrayán que supo imprimirles siempre a esas variaciones morunas —extraordinariamente preciso y claro el trémolo— que da paso luego a la copla por malagueña interpretada por Niño Purchena —seguidor de la escuela de Pepe Marchena— cantaor y empresario almeriense que sentó sus reales en estos antiguos territorios sureños de la monarquía.

Sinopsis:
00:00 - 2:45 Danzón Cubano
02:45 - 5:50 Variaciones de Pasodoble
05:50 - 7:54 Falsetas de Seguiriyas
07:54 - 11:54 Romance de Goya (Danza)
11:54 - 14:49 Capricho Flamenco
14:49 - 16:20 Saudades de Sao Paulo
16:20 - 19:45 Nocturno Minero
19:45 - 23:17 Falsetas de Seguiriyas
23:17 - 27:49 Granaína, junto al Niño Purchena

Estas pinceladas sobre la vida privada de estas perlas musicales que permanecieron ocultas y a la sombra durante decenios, son también y sobre todo, las que nos abocetan la estampa costumbrista de una honda amistad y una hermandad en torno a la sonanta y a la figura de este admirado artista. La mayoría de ellas llegaron a mí merced a la amistad que nos unió con Camilo Salinas durante más de un cuarto de siglo, quien me hizo copia de ellas en 1993; el resto gracias a la generosidad de su hija Maricarmen, quien al fallecer su padre en 2019 me confió parte de su archivo.

Como colofón me gustaría compartir una anécdota que deja a las claras la humildad auténtica y genuina de Esteban de Sanlúcar:
Solía encomendarle a su íntimo amigo Camilo que le cronometrara las piezas musicales para que le avisara cuando llegaban a los tres minutos, porque sostenía que las obras para guitarra no debían excederse de esa extensión. Siempre que Salinas recordaba a su admirado maestro lo hacía con una sonrisa en los labios y para graficar su sencillez y su grandeza me contó que en una ocasión cuando Esteban le enseñaba entusiasmado una nueva creación, le había advertido: —¡ Mira Estebita (cuando Salinas apreciaba a alguien siempre aplicaba el diminutivo) que eso que estás haciendo ya lo hiciste en otra danza, te estás autoplagiando, eh !— A lo que Esteban respondía, peinándose una ceja con la yema del dedo índice y observándolo con asombro: —¿Ah, si? Pues mo me di cuenta. Bueno, entonces lo voy a cambiar— Se reía y sin más ni más pasaba a componer otra cosa. Camilo cerraba la anécdota muy risueñamente con un: —Las cosas de Esteban...—




Sergio Enrique Sartorio
Buenos Aires, Argentina


Nota:

El propietario del vídeo es el autor de este artículo (Sergio Enrique Sartorio), y ha autorizado su reproducción en YouTube. Disculpen las molestias.



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