Revista de Cultura Popular, Andaluza y Flamenca
Hoy es Domingo, 15 de Marzo de 2026
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“Gelem, Gelem” en la Moncloa: seis siglos de resistencia, dignidad y cultura gitana reconocidos por el Estado

22 de febrero.


Miguel Terrino VARGAS
Revista Flamenca Fuente Vieja





Hay días en los que la historia deja de ser pasado y se convierte en latido.
Y lo que ocurrió en el Palacio de la Moncloa con motivo del VI centenario de la llegada del pueblo gitano a España fue, sin duda, uno de esos días.

Bajo el título simbólico de “Gelem, Gelem” —el himno internacional del pueblo gitano que significa “Anduve, anduve”— el presidente del Gobierno, Pedro Sánchez, presidió un acto que no fue solo protocolario: fue político, cultural, histórico y profundamente humano.

Seis siglos después de su llegada a la península ibérica, el pueblo gitano fue recibido con honores en la sede del Ejecutivo. Y no como una nota al pie de la historia, sino como lo que es: parte intrínseca de la identidad de España.

Un reconocimiento que no borra el dolor, pero sí dignifica la memoria
“Siglos de discriminación y antigitanismo no se borran en unas décadas”. La frase de Pedro Sánchez no es retórica; es un reconocimiento explícito de una deuda histórica.

Porque el pueblo gitano ha sufrido persecuciones, prohibiciones —como la del romaní—, marginación estructural, exclusión en vivienda, empleo y educación. Porque los estereotipos siguen hiriendo. Porque en las redes sociales arrecian discursos de odio que pretenden volver a colocar a una parte del pueblo español en los márgenes.

Pero también porque, pese a todo, el pueblo gitano ha resistido.
Ha resistido creando cultura.
Ha resistido cantando.
Ha resistido bailando.
Ha resistido enseñando convivencia.

Y si España hoy emociona al mundo con el flamenco, es imposible entenderlo sin la aportación esencial del pueblo gitano.

Honores con nombre propio
Durante el acto se impuso la Gran Cruz de Alfonso X el Sabio a Pepe Habichuela y a Lolita Flores. La hija de Lolita, Elena Furiase, recogió la condecoración en su nombre.

Asimismo, recibieron la Encomienda de Número de la Orden del Mérito Civil figuras imprescindibles como Juan de Dios Ramírez Heredia, histórico defensor de los derechos humanos y voz firme en la lucha por la igualdad del pueblo gitano.

La emoción fue visible cuando el presidente saludó a Ramírez Heredia: “Qué ilusión me ha hecho verte, abrazarte y compartir la emoción del día de hoy contigo”. No era una frase vacía; era el reconocimiento a décadas de lucha.

Arte que entra en la historia
Uno de los momentos más simbólicos lo protagonizó el joven artista Juanito Cortés, quien regaló un cuadro al presidente “por el sufrimiento del pueblo gitano”. Su gesto humilde encontró una respuesta institucional de enorme valor: la obra formará parte de los fondos del Palacio de la Moncloa.

El arte gitano no solo inspira; ya es patrimonio visible del Estado.
Y el acto concluyó como no podía ser de otra manera: por bulerías. Porque cuando el reconocimiento es verdadero, el flamenco no se explica… se celebra.

Seis siglos después: respeto, igualdad y reconocimiento
El presidente afirmó que el pueblo gitano pide algo “sencillo”: respeto, igualdad y reconocimiento.
Tres palabras que resumen seis siglos de historia.

El acto reunió a personalidades de la cultura, la universidad, la política y la acción social. Sonaron las voces de Lela Soto, María Terremoto, Israel Fernández y Diego del Morao. Y allí, en la sede del Gobierno de España, el flamenco no fue folklore: fue identidad, fue memoria, fue nación plural.

Porque España no se puede entender sin la huella gitana.
No se puede entender su música.
No se puede entender su lengua popular.
No se puede entender su forma de sentir.

Una España que mira de frente
Este reconocimiento institucional no borra la desigualdad existente. No elimina el racismo estructural. No acaba de un plumazo con el antigitanismo.
Pero marca posición.
Marca compromiso.
Marca rumbo.

Reconocer públicamente que persisten desigualdades y comprometerse a combatir los discursos de odio es asumir que la democracia no se hereda: se construye cada día.

Y seis siglos después, que el himno “Gelem, Gelem” resuene en la Moncloa es mucho más que un acto ceremonial. Es una declaración política: el pueblo gitano es pasado, presente y futuro de España.

Cuando el presidente afirmó que “siglos de discriminación no se borran en unas décadas”, estaba señalando una verdad incómoda: la democracia española aún tiene deberes pendientes con el pueblo gitano.

Porque el antigitanismo no es una opinión: es una forma de racismo estructural.
Y combatirlo no es un gesto simbólico, sino una obligación ética y política.

El pueblo gitano no pide privilegios.
Pide igualdad real.
Pide oportunidades.
Pide respeto.

El flamenco como resistencia cultural
Si algo ha demostrado la historia es que el pueblo gitano convirtió el dolor en arte. Y ese arte tiene nombre universal: flamenco.

El flamenco nació en los márgenes. En patios humildes. En reuniones familiares. En contextos de exclusión social. Y desde ahí levantó una de las expresiones culturales más potentes del planeta. En este contexto la aportación gitana al flamenco ha sido y es determinante y de una importancia vital.

Cada quejío fue memoria.
Cada compás fue afirmación de identidad.
Cada bulería fue una forma de decir “aquí estamos”.
El flamenco no fue solo música: fue refugio.
No fue solo baile: fue dignidad.
No fue solo cante: fue resistencia.

Por eso, cuando en la Moncloa sonaron las voces de artistas gitanos, no estaban amenizando un acto oficial. Estaban recordando la gran aportación gitana al arte que hoy representa a España ante el mundo.


Fuente Vieja, a modo de susurro
Anduvisteis siglos con la historia a la espalda,
con la pena cosida al mantón
y el orgullo firme en la mirada.
Hoy el compás entró en palacio,
pero el alma gitana
lleva seiscientos años
marcando el ritmo de un pueblo.




Miguel Terrino VARGAS
Revista Flamenca Fuente Vieja


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