En los confines de la fidelidad. Evocación de Manolo de Córdoba
De la serranía cordobesa surgió en la primera mitad del siglo XX un brillante guitarrista flamenco, hijo de andaluces, cuyo fecundo derrotero artístico se desarrolló exclusivamente en nuestra Hispanoamérica
01/08/2024.
Sergio Enrique Sartorio Buenos Aires, Argentina
José Manuel Rodríguez, Manolo de Córdoba, nació en 1935 en Lozada, localidad distante unos 35 kilómetros de la Ciudad de Córdoba, capital de la provincia mediterránea de la República Argentina. Era hijo de Francisco Rodríguez y María Rodríguez, ambos oriundos de Almería.
Fue discípulo del guitarrista y destacado docente argentino Pepe Rodríguez, de larga trayectoria y quien fuera padre del también reconocido guitarrista flamenco en activo, Enrique, Quique, de Córdoba. Manolo comenzó a tomar clases con Pepe a la edad de once años.
A lo largo de su, lamentablemente, breve carrera, adoptó varios nombres artísticos, a saber: Niño de Córdoba, Manuel de Córdoba y por último Manolo de Córdoba.
En 1961 lo encontramos de gira por Méjico y Colombia. En 1962 por Guatemala, donde conoció a quien luego sería su esposa, Julia García. Allí acompañó entre otras figuras destacadas, al margen del flamenco, al célebre Cuco Sánchez y actuó junto a Mary Sánchez y los Bandama.
Paralelamente a su actividad guitarrística regentó el Nigth Club Alhambra y posteriormente dedicó unos años de su vida a la empresa circense, dirigiendo junto a algunos socios el Circo Europeo de Fieras, con el que recorrieron desde Centroamérica hasta el Cono Sur. Cuando se hallaban con su circo de gira por Chile, decidió cruzar la frontera y volver a establecerse en su provincia natal. Abandonó la empresa circense y retomó su carrera artística.
En 1969 regresó a Centroamérica como guitarrista y estando en Puerto Rico fue llamado para acompañar a Paco de Lucía en televisión. A su regreso fueron frecuentes sus actuaciones en La Casa de España de su provincia, como así también habituales en los festivales organizados en Capilla del Monte donde se presentaba asiduamente Lolita Torres o Pedrito Rico.
En la década del sesenta acompañó a Raphael en el popular Sábados Circulares de Pipo Mancera, para la televisión porteña. Lamentablemente Manolo no conoció España, cuando tuvo la oportunidad de hacerlo con un contrato, no pudo llevarlo a cabo por hallarse enfermo su padre.
En 1976 grabó el long play: Manolo de Córdoba. La guitarra española, a través de la discográfica Arfón, en Buenos Aires, de donde se han extraído los cortes que acompañan este artículo.
Tristemente Manolo de Córdoba falleció solo un año después de su edición, en 1977, siendo aun muy joven, con 42 años, por causas naturales, en la Clínica Sucre de la Ciudad de Córdoba.
Puede inferirse que su estilo guitarrístico es deudor de la llamada escuela clásica flamenca, cuyo máximo exponente ha sido el gran maestro Ramón Montoya. El cuidado del sonido, la pulcritud, la brillantez de su ejecución, la cristalinidad de sus notas, evidencian la intención de hacer de la ejecución de los solos de guitarra flamenca exquisitas piezas de orfebrería musical, por ende, situarlas al nivel de la de los clásicos.
De todos los mecanismos aplicados en la guitarra jonda, sus arpegios y trémolos sobresalen por su calidad. Ha seguido en la línea clásica, dentro de la tónica tradicional flamenca, sin influjos de expresiones musicales foráneas en su toque, algo que iba a ser inevitable solo unos años después por mor de la mundialización cultural.
En las grabaciones que acompañan este artículo podemos escucharlo interpretar granadinas, soleares y tarantas, piezas extraídas del álbum citado anteriormente; que se ilustra también con algunos retratos fotográficos suyos en
diferentes etapas de su vida.
Admirado y valorado por los aficionados de su generación, Manolo de Córdoba ha sido a su vez, respetado y querido por sus colegas, coincidiendo todos los relatos de quienes he frecuentado a lo largo de mi vida en el ambiente flamenco en el cono sur hispanoamericano, en reconocerle no solo como un brillante ejecutante, sino como hombre cabal y dotado de una gran bonhomía.
Y, para ir cerrando, una simpática anécdota: Como amante de la guitarra y descendiente de andaluces, se sobreentiende que amaba y era un entusiasta cultor de la hispanidad, pero como argentino tenía una gran afición al mate, esta infusión tradicional sudamericana que a los naturales de esta tierra nos acompaña a todas horas. Hábito, que según me ha relatado su hijo en esta anécdota, le ha traído un disgusto con la ley en territorio extranjero. En los años sesenta no era nada fácil, por no decir imposible, conseguir yerba mate fuera de Argentina, Paraguay o Uruguay; por tal motivo, cuando Manolo se iba de gira, racionaba sus infusiones al máximo o, en su defecto, ponía a secar al sol la yerba ya utilizada, con el fin de reciclarla y conseguir así que siguiera rindiendo un poco más. Costumbre que también era empleada en Argentina por aquellos que no estaban bien de fondos ocasionalmente o nunca.
Práctica de la que nos habla el célebre Enrique Santos Discépolo en la letra del tango Yira,Yira: "Cuando no tengas ni fé, ni yerba de ayer secándose al sol..." El caso es que el bueno de Manolo de Córdoba ponía a secar la yerba mate sobre hojas de diario al sol de la terraza del hotel donde se hospedaba en Puerto Rico, cuando, de repente, lo citaron las autoridades por una denuncia efectuada por los empleados del mismo, para que dé explicaciones sobre el origen y la finalidad de "esas hierbas" desconocidas entonces alli...
Acercarse a la figura de José Manuel Rodríguez, Manolo de Córdoba, nos transporta a ese universo flamenco hispanoamericano de los cincuenta y sesenta que brilló con luz propia. Fue uno de los más destacados guitarristas flamencos que ha dado esta tierra, no solo considerando su calidad artística, sino también por su comprometida actitud como continuador respetuoso de esa senda trazada por las grandes figuras peninsulares que atracaron en estos puertos.
Perteneció a una pequeña estirpe de guitarristas flamencos criollos —integrada por los hermanos Juan José y Pedro Cortés, El Moro, Alberto Torres, Camilo Salinas, Emilio Medina y otros pocos— que asimiló las enseñanzas de los grandes artistas emigrados, infundiéndole un sello propio, naturalmente, pero con la esencia jonda inmaculada. Entusiastas profesionales y aficionados que vivieron amorosamente su apasionada bohemia a caballo entre la península y los restos de esta otra olvidada y lejana España de este lado del mar.
Sergio Enrique Sartorio Buenos Aires, Argentina
Esta breve semblanza de Manolo de Córdoba no podría haberse realizado sin la inestimable colaboración de sus hijos Mónica y Francisco Manuel Rodríguez-García y su sobrina Adriana Benítez, infinitas gracias a todos ellos por los datos y documentos aportados.
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